19 febrero, 2010

Yacuiba roja

Por: Mónica Oblitas y Rafael Sagárnaga

El delito y la violencia impregnan hasta la vida espiritual de Yacuiba. “Pídanle, pídanle con fe y les va a otorgar el favor que necesiten”, nos dice una profesora. Es una asidua devota del “Almita desconocida”, como miles de personas en Yacuiba.
Mientras riega flores y enciende velas, la mujer cuenta que también a su herman la “almita” le concedió un milagro para la salud de su hijo. Como ella, a media mañana de este domingo 15, otras personas han llegado al lugar, ramos en mano, para rendir culto en el mausoleo más grande del humilde cementerio San Gerónimo.
Se trata de un galpón que ocupa algo más de 40 metros cuadrados. Está hecho de calamina, armazones metálicas para proteger un muro, decenas de macetas y algunos asientos de madera. Lo construyeron hace algo más de tres años, cuando la fama de la “almita” se extendió aceleradamente por la región. Los colores hacen que se destaque más en medio del alambrado y las tumbas porque se halla colmado de plaquetas y cientos de flores naturales y de plástico. Es tanta su popularidad, que hasta tiene luz eléctrica para los visitantes nocturnos.
Sin duda, frente a ella también se persignan y rezan las “mulitas” que pasarán droga en sus estómagos. Seguramente ante el “almita” se inclinan los contrabandistas que trasladarán toneladas de carga ilegal. Quién sabe no falten ante el altar popular los ladrones que prevean ingresar un vehículo y luego llevarlo a Paraguay. Tal vez hasta aquí llegue alguno de los jóvenes que irán a lavar honras con un arma blanca o a fungir como sicarios con una ametralladora de asalto.
La historia de la “almita desconocida” recuerda que en Yacuiba los ajustes de cuentas, los robos y la violencia premeditada son pan de cada día. Bajo la lápida que centra este nuevo lugar de culto sólo yacen el dorso y partes de las extremidades de una mujer joven. “La versión más difundida dice que la mataron con el afán de sacarle capsulas de cocaína que trasladaba en el estómago, pero hay varias otras, porque varias son las razones para que maten jóvenes acá”, cuenta la profesora. Más de un ajuste de cuentas que ha concluido con un cuerpo mutilado en estos años marca otra posibilidad.
No se sabe exactamente cuándo la joven se volvió milagrosa ni por qué la gente comenzó a llegar en masa a visitarla. Hoy ya se asemeja a una humilde Virgen de los sicarios del extremo sur.
Macabros asesinatos de jóvenes se han sucedido en la zona con pasmosa frecuencia. En febrero del año pasado, al otro lado de la frontera, en la ciudad siamesa de Yacuiba, Salvador Mazza, Fernanda Ruiz fue objeto de la perversidad extrema. La joven tenía 16 años y su crimen es considerado por la Policía argentina como el más cruel, sanguinario y sádico de la historia de la provincia. La adolescente fue abusada, torturada y seccionada en vida por seis delincuentes. Finalmente, uno de ellos la degolló.

