26 enero, 2009

Perros policía, tiempo de valorarlos


Son animales cuidadosamente entrenados y extremadamente inteligentes.
El CAC en La Paz tiene los mejores elementos del país: canes especialistas en explosivos, rastreo, búsqueda de droga, etc., que arriesgan su vida por devoción a sus guías y cuyo trabajo es poco reconocido.


El 19 de febrero de 2002, la riada más fuerte que sufrió en su historia la ciudad de La Paz, cobró 68 víctimas fatales que engrosaron una larga lista fatídica. Fue un día de pesadilla que los paceños nunca olvidarán.
Ante la pérdida de estas vidas humanas, poco se habló de los animales que murieron ahogados. Entre ellos, 10 perros policías que fallecieron cuando se inundaron sus caniles del Centro de Adiestramiento de Canes (CAC), ubicado muy cerca del río Choqueyapu que se desbordó en la zona sur. A raíz de esta tragedia, el Centro fue reubicado por la Alcaldía de forma provisional en inmediaciones del mercado de Alto Obrajes.
¡OH! estuvo a los pocos días de la riada en el Centro y pudo verificar que las condiciones eran muy pobres y que el terreno ni siquiera estaba cercado. Hoy, siete años después, la situación ha mejorado, pero sigue distando mucho de ser la necesaria para que los policías y sus canes cumplan dignamente las funciones para las que han sido entrenados.
Y es que muchos de nosotros hemos visto perros policías en la calle en distintas actividades, pero no siempre prestamos atención al trabajo que están haciendo, un trabajo que ningún otro animal haría por nosotros: arriesgar su vida por lealtad y amor.
Los perros policía son la punta de lanza de sus unidades, y aunque generalmente los veamos en exhibiciones de disciplina que encantan a los niños, el trabajo “serio” incluye detectar explosivos, rescatar personas entre los escombros de un derrumbe o terremoto, encontrar extraviados, buscar droga, controlar y desarmar delincuentes y hacer frente a las turbas; en este oficio además no hay distinción de género, hembras y machos trabajan por igual y ninguno gana más que techo, una magra comida y las caricias de su guía.


El Coronel José Arandia, comandante de esta unidad, le tiene pasión a su trabajo. Aunque es un hombre adusto, trata a los perros como sus subordinados, les tiene cariño y está muy satisfecho por su labor. Sin embargo es conciente de que la situación de los animales no es la mejor. Pese a la importancia de su labor, los canes están recluidos en un espacio muy estrecho que no les permite ejercitarse, no tienen la comida adecuada y les faltan medicamentos.
En este Centro en la actualidad hay 37 canes y 55 trabajadores entre policías y otros miembros que viven casi en hacinamiento. Lo irónico es que el CAC se encuentra a orillas de una inmensa cañada que se ha convertido en un basurero de la zona y en foco de contaminación.
Arandia asegura que se han hecho algunos oficios ante la Alcaldía y la Prefectura para que ese terreno que ahora no sirve, pueda convertirse en parte del CAC para campo de entrenamiento, “los perros necesitan un lugar especial para poder trabajar, y además aquí cuando no trabajan están encerrados en sus caniles, queremos que puedan correr, tener libertad para ejercitarse. Ya hemos hecho las gestiones ante el señor Alcalde y al Prefecto”, dice esperanzado el Coronel.
Explica además que se está presentando en el POA (Presupuesto Operativo Anual) los requerimientos para que el Centro sea un referente nacional donde canes policías de otros departamentos del país vengan a tecnificarse en las distintas disciplinas. Aunque afirma que ahora se combina el alimento balanceado con la “lagua”, lo cierto es que nosotros pudimos ver sólo platos vacíos con resto del preparado de maíz, “el alimento balanceado es caro, pero es lo que requieren los animales, porque en las cuatro horas que trabajan, se desgastan y necesitan una nutrición adecuada”.
La veterinaria visita el Centro todas las mañanas y hace un gran esfuerzo por paliar las dolencias de algunos canes. Un grupo de activistas está haciendo una campaña para dotar de medicamentos al Centro y así atender las necesidades de los perros, entre los cuales hay una perrita policía preñada. “Nos falta además de la infraestructura, dinero para el trabajo realizado acá, tanto para la alimentación como para medicamentos, este año se nos ha presentado el moquillo, y perdimos un hermoso cachorro”, se lamenta Arandia. La comida para los perros se cocina a leña, lo que resulta una tortura para el cocinero de turno que generalmente termina con los ojos irritados por el humo; los caniles son muy estrechos y no tienen frazadas para que los animales duerman encima, aunque por lo menos están techados.
El CAC es el centro de adiestramiento más importante del país. Fundado el 23 de mayo de 1965 por el entonces subteniente Carlos Gamberros Bolaños, fue instituido bajo resolución del Comando General de la Policía formalmente como Centro de Adiestramiento de Canes, con el nombre del Cbo. Cerro Villanueva Sánchez, en homenaje póstumo a este soldado caído en las guerrillas de Ñancahuasu, junto a su can, Thempes, un ícono entre los perros policía y cuyas cenizas descansan en una urna adornada con la bandera boliviana y con su foto, que formará parte del Museo del Perro Policía, uno de los planes que Arandia y su equipo tienen previsto para promocionar más el trabajo de los canes policías.




