01 septiembre, 2010

Antonio Eguino: “Los cineastas tenemos que correr todos los riesgos”

Texto: Mónica Oblitas

Personalidad. Es sin duda uno de los directores de cine más importantes de Bolivia, su visión personal reflejada a través de sus películas, le ha dado un matiz diferente a la historia del celuloide nacional.
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Se sabe de Antonio Eguino que es uno de los maestros del celuloide boliviano. Para quienes hemos compartido un poco más con él, a través de por ejemplo sus talleres de fotografía, se sabe también que no tiene un carácter fácil, ni pueden esperarse sonrisas o halagos de su parte, pero como él mismo explica en esta entrevista, es porque no le interesa quedar bien con nadie. Eguino dice lo que piensa, y esa actitud se ha reflejado en sus películas, algunas de las cuales son consideradas íconos en el cine latinoamericano, como es el caso de “Chuquiago”, que reflejó en su momento a una pujante sociedad paceña que intensificaba sus fragmentaciones sociales.
Del transcurso de varias décadas de fructífera carrera y de los nuevos proyectos que está dispuesto a abordar, “porque el cineasta debe correr todos los riesgos”, hablamos con Antonio Eguino.


¡OH! ¿Cómo fueron sus inicios en el cine?
Estudié realización cinematográfica en el Film School de la Universidad de Nueva York hasta el año 1966, luego volví a Bolivia después de 10 años de ausencia. Dentro de mis estudios hice varios trabajos en cine, en especial el más importante, el de fin de grado, que era la historia de una muchacha boliviana que por motivos de incompatibilidad con la gran ciudad y su temperamento frágil frente a la agresividad citadina, decide quitarse la vida, mi película se llamó “The victim”, La victima. Mi primera experiencia de llevar una historia real al cine. Durante los estudios tuvimos como catedrático, en una breve temporada, a Sydney Lumet, prestigioso director cuyas películas han expresado una visión importante del cine norteamericano.

¡OH! ¿Qué otras experiencias han sido claves en su formación como cineasta?
Desde mi retorno inicié algunos trabajos de reportaje, luego estuve cerca al grupo formado por Jorge Sanjinés, que se convirtió en la Productora Cinematográfica Ukamau, el inicial grupo Ukamau, juntamente con Oscar Soria, Ricardo Rada y mi persona. Estuvimos analizando varias posibilidades hasta que llegó mi primera experiencia importante dentro del grupo que fue un largometraje, la película “Yawar Mallku”, (Sangre de Cóndor), estrenada en 1969, donde yo realicé la dirección de fotografía y participé en toda la producción, incluso viajando con la película a festivales internacionales. Esta fue la primera e intensa experiencia en el inicio de mi carrera cinematográfica. Más tarde hice mi primer trabajo, un cortometraje llamado “Basta”, sobre la nacionalización de la empresa petrolera Gulf Oil. Esta fue otra nueva experiencia, una película política, con una nueva propuesta de lenguaje agresivo y efectista. Fue mi periodo de compromiso político en el campo del cine.

¡OH! Usted pasó de la fotografía al cine, ¿Alguna preferencia? ¿Cómo se conjugan estos dos artes?
La fotografía fue mi primera pasión, luego siempre estuve cerca a la imagen. Primero estudié fotografía en Nueva York y al poco tiempo me interesé por el cine. He tenido una larga experiencia de trabajo como fotógrafo tanto en Nueva York como en La Paz, realizando una gran variedad de trabajos profesionales y la búsqueda fotográfica propia del apasionamiento por el medio, la constante exploración de las posibilidades estéticas, la satisfacción personal de obtener imágenes nuevas y satisfactorias. Podría decir que me gané el sustento con la fotografía más que con el cine.
En todos los trabajos que hice como cineasta, la fotografía ha sido siempre un complemento importante, un gusto aparte, de cómo lograr buenas imágenes en las diferentes historias y en muchos casos creo que mi búsqueda estética fue lograr imágenes muy elaboradas. En muchas oportunidades, siempre he comenzado la planificación de una escena con la composición fotográfica y el desarrollo de la imagen, siempre le he dado mucha importancia a la fotografía en el contexto cinematográfico.