Los ajustes de cuentas
En mayor o menor grado, la serie no deja de crecer. Los varones son víctimas frecuentes de venganzas, castigos, atracos o reyertas. El 28 de octubre, un bachiller murió tras recibir un disparo en el corazón a principios de la tarde. Dos semanas antes, un veinteañero fue atracado a tiros cerca del paso de frontera. Su agresor hoy tiene arresto domiciliario, el joven agredido se debate entre la vida y la muerte. El 28 de junio, un pre-militar llegó agonizante al hospital central con un disparo en la pierna, que finalmente le causó la muerte por la profusa hemorragia. Se trataba de jóvenes de clase media, cuyas muertes conmocionan a la sociedad. En otros casos, se sabe que los muertos simplemente desaparecen. “Hasta ha habido veces en las que se impedía a la Policía recoger los cuerpos”, relata un oficial.
Así, los muertos del hampa son muchas veces anónimos. “Pero hay casos que exceden lo normal y cobran repercusión”, relata el periodista César Esteves. Él cubre el área de seguridad para el diario el Chaqueño y Radio Popular, y recuerda el caso de un joven que tenía el alias de “Carlín”. “Se supo que 'Carlín' se había gastado la plata que le confió una de las 'empresas' (bandas de narcotraficantes). Entonces, contrataron a un sicario”. Esteves señala que el infortunado recibió 17 balas en su cuerpo, fruto de varias ráfagas de un arma automática. La crudeza de las imágenes fotográficas del hecho motivó a que no sean publicadas en el diario.
Las estadísticas policiales aún no pueden reflejar las dimensiones del fenómeno. Las investigaciones normalmente tampoco logran avanzar. El subdirector departamental de la Fuerza Especial del Lucha Contra el Crimen (Felcc), Eduardo Lema, nos detalló las dificultades que esa dependencia enfrenta en Yacuiba. “(…) Muchas veces tomamos conocimiento de hechos en los que se incluye muerte de personas, pero lamentablemente ni los familiares de la víctima quieren dar información para esclarecerlos. Generalmente es porque este tipo de eventos se da entre miembros de familias dedicadas ya sea al narcotráfico o al crimen organizado. Sin embargo, pese a eso, y a no tener el apoyo de los afectados, hemos podido aclarar varios casos”, señala el jefe policial.

Las zonas y los pupilos del hampa
Y “organizado” parece no ser una palabra marginal o reservada a círculos muy oscuros del hampa. Policías, periodistas y vecinos coinciden en relatar que los grupos violentos fueron paulatinamente articulados en Yacuiba. La muerte de jóvenes obedece a ello.
“En esta ciudad hay miles y miles de comerciantes. Ellos dejaban hace años a sus hijos en casa mientras iban a realizar sus labores. Sus hogares se hallaban muy cerca de una zona conocida como Barrio Nuevo, muy próxima al paso de frontera. Al ver a los chicos solos, los delincuentes empezaron a utilizarlos para que les ayuden. Los adolescentes de hace unos años hoy son, en varios casos, ‘narcos’, pandilleros y hasta sicarios”, relata un oficial.
Los grupos violentos han marcado zonas rojas. Incluso en el día nos recomiendan recorrerlas con cuidado y hasta no entrar en ellas. En “África”, una de las más nombradas, coincidimos con una patrulla motorizada. De inmediato, un cabildeo de balcones se anticipa a la salida de un hombre amenazante que hace gala de una bien cultivada musculatura. “África” colinda con el puente y la quebrada internacional que a lo largo de 14 kilómetros separa a Bolivia de Argentina. “Por ahí pasa todo”, sintetiza hasta en doble sentido Freddy Noguera, comandante de frontera en Yacuiba.
Cruzando a territorio argentino se halla “Sector 5”, área separada por el río Sausalito. Allí actúan los narcotraficantes que reciben a las “mulas”. Emerge tras un recorrido de 500 metros a la izquierda del puente internacional. Sucesivamente desaparecen comerciantes, construcciones de cemento y calles asfaltadas. Sólo queda una barriada de casas de madera y al fondo algunas construcciones aisladas. Un comedido comerciante de collares se acerca y nos aconseja: “Les recomiendo que no vayan por allí”.
- ¿Cuál es el riesgo?
“Simplemente les recomiendo que no vayan por
allí”.
Y hay más zonas rojas como la “la grampa”o “la ripiera”. Zonas de “cocinas”, donde se fabrica droga; de intercambios, de depósitos y zonas de refugio. Sólo hay que saber jugar al cambio de país en esta zona binacional, zona de los adolescentes y jóvenes vigilantes de día, veloces y violentos de noche. Zona de las “empresas”.