Vida de perro policía
Los canes “egresados” tienen el título de Can Policial Adiestrado Básico de Defensa y Ataque (CPAB-2) y para que un animal pueda ostentar el uniforme de perro policía, debe empezar su entrenamiento entre los ocho meses y el año. Aunque el pastor alemán es la raza más adecuada, en el Centro existen otras razas que también son entrenadas.
La primera fase del es la de obediencia y dura tres a cuatro meses. Es un trabajo diario muy intenso de cuatro horas, dos en la mañana y dos en la tarde, y sirve para que el can aprenda a obedecer la voz del mando. Este paso es esencial.
Los canes forman parte de distintas disciplinas, algunos han sido entrenados para olfatear distintos olores a explosivos: pólvora, gasolina, TNT, nitroglicerina, el C4, etc., otros para el control de turbas, para rastreo de personas, etc. En el caso de la Unidad K-9, los bomberos trabajan coordinadamente con el Centro y los canes antiexplosivos en Cumbres presidenciales, eventos de magnitud donde asisten autoridades, etc.
Los días de semana el trabajo empieza a las siete de la mañana, “ahora que empezarán las clases los perros y sus guías cumplirán el Plan Carpeta, patrullando en las puertas de los colegios, a las 9 retornan al Centro y en el pequeño espacio que tenemos, hacen el entrenamiento que dura una hora y media de acuerdo a su disciplina”, explica el Capitán Angel Vera, segundo al mando de la unidad.
Ante el hacinamiento es lógico pensar en peleas entre los animales, aunque esto es responsabilidad de cada guía, “está prohibido que un animal esté suelto porque por el mismo hecho de que están encerrados la mayoría del tiempo, cuando salen quieren desestresarse y hay algunos de mal carácter, así que es responsabilidad del guía no dejarlo pelear. Acá ya conocemos cuáles son los peleadores, cuáles los tranquilos…”, dice Vera, con el eco de decenas de ladridos como coro.
El más viejo de los animales tiene siete años. Un can policía trabaja desde los siete meses hasta los cuatro años, etapa en la que está en perfectas condiciones físicas. A partir de los cinco años su estado va decayendo porque el trabajo del perro policía es muy desgastante.
Cuando ha llegado la hora de la jubilación existen dos opciones: donar al animal a alguna familia que quiera tener un experimentado y obediente perro guardián, o que el mismo guía que lo ha entrenado, si tiene los medios, se quede con él, aunque esto lamentablemente no sea una constante.
La relación entre el perro y el guía es la fórmula del éxito en este trabajo, es el guía el que bautiza al perro y el encargado de cuidarlo, debe ser cariñoso con el animal que prácticamente absorbe su carácter, “si el guía es temperamental o rígido, no va a poder adiestrar un can ni trabajar en este Centro. El perro percibe el miedo, la furia, y ese olor no le agrada, incluso puede llegar a atacar. Tiene que ser una persona que lo quiera, que tenga cariño a los animales”, afirma Vera.
Contrariamente a lo que sucedía hace años, cuando se usaba el método premio-castigo, ahora, de acuerdo a los entrenadores, se utiliza el juego para adiestrar al animal, por ejemplo en el caso de explosivos, (parecido al de drogas) se inicia con una toalla enrollada donde se introduce el material explosivo para que el animal reconozca el olor y luego lo busque. También se hace el entrenamiento mediante recompensa, con pedazos de alimento balanceado. El mayor error que se puede cometer con un perro es lastimarlo porque lo cohíbe y se vuelve agresivo, el can pierde la confianza en su guía y esto es irremediable. El animal respeta al humano, pero no le teme, esa es la clave del éxito, y en eso los guías saben que no hay margen para el error. El capitán Vera explica que si el animal es lastimado, en algún momento puede atacar a su guía, eso hasta ahora no ha sucedido.


