15 mayo, 2011

Enrique Ormachea: “Hay que subvencionar la agricultura

Análisis | El investigador asegura en su más reciente publicación, “Soberanía alimentaria en Bolivia, entre el discurso y la realidad”, que el Estado debe dejar el discurso, virar el timón y tomar medidas urgentes para fortalecer la producción agrícola.

Enrique Ormachea, coordinador de investigación del Centro de Estudios para el Desarrollo Laboral (Cedla), ha publicado un análisis de la soberanía y la seguridad alimentaria en Bolivia que ha movido el piso a muchos.

En el libro “Soberanía alimentaria en Bolivia, entre el discurso y la realidad”, Ormachea explica, sin dobleces, que dentro de la visión teórica del Gobierno se prioriza la producción nacional para el autoabastecimiento, pero que en la realidad esto sólo está inscrito en el papel y no va más allá del discurso. Las cifras demuestran que hay sólo cuatro cultivos que han crecido en estos últimos años, y que la producción campesina está estancada.

Respecto al concepto de soberanía y seguridad alimentaria, acerca de la situación de la producción agrícola en el país y sobre sus principales conclusiones, conversamos con él en esta entrevista.

¡OH!: ¿Cuál es la diferencia entre soberanía y seguridad alimentaria?

El concepto de “seguridad alimentaria” se refiere a que los países cuenten con un nivel de oferta suficiente de alimentos a los cuales la población tenga acceso. Hace énfasis en la disponibilidad de alimentos sin considerar el origen nacional de los mismos. El concepto de “soberanía alimentaria” hace más bien referencia a la facultad de cada Estado para definir sus propias políticas alimentarias y, por tanto, agrarias, lo que implica la potestad de desarrollar políticas de protección del mercado interno, y de privilegiar la producción doméstica de alimentos frente a la importación de los mismos.

¡OH!: ¿Cuáles son las principales falencias que causan el desabastecimiento de alimentos en Bolivia?

En los últimos 20 años se constata un incremento gradual de la producción agrícola. Sin embargo, este crecimiento --fundamentalmente en los últimos años--, se explica por el incremento de sólo cuatro cultivos cuya producción se destina en proporciones importantes a la exportación: caña, soya, sorgo y maíz duro. Sin estos cultivos, la producción agrícola para el mercado interno se encontraría prácticamente estancada. En este sentido, cualquier evento natural (sequías, inundaciones, granizadas, etc.) o cambios bruscos en precios pueden ocasionar una menor oferta de productos agrícolas frente a una demanda que se ha incrementado.

¡OH!: ¿Se está beneficiando la producción campesina?

En contradicción con el discurso oficial, que plantea que se estaría promoviendo un proceso de soberanía alimentaria con base en la producción campesina, la información estadística muestra más bien una producción campesina prácticamente estancada. Las pocas acciones estatales de apoyo a la producción campesina carecen de relevancia para cumplir con lo que se pregona

¡OH!: ¿Por qué la diferencia en la curva de crecimiento productivo entre las regiones?

En los años 50 del siglo pasado, las políticas públicas privilegiaron el apoyo a los productores agrícolas de Santa Cruz con un fuerte énfasis en la necesidad de sustituir importaciones de productos alimenticios. Este apoyo privilegiado continuó a partir de 1985, pero esta vez con un fuerte énfasis hacia la producción agrícola de exportación. Mientras tanto, los productores campesinos de valles y altiplano no recibieron el apoyo estatal que requerían. Esto explica en gran medida las diferencias tan marcadas entre la importancia que tiene hoy la producción de Santa Cruz y la que presentan los departamentos andinos.

¡OH!: ¿Qué regiones se destacan y en qué?

Santa Cruz no sólo se ha convertido en el principal departamento agrícola del país, pues concentra ya el 76,3 por ciento del total de la producción agrícola de Bolivia, sino que también cobra cada vez más importancia en la producción de carne bovina, de leche fluida y en la producción avícola, todos ellos productos relevantes para el consumo alimenticio de la población boliviana.

¡OH!: ¿Qué sucede respecto al seguro agrícola? ¿Hay fondos para mantenerlo?

El seguro agrícola está constitucionalizado. Sin embargo, parece ser que el Gobierno no cuenta con los recursos necesarios para su implementación, pues el mismo --al igual que en todos los países donde existe-- requiere importantes subvenciones por parte del Estado.

¡OH!: ¿Qué sucede con la extensión de la frontera agrícola?

Contrariamente a lo que plantea el Gobierno en sentido de ampliar la frontera agrícola para producir más alimentos, lo que se requiere es mejorar la productividad de la agricultura boliviana, que está muy lejos de alcanzar los rendimientos que se tienen en otros países. Es decir, producir más en una misma unidad de superficie.

¡OH!: ¿Qué no está funcionando dentro de los planes del Gobierno respecto a seguridad y soberanía alimentaria?

Persiste la aplicación de políticas agrarias neoliberales implementadas desde 1985 para el sector agrícola. En este sentido, durante el Gobierno del MAS continúa la libre importación de productos alimenticios y sigue aún vigente una política que deja a los productores --sobre todo campesinos-- indefensos frente a los caprichos del mercado en ámbitos que son claves para incrementar la producción y en los que el Estado debería intervenir (crédito, asistencia técnica, financiamiento de infraestructura para riego, entre los principales).

¡OH!: ¿Cuál la solución?

El Gobierno debe romper con el credo neoliberal que considera a la subvención como mala palabra. Debe desarrollarse una verdadera banca estatal de fomento a la agricultura que responda a las características de los ciclos agrícolas, así como grandes inversiones para riego que permitan superar las características de una producción agraria a secano, que por tanto está seriamente expuesta frente a cambios climáticos. El Estado debe participar en la producción de los alimentos estratégicos para la soberanía alimentaria del país, y debe terminar con la política de apertura comercial irrestricta para proteger la producción nacional.

"En contradicción con el discurso oficial, que plantea que se estaría promoviendo un proceso de soberanía alimentaria con base en la producción campesina, la información estadística muestra más bien una producción campesina prácticamente estancada."

"El gobierno debe romper con el credo neoliberal que considera a la subvención como mala palabra."