¡OH! ‘Chuquiago’ es una de sus películas más premiadas y reconocidas en el cine nacional e internacional. En ese sentido, ¿la considera su obra más significativa?
Cuándo un cineasta debe elegir entre sus obras, sobre cuál es la favorita, puede ser una pregunta difícil, como cuál de los hijos es el preferido. Pero debo reconocer que mi película ‘Chuquiago’ me ha dado las satisfacciones más grandes por los éxitos y reconocimientos que ha logrado.
Hay experiencias cinematográficas únicas, en términos de que todo sale bien, todo encaja, desde la historia trabajada, pasando por la armonía del equipo que me acompañó, hasta la trayectoria nacional e internacional de la obra. De algún modo ‘Chuquiago’ ha sido una experiencia única, cuando se estrenó la película en La Paz fue grande mi sorpresa por el enorme éxito de taquilla, las colas de la gente frente al cine y los comentarios favorables de los espectadores.
Al mismo tiempo se publicaron algunas de las feroces y despiadadas críticas que recibí localmente en el momento de su estreno. Según mis críticos yo había hecho una película que callaba más de lo que decía, era un reclamo de por qué no hacía un cine de combate o de compromiso político. Lo que yo quise hacer y lo defiendo siempre, es una película que analice nuestra sociedad, que nos haga reflexionar, que examine lo que somos. Décadas después, la película ha sido reconocida por propios y extraños entre uno de los clásicos del cine boliviano y latinoamericano.

¡OH! ¿Cómo definiría Ud., el cine, cuál es su concepción?
Sin duda el cine es la expresión creativa que aglutina a las otras artes en un propósito que es la posibilidad de sorprender, emocionar, atrapar o entretener a una audiencia dentro de un recinto oscuro y cerrado, donde se puede transmitir una idea, historia, sentimiento o cualquier otra expresión que a través de las imágenes en movimiento trasciendan el tiempo y el espacio. En términos personales, esta experiencia es la que uno persigue o intenta, pero no se la logra todo el tiempo.
Si una película cumple el propósito de emocionar a un espectador, se ha logrado exitosamente esta transmisión de sentimientos e ideas.

¡OH! Con el paso de los años ¿ha cambiado su idea sobre para quién son sus películas? ¿Ha pensado en la audiencia?
La verdad es que nunca he pensado específicamente para qué audiencia he realizado mis películas. En líneas generales siempre que he estado trabajando en proyectos que me han entusiasmado, que he considerado importante el poder desarrollarlos y lo que he hecho, es por que a mi me gustaba o apasionaba, no por el cálculo de qué audiencia me convendría más. Una película, por la elaboración y el costo detrás del proyecto, es un producto cultural que se lo ofrece al gran público y luego es el propio comportamiento del público que a uno le va diciendo a qué grupo social uno ha llegado con preferencia. Por ejemplo en el caso de mi última producción, ‘Los Andes no creen en Dios’, después de escuchar muchos comentarios aquí y afuera, me fui dando cuenta que era el público de personas mayores las que más disfrutaron de mi propuesta temática, no tanto así el público joven.

¡OH!. El cine está compuesto de varios elementos, tales como la imagen, el sonido, los diálogos, etc. ¿Considera Ud. que hay algún elemento cinematográfico de mayor importancia, aquel que traza el perfil de la película?
Se debe considerar el equilibrio y armonía de todas las partes que hacen un producto cultural final. El cine es ese balance y el aporte de cada especialidad es determinante. Lo importante que la obra contenga estos elementos que apoyen y se complementen en el resultado final, que es ofrecer una historia novedosa, fresca e interesante al público, con aportes de cada especialidad, que apoyen el todo y no necesariamente sobresalgan fuera de la propia obra. Esto por supuesto es un planteamiento teórico, un deseo, a menudo en el resultado final siempre resalta algún aspecto más que otro, que la música, la fotografía o la ambientación.

¡OH! Estos elementos de los cuales hablamos, en su conjunción generan un lenguaje cinematográfico. ¿Cree Ud, que el cine boliviano tiene un lenguaje propio, un lenguaje en formación?
Es muy difícil tratar de encontrar un factor común que hace un cine nacional, Depende de los autores y de los momentos en su historia. En el cine realizado en nuestro país, creo que se debe analizar la contribución de los diferentes cineastas, en su momento, que han aportado con obras que ayudan a comprender mejor a un país, a un pueblo, en sus historias, tradiciones, su cultura y su identidad, además de las imágenes que caractericen a una sociedad, o parte de ella, en su modo de ser, hablar y comportarse. Si analizamos la obra de Jorge Ruiz podemos afirmar con certeza que él aportó al mejor conocimiento de la otra Bolivia, allá en los años cincuenta, con sus maravillosos documentales sobre diferentes temas de la población indígena. Tal vez el conjunto de obras de un periodo o época puedan marcar la identidad de un país. Cada película es una contribución de la interpretación de la realidad del país, la propia personalidad y la creatividad del realizador también marcan la visión del cineasta hacia su propio país.