Héroes silenciosos
En pocos días el Centro publicará una revista informativa donde se quiere dar a conocer las actividades que hacen los canes. En esta revista se encuentra la galería de los perros más destacados, una docena de animales cada uno con su fotografía. Vera explica que “se considera que los diez que murieron en febrero del 2002, son también héroes y hay cuatro más que ascendieron en 1972, pero no tenemos las fotos, sin embargo por supuesto que están nombrados”.
Al Capitán se le viene a la mente el caso de un perro muy especial para él, Nick, quien murió en 1999 a causa de la explosión de un cachorro de dinamita durante una manifestación. “El trabajo de estos animales es muy sacrificado, pero poco reconocido”, admite el oficial.
Akay, Dabdu, Rayo, Ades, Alex, Sheila, Athos, Bandido, Skiper, Bruno, Drago, Duque, Thalia, Puntos, Loba, Marilin, Nayra, Gina, Mapache, Kongo, Chacal, Thamu, Wara, Asad, Negra, Nikita, Duguer, Apolo, Astor, Rufo, Polo, Falcón, y los cachorritos que están por venir, están dispuestos a cumplir su labor, pero necesitan espacio y recursos.
Los perros policía, más que ningún otro animal, tienen la necesidad de hacer ejercicio para mantenerse saludables física y sicológicamente. El lugar con el que el CAC cuenta no es suficiente, así que es necesaria la ampliación de su terreno, lo que depende de la buena voluntad de la Alcaldía paceña. Si en febrero de 2002 soportaron estoicamente la inundación, en los siete años posteriores su resistencia y lealtad ha sido más que probada ante la indiferencia y falta de amor de los ciudadanos a quienes cuidan. Mientras en Alemania los perros policía usan zapatillas especiales, los californianos chalecos antibalas y en China son cotizados en miles de dólares, en el CAC, tanto canes como policías esperan tiempos mejores en los que puedan hacer el ejercicio que tanto necesitan.

La UTA, universidad consentida, “virtual” y “originaria”


Investigación. Bajo el rótulo de indigenista y originaria esta universidad, que funciona desde hace 10 años pero fue reconocida recién hace tres, incurre en varios desacatos al reglamento sin ser fiscalizada.