Los “capos” y el narcotráfico
Los testimonios incluso ya citan una lista de célebres hampones. Por ejemplo, al “Pawinko”, un hombre al que le faltaba un pie. Era muy conocido porque 'enseñaba', es decir, convertía a niños y adolescentes en delincuentes. Hay quien recuerda a una pandilla de 15 malhechores que andaban en grupo y hasta portaban una escalera. “Iban a barrios residenciales. Se entraban a una casa y golpeaban a todos. Un día los vecinos capturaron a varios de ellos y estuvieron a punto de lincharlos”. Otros citan a los “hermanos Gudiño”, conocidos por su excesiva violencia, incluidos varios delitos sexuales. “El mayor es capo mediano de la droga, porque los grandes capos se hallan al otro lado de Yacuiba, en la Argentina”, dice un oficial que nos pide mantener su nombre en reserva.
Pero desde el otro lado también señalan a la frontera. Las denuncias llegan en diferentes voces y tiempos. En lo cotidiano, este 15 de noviembre, por ejemplo, el diario El Tribuno, de Salta, destacaba otro hecho en Bolivia. Su principal titular informaba sobre la balacera contra el vehículo de una familia argentina en la ruta Yacuiba -Villamontes.
También con relativa frecuencia llegan denuncias mayores. El propio Tribuno señaló que, hasta julio de 2009, en 15 meses, se detectó un alarmante fenómeno. En ese periodo, la Policía argentina capturó en la provincia de Salta y en la mayoría de los casos cerca de Yacuiba siete envíos de droga lanzados desde avionetas provenientes de Bolivia. Un promedio de 154 kilogramos de cocaína eran trasladados por vuelo, si bien en varios casos los cargamentos llegaron a casi un cuarto de tonelada. A eso se puede sumar un notable golpe el 25 de marzo de este año. La Policía boliviana interceptó entonces una avioneta con 375 kilogramos de droga en una pista clandestina ubicada entre Yacuiba y Villamontes. Se considera que por cada operativo frustrado hay decenas de tráficos exitosos.
Por ello, la Cámara Federal de Salta pidió a la Corte Suprema y al Consejo de la Magistratura que gestionen ante el poder político la provisión de radares para contrarrestar los vuelos clandestinos que introducen droga en ese territorio del norte argentino. Mediante la Resolución 42/09, el Tribunal presidido por el juez Jorge Villada se hizo eco de una nota enviada el 26 de agosto por el juez federal subrogante Julio Bavio. El fenómeno tomó pronto la denominación de “lluvia de droga” o “lluvia blanca desde Bolivia” en los medios de comunicación.

El otro gran negocio
En septiembre, el embajador argentino Horacio Macedo informó a EL NACIONAL-DÍA D que 384 vehículos robados ingresaron a Bolivia en lo que va del año. Según fuentes de la Gendarmería de ese país, la mayoría de estos asaltos derivan en la frontera Salvador Mazza-Yacuiba.
Y entre crímenes y ajustes de cuentas, Yacuiba hoy reclama a las autoridades nacionales y regionales. La demanda no sólo alude a más medios y efectivos o a la incipiente militarización y los operativos de helicópteros recientemente dispuestos. La demanda, de manera cada vez menos discreta, pide que se controle y separe a algunos policías y fiscales que son tolerantes, por decir lo menos, con las mafias. Es más, en esta primera semana de diciembre al fiscal de distrito, Ramiro Ugarte, se le realiza una severa investigación. Hace un mes se descubrió que conducía un automóvil robado en Argentina.
“No he recibido denuncias, pero no puedo poner las manos al fuego por nadie”, señala el Comandante de la Felcc, René Gómez. Responde así cuando se le pregunta si los efectivos policiales son objeto de sobornos o extorsiones. Y recuerda, como sus pares del sector, que sus policías carecen de armas, balas y vehículos. “Somos apenas 30, divididos en tres turnos”, añade.
Así transcurre sus días Yacuiba entre su comercio afiebrado, su calor candente, sus zonas rojas y la “lluvia blanca”. Mientras cientos de vecinos marchan, protestan y se organizan para vivir seguros y en paz, otros se resignan a recordar a sus jóvenes muertos en cementerio nuevo o en el de San Gerónimo, allí donde se le piden cada vez más milagros al “almita desconocida”.
Mario Centellas (MC), jefe operativo de Umopar Sur: “Nos falta personal. Somos 15 efectivos para toda la región”

El subteniente Mario Centellas, circunstancialmente a cargo de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural del sur, nos recibió en la base de Palmar Chico. Explicó algunas de las razones que motivan la alarma argentina sobre una “lluvia de droga” en la región.