¡OH! ¿Cuál sería su diagnóstico sobre el cine boliviano de los últimos años?
Estamos frente a un nuevo reto o desafío en un momento de cambios tecnológicos y de propuestas cada vez más novedosas que nos llegan de afuera. Las condiciones en nuestro país para la realización de nuevos emprendimientos cinematográficos son cada vez más difíciles. No existe un apoyo real de parte del Estado, el CONACINE continúa en un letargo de no saber qué camino tomar.
Si bien estamos en pleno proceso de un significativo y trascendental cambio tecnológico, el del soporte de cine hacia el video digital, es una realidad que nos ha librado de la dependencia de trabajar en el extranjero para la post producción, ha desaparecido en gran parte la parte morosa y cara del proceso, la facilidad de lograr imágenes digitales y el acceso al equipo cada vez más económico, puede ser una gran ventaja, pero al mismo tiempo lo fácil se hace una rutina y se pierde o descuida el rigor del medio. La calidad o la artesanía que ha caracterizado al cine en más de 100 años de existencia, puede ir desapareciendo si en la realización se pierde o descuida el rigor y la calidad en todos los aspectos técnicos y estéticos.
Lastimosamente, la mayoría de los ejemplos últimos de largometrajes nacionales tienen este descuido, se pueden percibir un cúmulo de problemas, no hay la suficiente maduración tanto de ideas para un buen guión, ni la precisión de lograr buena obra de calidad con estándares de profesionalidad. Hoy en día producir una imagen es incluso fácil para un niño, la responsabilidad de presentarla al público requiere adecuada formación, experiencia y un propósito de hacer lo mejor posible para exhibir un nuevo producto.

¡OH! ¿Y sobre la fotografía?
Hoy en día tenemos a muchos profesionales de la fotografía en nuestro medio, que han contribuido creativamente a muchas obras recientes. Ahora, en términos estrictamente profesionales, tenemos que avanzar más, tenemos que ayudar a formar nuevos valores en la imagen, el medio tiene que ser más exigente, la competitividad es muy importante en la formación de nuevos valores y talentos.

¡OH! Si pudiera retroceder en el tiempo ¿qué cambiaría?
Me hubiera gustado hacer más películas, emprender otros proyectos, contar otras historias que se quedaron en deseos irresueltos. El problema es que no se trata solamente de los impulsos creativos, o el de querer hacer cine, la realización cinematográfica es un trabajo complejo que requiere mucha inversión de tiempo y de dinero. Por las características de nuestro medio pequeño en el contexto regional, todos los cineastas bolivianos tenemos que convertirnos en nuestros propios productores, correr todos los riesgos, jugarse el todo por el todo.

¡OH! ¿Podría hablarnos de sus futuros proyectos?
Estoy en un momento difícil en mi carrera como cineasta. Todavía me estoy recuperando del déficit que arrojó mi última producción, si bien me fue muy bien localmente, no me fue como yo esperaba en el exterior, lo que significa que tengo que asumir mis compromisos económicos con otros ingresos que no provienen de la película misma. En síntesis, el cine en un compromiso que cada cineasta debe asumir, en mi caso ha sido una experiencia dura, donde estoy sacrificando el patrimonio acumulado en toda la vida por una obra que he decidido llevar a cabo. Al margen de esta consideración, ahora estoy escribiendo un nuevo proyecto, que quisiera sea algo muy diferente a lo que he realizado anteriormente. Por el momento no puedo asegurar nada, puesto que para emprender una nueva aventura en el cine se requiere nuevamente lanzarse al todo por el todo y tener la suficiente energía y esperanza de poder hacerlo.