La Universidad Indígena Tawantinsuyo (UTA) es, probablemente, la más consentida del sistema privado. Para empezar no tributa y por lo tanto no emite facturas. Su más reconocido representante, el “Inca” Germán Choque Huanca, señala que no lo hacen debido a su labor social. Añade que “el Gobierno tampoco nos ha dicho cómo compensar ese no pago de impuestos”.
La UTA tampoco posee un plantel docente estable. “Tenemos cosa de 100 catedráticos. Se aparecen cuando pueden, de mucho tiempo. No cobran salarios, sólo un incentivo”, explica el “Inca”. Es más, entre los que vienen con más frecuencia y son reconocidos como catedráticos, varios informaron a ¡OH! que no tienen título profesional y sólo lograron egresar de la UMSA. Otros, incluso, son profesores normalistas.
Choque Huanca aclara que estos docentes “nos ayudan los primeros semestres”. Luego añade razones basadas en la contradicción occidente versus mundo andino: “(A las autoridades) tenemos que decir ‘sí hay licenciados’, ‘sí hay semestres’, porque tenemos que usar los conceptos pedagógicos occidentales, pero acá nos organizamos con otros conceptos”.
En el plantel fueron incluidos el hijo de Choque Huanca y el principal funcionario administrativo, Jaime Aliaga. Pero ninguno acredita estudios medianamente concluidos en las carreras (historia y derecho) donde brindaban sus conocimientos.
Más particularidades. Durante la semana, las aulas de la Universidad Indígena Tawantinsuyo se encuentran vacías o con gente muy ajena a la institución. Ello ya que sólo se dictan clases los días sábado y domingo. “Han informado que pasan los días viernes en la tarde más, y con ello completan las 4.200 horas exigidas. Es un sistema presencial acelerado”, señaló el asesor del Viceministerio de Educación Superior Ismael Quispe. Pero, en la UTA, docentes y alumnos aseguran que sólo van sábado y domingo. Suman las 4.200 horas en base a la fórmula “cuatro horas de clase y seis horas de práctica”. Las seis se deducen de las tareas encargadas para la casa.
La infraestructura resulta virtual e incluso dinámica y móvil. Hasta principios de 2008 la universidad indígena funcionaba en algunos cuartos alquilados en la ciudad de Laja. Luego extendió sus actividades a un grupo de aulas arrendadas al colegio Modesto Omiste de la ciudad de El Alto (Ver nota 2).
Eso si, la historia la recuerda desde 2005, año en que fue oficialmente reconocida como universidad inicial por el Ministerio de Educación. Mientras funcionó con el carácter provisional, o en trámite, los alumnos de la UTA pasaron clases en aulas aún más originales. “Inicialmente en la plaza Alonso de Mendoza de Laja, luego en un restaurant o pensión, donde el costo del alquiler era que consumamos algo luego de clases”, recuerda uno de los primeros docentes.
Claro, enfrenta otros problemas físicos. “Aún no tenemos ni laboratorios, ni salas de computación ni bibliotecas”, informan los secretarios de la UTA a los alumnos. Para suplir esas necesidades, por ejemplo en el caso de las materias de matemáticas e inglés, los responsables informan que “se acude a cafés internet de la Ceja de El Alto”.
Sin embargo, pese a sus limitaciones, la Universidad Indígena Tawantinsuyo se ha dado modos para hacer que el Estado le reconozca siete carreras a nivel licenciatura: Ciencias de la Educación Indígena, Turismo Indígena, Ciencias Matemáticas, Lingüística Aymara, Historia, Teología, Filosofía Indígena (Amauta) y Derecho Indígena. A nivel técnico superior, el Ministerio de Educación le ha autorizado emitir títulos para los estudiantes de Turismo y Ciencias de la Educación Indígena. Esta universidad además ha hecho trámites para una octava carrera, Religión y Filosofía Indígena, y consultas para organizar Agropecuaria y Medicina. Pero los tres pedidos le fueron rechazados.
Sin embargo, esas adversidades no impidieron la expansión académica de la UTA. Para esta nueva gestión sus anuncios publicitarios ofrecen la carrera de Técnico Medio en Prótesis Dental. Es más, en un sorprendente salto cualitativo, en agosto de 2008, la UTA decidió iniciar su primer Post Grado. Con ese fin, sus responsables alquilaron dos ambientes en pleno centro de la ciudad de La Paz. Ahí, frente al edificio de la Contraloría General, en la esquina Colón- Indaburo fijaron el mayor hito de su vertiginoso avance académico: el Diplomado en Gobernabilidad, Pensamiento Indígena y Gestión Política Intercultural.