¡OH! La prensa argentina y hasta algunas autoridades de ese país hablan de un recrudecimiento respecto al narcotráfico en la frontera, ¿Qué tan cierto es esto?

Tenemos que tomar en cuenta que Yacuiba es un punto fronterizo donde sí o sí el narcotráfico pasa por este lugar. Yacuiba es un sitio donde evidentemente existe tráfico de drogas, tanto de cocaína como de marihuana.

¡OH! Se ha hablado de pistas clandestinas…
Hasta el momento no hemos tenido esa información, pero puede ser que haya porque sabemos que las organizaciones del narcotráfico son grandes y tienen mucho dinero.

¡OH! ¿Se ha identificado a clanes, a capos de la droga?
Hasta el momento no hemos podido identificarlos. Existen rumores de clanes familiares. Y, de acuerdo a información dada, estamos trabajando en ello.

¡OH! ¿Y en cuanto a las grandes fábricas?
No tengo información cierta, no tenemos suficiente información.

¡OH! ¿Qué sucede en cuanto a los insumos y el personal de la Felcn?
Nos falta personal, acá somos 15 efectivos policiales, divididos en tres turnos, lo que no abarca todo lo que es Yacuiba, Villamontes, Caraparí, etc., toda la región del Chaco, pero contamos con armamento efectivo.

¡OH! ¿Cuál diría usted que es el porcentaje del narcotráfico? ¿Ha aumentado?
Diría que ha subido en un 50 por ciento, porque cada día aumenta más. Nos perjudica para trabajar la fuga de información. Como nuestros vehículos ya son reconocidos por la mayoría de la población, los “narcos” se pasan la voz.

¡OH! ¿Cómo coordinan los operativos?
Nosotros lo que hacemos es el patrullaje rural. En base a los medios y efectivos con los que contamos preparamos operativos. Si hallamos narcotraficantes y droga, pues bien, si no…
Freddy Noguera (comandante de frontera): “No van a estar tranquilos hasta no bajarme un policía”

Freddy Noguera, el principal jefe policial en la frontera, nos habla pocas horas después de que marchas de vecinos volvieran a reclamar seguridad. Detalló las graves carencias que afectan a su unidad.

¡OH! Hemos visto, en apenas días de visita en la frontera, las protestas de la población y que los medios de los dos países no dejan de tener noticias sobre narcotráfico, robo de vehículos, atracos… ¿Qué tan crítica es la situación de la seguridad ciudadana en Yacuiba y la región aledaña?

Evidentemente, hay una significativa presencia del narcotráfico en esta región, pero más detalles los podrán obtener en Umopar del sur. Ellos continuamente hacen operativos donde se incautan de droga. Nosotros, dentro del Plan Acero, hemos encontrado en tres oportunidades droga, durante los últimos meses, y, como dice la norma, derivamos el caso a la Felcn.

Ahora bien, durante la última semana, ha habido una reacción de los padres de familia y de los profesores por un hecho de sangre contra un estudiante. El caso motivó una amplia reunión de autoridades y vecinos para hablar sobre la seguridad ciudadana y el caso en sí.

Estoy hace ocho meses en Yacuiba y el primer problema que enfrenta el Comando de Frontera Policial es la falta de efectivos. Yo les expliqué en la reunión esa dificultad frente a cómo campea la delincuencia en estos lugares. Aquí se da mucho los ajustes de cuentas porque se mueve mucho el narcotráfico. Ellos saben que éste es un puente hacia la Argentina, entonces viene la droga vía Santa Cruz y vía Cochabamba, pasando por Tarija. Frente a todo eso tenemos apenas 250 efectivos, tomando en cuenta administrativos y personal de servicios. Operativos debemos ser 200.

¡OH! ¿Doscientos para qué extensión de territorio y qué labor exactamente?
Los 200 tenemos que distribuirnos entre San José de Pocitos; luego, a 50 kilómetros, Caraparí, el área rural, que es muy extensa, y la ciudad de Yacuiba. En ese marco, nos resulta muy difícil atender los pedidos de la población. Aquí todos los barrios piden presencia policial, todos los centros educativos quieren presencia policial, pero lamentablemente no tenemos personal.
Tengo que obligarles a que vengan en sus días de descanso. Hasta fuerzo medidas para que por lo menos cuiden las carceletas.

