01 septiembre, 2011

Contando días

Estoy asustada. Quienes me conocen bien saben que ése no es un estado común en mí. Generalmente peco de impulsiva, me han dicho avasalladora y sé que soy bastante imprudente, quizá por ello el periodismo es mi pasión. Tengo suerte de trabajar en algo que me llena. Soy afortunada de mantener a mi familia con algo que combina muy bien con mi carácter y con mi estilo de vida. Además, la adrenalina cuando empiezo a trabajar en una investigación, es insuperable. Nada se compara con esa sensación.
Sin embargo, con los años, aunque no puedo dejar de “casarme” con mi trabajo, la relación cada vez se hace más tortuosa y complicada. ¿El motivo? El manejo de la justicia boliviana es, mayormente, un asco. Y lo estoy comprobando en carne propia.
Hace unos meses, luego de varias denuncias, logré probar que una forense que trabajaba en El Alto, vendía certificados amañados. La filmé desde que entré a su consultorio para mostrar que en ningún momento me revisó, y la grabé recibiendo el dinero por un certificado que acreditaba un asalto que nunca existió.
Hice público el hecho, tanto en el periódico La Prensa, que abrió su tapa dominguera con la noticia e hizo un seguimiento al tema, como en el programa “A todo pulmón” de John Arandia. Días después de esta denuncia, apareció en el mismo programa la forense Ericka Hinojosa Saavedra, acompañada de su abogada, tratando de desmentir que me hubiese vendido el certificado de marras, y asegurando que me había revisado y que efectivamente sí me habían asaltado. No es cierto y puedo comprobarlo. Además tengo pruebas de otros casos dudosos en que esta mujer ha participado. No hay dónde perderse.
Luego de la presión del periódico La Prensa y del programa “A todo Pulmón”, la forense en cuestión fue destituida de su cargo por el Fiscal General, Mario Uribe, y dos instituciones importantes se sumaron a la denuncia de falsedad ideológica que sigue un ciudadano afectado por uno de los certificados truchos emitidos por esta exfuncionaria: la Red contra la Violencia Intrafamiliar de El Alto (que tiene conocimiento de varias irregularidades que cometió la exforense) y el Ministerio de Lucha Contra la Corrupción.
Sin embargo, varios meses después, el caso en manos del fiscal Félix Peralta no ha avanzado nada: Ericka Hinojoza sigue libre, no hay imputación en su contra y sigue manejando contactos importantes en el Instituto de Investigaciones Forenses, que se han encargado de entorpecer las investigaciones que tratan de aclarar varios de los certificados que emitió esta funcionaria y que ponen en riesgo la libertad de personas inocentes.
Pero, encima de que tengo que mirar de palco cómo el fiscal y la jueza encargados se ventilan con el caso, hace tiempo que recibo amenazas e intimidaciones contra mí y mi familia, que incluso me han obligado a cambiar de número de teléfono y de dirección.
No puedo decir que no sabía a qué me metía ya que esta señora ha estado también involucrada en el polémico caso de El Porvenir, pero sí puedo afirmar que no imaginé que nuestra justicia estuviera tan podrida, máxime si las evidencias son, valga la redundancia, tan absolutamente evidentes. Ésas eran mis armas. Y pensé que serían suficientes.
Uno de los más agradables mensajes que he recibido dice: “Tienes los días contados”. Hoy empiezo a contar los días, sí, pero para que esta señora pague por sus delitos. Quiero contar los días para que los otros medios de comunicación se hagan partícipes en denunciar este tipo de injusticias que afectan a la sociedad entera, de la que se proclaman voceros, aunque no hayan sido ellos los de la primicia. Y quiero contar los días también para que todos los perjudicados por la corrupción de esta mujer, puedan vivir en paz. No es mucho pedir porque el caso está armadito y listo para despacharse. Tan sólo hay que esperar que el fiscal se ponga las pilas, haga su trabajo y que lo haga bien, que para eso le pagamos el sueldo con nuestros impuestos.
Así no da miedo “contar” los días. Más bien, dan más ganas de hacerlo.

1 comentario:

Sonia Amorim dijo...

Sou blogueira. Vivo sozinha na cidade de São Paulo, Brasil. Também sofro ameaças, intimidações, constrangimentos. E sou refém dentro de minha própria casa, de uma quadrilha composta por familiares, agentes públicos e outros. Minha solidariedade a você, Mónica. Te desejo muita força. Que as autoridades bolivianas cumpram com suas obrigações. E que você tenha proteção efetiva para viver e trabalhar. Abraços. Sonia Amorim Blog Abra a Boca, Cidadão! www.abraabocacidadao.blogspot.com