Una universidad muy “popular”
La cantidad de alumnos que asisten a las aulas alquiladas por esta particular universidad privada también ha ido creciendo a grandes saltos. Pese a que en el Ministerio de Educación aún esperan listas y planillas, declaraciones y documentos internos demuestran la popularidad de la UTA.
Los alumnos antiguos recuerdan que el proyecto se inició en 1999 con cerca de 200 estudiantes. La revista Taripiri de septiembre de 2005, publica una lista de 94 inscritos solamente a la carrera de Derecho. Durante la visita a la sede de Laja, en octubre de 2007, el administrativo Jaime Aliaga informó a ¡OH! que la UTA ya contaba con 300 alumnos. Luego, en enero de 2008, en las oficinas del colegio Modesto Omiste, el “Inca” Germán Choque Huanca declaró a este medio que ya asistían 500 alumnos. Para esta gestión la carrera de Prótesis Dental y el Postgrado evidentemente sumarán más estudiantado.
Eso sí, a 10 años de su fundación y tres de su consagración como universidad inicial, oficialmente no hay ningún alumno con título profesional. Así lo informó la semana pasada una de las responsables del Viceministerio de Educación Superior para el área universidades, Maritza Condori.

Fondos en secreto
La economía de la UTA al parecer no marcha mal. Dada su naturaleza, privada, la a Universidad Indígena Tawantinsuyo cobra por sus servicios. La mensualidad a partir de los prefacultativos cuesta 105 bolivianos. También se cobra por los cursos de verano, los textos producidos internamente y algunos servicios como la energía eléctrica. El diplomado, a su vez, tiene un precio de 2.000 bolivianos y dura cuatro meses.
A grosso modo, los ingresos de la UTA bordean los 60 mil bolivianos mensuales y cerca de 100 mil dólares al año. ¿Cuánto ganan, cuánto gastan? “Es algo interno. No podemos revelar porque es parte de nuestra política interna. …No tenemos superávit, por eso tampoco tenemos infraestructura propia”, responde Choque Huanca.
Por su parte el rector, Hugo Vega, explica que no todos los alumnos pagan los 105 mensuales. “Otros retribuyen en trabajo, por ejemplo pintando las aulas, y hasta pueden pagar en especie”, añade.
Pero, es evidente que de diversas formas los costos se optimizan. “Los docentes no ganamos ni 10 centavos”, dice Vega. Mientras Choque Huanca recuerda que los catedráticos sólo reciben “incentivos para sus fotocopias, 50 bolivianos”.Ello aunque de acuerdo al proyecto institucional presentado al Ministerio, se acuerda que la UTA pagará un salario básico a sus docentes los que tendrán todas las prestaciones según la ley. Es más el costo de los alquileres se resume a ocho días mensuales, ya que en la semana funciona el colegio.
Así la relación horas-materias-docentes-ingresos resulta asombrosa. Al menos siete catedráticos, que en varios casos son autoridades, dictan incesantemente muy diversas clases. A ojos vista, por ejemplo, en las listas de calificaciones de secretaria se advertía que el profesor O. Arancibia A. era responsable de seis materias: Historia de la Cultura de Tiwanacu y el Tawantinsuyo (primer semestre), Teoría del Estado (primer semestre), Doctrina Constitucional entre la Colonia y La República (quinto semestre), Filosofía del Derecho (sexto semestre), Sociología Jurídica (séptimo semestre) y Metodología de la Investigación (segundo semestre).
La lista de docentes polivalentes y versátiles incluye a: Germán Choque, Germán Huanca, Jaime Aliaga, el rector Vega, el propio Germán Choque Huanca y hasta hace un año a Martín Callisaya, ahora embajador de Bolivia en Costa Rica.
El “Inca” ya dio muestras de su habilidad para moverse, desempeñar múltiples funciones y dictar variadas cátedras desde el año 2002. Entonces, dirigía la UTA, daba clases en la Universidad Mayor de San Andrés, la Universidad Pública de El Alto y fungía como Diputado Nacional.
En ese marco la Universidad Indígena Tawantinsuyo viola o incumple al menos 8 artículos del Reglamento General de Universidades Privadas, Decreto Supremo 28570.