¡OH! Divididos además en turnos y patrullas…

Claro. Además la falta de efectivos hace que no tengamos personal para patrullaje a pie. Eso sí, la función preventiva y de auxilio la cumplimos con motorizados. Actuamos con radio patrullas y un Grupo de Reacción Inmediata (GRI) que es muy efectivo. Pero, en general, es muy sentida la falta de personal. Incluso en el edificio de este comando funcionan tres carceletas, dos para varones y una para mujeres, en un hacinamiento total con 112 internos, en un espacio que era para 20. La cárcel pública, en Palmar Chico, no se acaba de construir desde hace más de cuatro años.

¡OH! ¿Cuáles son los tipos de casos que se atiende más frecuentemente?
Narcotráfico y delincuencia común. Atracos, hechos de sangre, lesiones que surgen con frecuencia debido a que el narcotráfico y el contrabando inducen a una gran tenencia de armas de fuego.

¡OH! Al parecer, los delincuentes pasaron de las armas blancas a las automáticas…
Tienen armas más sofisticadas que la Policía. Metralletas, revólveres 38... Las armas 9 milímetros es lo que más tienen. Las compran en la Argentina. Lamentablemente el Comando no cuenta con mucho armamento.

¡OH! ¿Para qué le alcanza el presupuesto que recibe?
Para alimentación y servicios básicos.

¡OH! ¿Y para municiones, armas, etc.?
Dotación de gases nos llega cada vez. Estamos con falencia de munición de guerra. Tenemos que hacer que algún amigo nos regale, ver la manera…Cada policía se compra. Me parece que no hay allá presupuesto para eso, al menos aquí nunca ha llegado. Equipo policial tenemos apenas para 20 efectivos. Cuando hay problemas nos tienen que mandar refuerzos de Tarija.

¡OH! ¿Cuántos vehículos tienen?
En propiedad de la Policía tenemos tres: uno para comando, otro para Radio Patrullas y otro para Tránsito. Afortunadamente en esta gestión se logró que la Subprefectura alquile cinco vehículos que da en comodato a la Policía. Han ido a la montada, la Felcc, Radio Patrullas e Inteligencia.

Teníamos tres vehículos más, pero en el incidente que hubo el año pasado en Transredes los quemaron. Entiendo que a Transredes el seguro ya les ha devuelto los suyos, pero a nosotros hasta ahora nada.

¡OH! ¿Qué han hecho las organizaciones cívicas y vecinales?
Frente a todo ello las instituciones locales han mandado varias notas a las autoridades para que envíen por lo menos 100 efectivos más, equipos y municiones. Aún no hay respuesta.

También hubo el pedido de patrullaje militar, lo que se anunció en un acto y con un simulacro el jueves. Aún espero el plan y las disposiciones del Comando.

¡OH! Dada la desproporción, ¿ha habido casos de amedrentamiento a los policías por parte de los delincuentes?
Tenemos un caso reciente. Hace unos meses, antes de que yo me haga cargo de este comando, huyeron dos delincuentes avezados. Ellos tienen su vivienda cerca de la serranía de la Ripiera. Cada vez que la Policía va por ese sector con la intención de recapturarlos es amedrentada con armas de fuego. Con automáticas.

Hace una semana, capturamos a uno de ellos. Luego de un cruce de fuego, el delincuente cayó herido en una pierna. Tres días más tarde, una de nuestras patrullas recibió un balazo que rompió el parabrisas del vehículo y, por suerte, pasó rozando el hombro del policía por debajo de la presilla. Era una represalia. Supimos que habían dicho: “Ahora van a ver”. Creo que no van a estar tranquilos hasta no bajarme un policía por lo menos. Están en ese afán.

He ordenado que tengan mucho cuidado para ir a esa zona. Hasta pueden utilizar llamadas falsas. He dispuesto que el personal que vaya por allí utilice chalecos antibalas.

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