19 febrero, 2010

Jo, jo, jo...

Jo, jo, jo…


Soy resignada testigo, como todos los que trabajamos en el céntrico Prado, de su caótico vivir. Uno podría decir que está hasta acostumbrado al desmadre cotidiano que se arma en el centro por uno u otro motivo, trancaderas, manifestaciones, bloqueos, bailes y desfiles casi diarios ya pasan casi como parte del paisaje. Sin embargo, hace unos días que las marchas de los gremialistas de FENAENA (Federación Nacional de Artesanos y Expositores de Navidad y Alasitas), que incluyen en su protesta a carniceros, verduleras, y demás compañeros de armas, han tocado fibras sensibles en mi corazón para sacarme de las casillas, aunque como a todos, no me queda otra que rumiar la bronca por debajo y calladita, porque a ver quién se anima a decirle a la gremialista tal que por favor no orine en la vereda o a la carnicera cual, que no pise las flores señora, no ve que son adorno de la ciudad?
Hasta hace poco los gremialistas y los paceños todos íbamos a tener un regalo muy necesario: la inauguración de un campo ferial donde, con todas las comodidades, se debía instalar la abultada feria de Navidad que todos los años se arma en la calle Figueroa, atrio de San Francisco y colindantes. Tiene hasta baños públicos, señalizaciones y está asfaltado para que nadie se quiebre una pata buscando su arbolito de Navidad. Un lugar ideal y de lo más festivo.
El plan de la Alcaldía de reordenar toda feria que ocupe las calles parecía perfecto, sobre todo sabiendo el cariño que le tienen a ese lugar los comerciantes de Alasita, que son en su mayoría los mismos que venden en Navidad. Pero con el “arsenal del sindicalismo lleno”, como ha dicho uno de sus dirigentes, FENAENA ha decidido que no gracias, que no le da la gana de dejar las calles y que no quiere ningún traslado por más lindo que sea el lugar. Para ello han organizado desde hace días marchas y bloqueos con todo y sus niños, insultando al Alcalde y a todo su equipo tildándolos, lo menos, de incapaces, y destrozando y quemando a su paso propiedad municipal, ergo propiedad de La Paz.
Es inexplicable cómo hemos llegado a este estado de desobediencia a las normas por el sólo “arsenal del sindicalismo”. Hoy, a nombre de un sindicato, se hace y deshace a voluntad, obviando el mínimo respeto por el prójimo y ni qué decir por la ciudad toda. En algún momento a las autoridades, la fuerza y el ‘modus operandi’ de las protestas se les fue de las manos, y ahora tienen que enfrentar a una masa enardecida que se asegura dueña de las calles desde tiempos remotos, cuando en realidad este traslado debió hacerse justamente, hace muchos años atrás.
La Alcaldía ha asegurado que esta vez no dará su brazo a torcer y marche quien marche, el traslado se hará igual. Esto ha enfurecido a los dirigentes de FENAENA y sus temibles secuaces, que afirman harán lo imposible por permanecer en la calle a su voluntad, bajo el lema: si no vendo yo, no lo hace nadie. Dicen que no escatimarán recursos para imponerse por la fuerza, así que quizá los veamos pronto, crucificados en sus mismos árboles de Navidad.
Mientras tanto, y a duras penas, los peatones y chóferes hacen malabares para trasladarse a sus fuentes de trabajo o para regresar a sus hogares, sin olvidar que en el tumulto que estas marchas forman, los amigos de lo ajeno hacen su Navidad adelantada robando a protestantes y protestados.
¿Hasta cuándo? Hasta que los gremialistas quieran a su ciudad pero sobre todo hasta que aprendan que las normas se cumplen, que para eso han sido creadas, aunque los mentados se den vuelta como una media.
Ahora, en vísperas de elecciones y de las fiestas de fin de año, entre los bailes del Manfred, la bulla del Samuel o las marchas y petardos del Evo, tenemos que digerirnos a los desaforados de FENAENA, sólo porque a alguien se le confundió la idea de libertad de expresión y movimiento por el desacato total de las leyes. Ante esto yo me pregunto, ¿si saco un puestito con bolitas de Navidad y aseguro ser del sindicato, funcionará para mí esta democracia traída de los pelos? La verdad no me arriesgo, aunque mucho me gustaría. Jo,jo jo… jodidos estamos todos.