Las flores del Ministerio
A las autoridades de Gobierno no les preocupa mucho la UTA. Es más algunas le tienen estima. En tres visitas que realizó ¡OH! en los últimos meses al Ministerio de Educación, las respuestas alternaron entre el desconocimiento y elogiosas consideraciones.
“El rector, Germán Choquehuanca, creo que fue reconocido como el Inca Huascar Choque Huanca de todo el Kollasuyo, y le han dado una misión”, señaló Ismael Quispe a la hora de empezar su explicación sobre la UTA. Quispe fue delegado en febrero por el entonces Viceministro de Educación Superior, Ramiro Tapia, para informar sobre la universidad indígena. Tapia, actual Ministro de Salud, reconoció no estar bien informado al respecto. El delegado brindó datos aun más positivos que los propios representantes de la Universidad Tawantinsuyo.
“Han adaptado su visión a las normas. Les hemos exigido todo lo que dicta el Reglamento de Universidades. Garantizan la carga horaria. Tienen infraestructura propia”, explicó avalando su legalidad. “No tienen información oculta”, añadió desmintiendo al “Inca”.
“Vienen docentes del sur de Perú y Ecuador. También del norte argentino”, comentaba resaltando el perfil internacional de la casa superior de estudios. Sin embargo, en la UTA, el administrativo Jaime Aliaga señaló: “No, no vienen docentes del extranjero. Ojalá que algún día lleguen”.
Quispe adicionalmente aseguró que la UTA contaba con cinco egresados de Derecho. Sin embargo en la universidad se informó que sólo eran tres y de Turismo. Mientras que hace dos semanas los funcionarios del Ministerio explicaron que aún no tenían datos sobre egresado alguno.
El diálogo con el asesor del Viceministerio concluyó con la promesa de que proporcionaría a ¡OH! la documentación completa del caso. Pero, la entrega de las fotocopias tardó más casi dos meses. “El archivista está de vacaciones”, arguía ante cada reclamo. Curiosamente, el archivista, el día de la entrega, no recordaba haber tomado su descanso anual. Un detalle adicional, la información sobre la UTA suma 17 folders. Los responsables entregaron sólo 16 con un notorio borrón en el texto que señalaba el número 17.

¿Privilegiada?
Así la Universidad Indígena Tawantinsuyo marcha viento en popa. Su crecimiento es sostenido en alumnado, carreras y expansión geográfica. “Cumple con los reglamentos”, aseguran las autoridades. Y sin duda, hasta le guardan aprecio los cafés internet de la Ceja alteña.
Solamente surgieron posturas críticas desde dos frentes. Por una parte, esquivos docentes y estudiantes que se sienten traicionados por la conducta de las actuales autoridades de la UTA. Recuerdan que los unió un proyecto cooperativo común y una historia perdida hace más de una década que aún los conmueve (Ver Nota 3).
Pero además surge un crítico inesperado: el ex ministro de Educación Félix Patzi. La ex autoridad hoy asegura que “la creación de universidades indígenas significa la reproducción de la colonialidad”. Prefiere como modelo “la desconcentración de universidades públicas hacia el campo”. Al mencionársele la UTA recuerda que es privada, pero añade: “No conozco los detalles”. Curiosamente, Patzi fue uno de los fundadores de esta universidad en los ’90 y también el primer rector oficialmente nombrado en 2005. Fue además, el año 2006, responsable, en su condición de Ministro, de la primera evaluación de funcionamiento de la Universidad Indígena Tawantinsuyo. Sin duda, la UTA goza de un místico hálito, que entre la amnesia y la indiferencia de las autoridades, la convierte en algo así como la universidad más consentida del país.

* Este reportaje forma parte de Séptima versión de becas del Fondo Concursable de Periodismo de Investigación de la Fundación UNIR.