¡OH! Aparte de las suyas ¿cuál es su película favorita?
Con el paso de los años, yo me convierto también en crítico de mi propia obra, así que no necesariamente mis películas son mis preferidas en la elección de “mis favoritas”. El transcurso del tiempo aclara las tendencias y la apreciación que uno tiene de lo mejor que ha visto. Depende de las circunstancias y el momento de la vida. Yo he sido influenciado a lo largo de mi carrera por varios cineastas. Cito por ejemplo la película “El prestamista” (The pawn broker) de Sydney Lumet, que vi en los años sesentas y que me marcó precisamente en mis años formativos como cineasta. De igual modo películas rusas como “Vuelven las grullas” o “La balada del soldado”. Stanley Kubrick ha sido probablemente un ícono que me ha dejado huellas profundas. En fin, dentro de la historia de las películas clásicas, no puedo dejar de mencionar a “Casablanca” o al “Padrino I”.

¡OH! Para terminar la entrevista ¿cambiaría algo de su carrera?
No me agrada mucho quedarme en el recuerdo de lo que hice, o el regodeo de lo que pienso que he logrado. Estoy siempre en una posición de no aferrarme de mis apoyos del pasado o los metafóricos. Quisiera poder continuar en una búsqueda de nuevas historias y estilos. Quisiera explorar áreas de nuestra sociedad que siento deben ser examinadas con más acuciosidad, me duelen e incomodan muchos aspectos del país que quisiera hincarle el diente, dicho de una manera prosaica, para no quedarme solo en la visión pesimista a la que he sido proclive. Tengo la esperanza que todavía puedo contribuir con alguna nueva película.

El perfil
Nace en 1938 en la ciudad de La Paz pero viaja muy joven a los Estados Unidos para estudiar ingeniería mecánica. Una vez allá se decanta por la fotografía y comienza a trabajar como asistente de un fotógrafo en Nueva York. Posteriormente estudia fotografía y cine en el City College de la misma ciudad.
A su regreso a Bolivia, en 1967, se une al Grupo Ukamau del cual pasa a ser su director de fotografía y operador de cámaras. Bajo las órdenes de Jorge Sanjinés, Eguino es el diseñador de imágenes en clásicos del cine latinoamericano como Yawar Mallku (1969) y El coraje del pueblo (1971). Principalmente en el primero de estos filmes, se puede apreciar un hábil manejo de la cámara que logra elocuentes planos secuencia en el blanco y negro elegido.
En 1970, filma su primer corto documental titulado Basta, en el cual se aborda la nacionalización de la Gulf Oil Co desde una perspectiva militante. Cuando Sanjinés no puede retornar a Bolivia después del golpe de estado de Hugo Banzer, el grupo Ukamau se divide en dos, en Bolivia quedan Antonio Eguino y Óscar Soria quienes crean la Empresa Ukamau. La nueva empresa tiene que esperar hasta 1974 para estrenar su primer largometraje de ficción, Pueblo chico. El filme narra la historia de un muchacho que retorna a vivir a su país luego de haber estudiado en el exterior y cómo este se empieza a dar cuenta de las injusticias que se cometen en su propia tierra. Con algunas alusiones a la política y un enfoque pesimista esta película se encuentra insertada en lo que se denominó “cine posible”, aplicada a los filmes que se hacían porque solo de ese modo era posible realizarlos, no solo al cine que era necesario hacer sino al que era posible realizar en las difíciles condiciones de censura.
Parte del “cine posible” era también Chuquiago (1977), en la cual entrelaza cuatro historias de habitantes de la capital boliviana quienes a su vez representan distintos estratos sociales. Este filme ha sido el de mayor éxito comercial en la historia del cine boliviano, visto por más de un millón de espectadores en su estreno. Semejante éxito conquistó de parte de la crítica y de los jurados de los festivales internacionales.
Amargo Mar (1984) es su tercer largometraje que, al igual que sus dos trabajos anteriores, cuenta con guión de Óscar Soria. El filme narra los hechos de la pérdida del mar, un tema siempre polémico en Bolivia y que causó un gran revuelo por la forma en que se abordan los hechos históricos.
Después de Amargo mar, se ha dedicado también a la creación de instituciones que contribuyan al desarrollo de la actividad fílmica en Bolivia. Fue importante su papel en la creación y dirección del Conacine, así como de la Asociación de Cineastas. En marzo de 2005 comenzó la filmación de su cuarto largometraje, Los Andes no creen en dios, el cual terminó en 2007. (www.cinelatinoamericano.org)

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