El “Inca”
Germán Choque Huanca, eje principal de la Universidad del Tahuantinsuyo, no es una persona sencilla. Docente universitario e investigador, con varios libros en su haber. Ex diputado del Movimiento Indígena Pachacutic (2004). Su entorno lo llama Inca Huáscar Choque Huanca. Como tal también es tratado por sus colegas y alumnos.
Cuando se le entrevista pocas veces pierde la compostura, es pausado y hasta solemne. Casi cada una de sus respuestas apunta o roza lo que él llama la herencia colonialista del país.
Ha sido el principal impulsor para que la whipala reemplace a la tricolor con el argumento de que “bandera viene de bandoleros, de bandidos y wiphala viene de integración, de igualdad” y también ha propuesto cambiar el nombre del país. Nacido el año 1955 en La Paz, para él, Irán y Afganistán deben ser tomados como ejemplo en Bolivia respecto a cómo debió funcionar la Asamblea Constituyente, y los señala como referentes para el camino que tiene que tomar el país. Ha propuesto la creación de dos nuevos departamentos, el Chaco y Chayanta, y asegura que se deben cambiar las estructuras de los poderes Judicial, Ejecutivo y Legislativo.
Siendo diputado del Movimiento Indígena Pachacutec (MIP) sus peleas con el líder de este partido, Felipe Quispe, “el Mallku”, resonaron en el Congreso por su intensidad. Tras desatarse diferencias ideológicas vinieron los enfrentamientos de tipo personal y se empezó a cuestionar el liderazgo del entonces dirigente de la Confederación de Trabajadores Campesinos, con acusaciones de corrupción y críticas a la forma en que manejaba a ese partido.
Choque Huanca acusó a Quispe de malversar fondos de una empresa de luz. El Mallku contestó con un “Indio de mierda”, corrigiéndose luego “dije Inca de mierda, no indio de mierda”. A su vez Quispe denunció que Choque Huanca había grabado una sesión reservada de Congreso, en la que se debatió sobre la demanda marítima boliviana y que días después llegó a manos del gobierno mapuche.
Choque Huanca negó todo, y volvió a acusar a Quispe de corrupción. Insultos fueron y vinieron. Choque Huanca fue expulsado del MIP bajo los cargos de "falsificación material al cambiar su nombre de Germán Choque Condori a Germán Choque Huanca”, y luego de una huelga de hambre en contra suya protagonizada por Quispe, varios dirigentes del MIP y la ex secretaria de Choquehuanca, Jhenny Santander, que lo acusaba de acosarla sexualmente, el “Inca” se alejó del MIP, aunque luego de la pérdida de personería jurídica del partido, Choque Huanca aseguró que el MIP seguirá vigente y apoyará incondicionalmente al Presidente electo Evo Morales.
Ambos líderes del MIP fueron docentes fundadores de la UTA. Cuando Choque Huanca tomó las riendas solo, Quispe impugnó reiteradamente la intención ante las autoridades. Luego pasó a una vida discreta y alejada de los medios
Hoy el “Inca” se concentra en sus proyectos educativos. De principio, se expresa en contra de la educación pagada porque la considera discriminadora. “Esta no es una ONG ni una Fundación, es una institución que se autofinancia. Los estudiantes aportan, los docentes reciben un incentivo”, dice al definir a la UTA.
¡OH! ¿Cuánto les cuesta el alquiler y las otras obligaciones?, se le pregunta.
“Es un asunto interno”, responde cortante.
¡OH! ¿Tributan?
“No, no hacemos lucro”
¡OH! ¿Cómo justifican ante el Estado su falta de infraestructura y sus otros problemas?
“Nos adaptamos a los conceptos pedagógicos occidentales. (…) Creen que tenemos plata. Pedían infraestructura total. Queríamos crear la carrera de Agropecuaria y nos pidieron tractor, queríamos hacer Medicina y me pidieron Clínica. Pensaban que el Inca como antes tenía plata y oro”.


La sede que se mueve

Laja es una población situada a 45 minutos de La Paz, por carretera asfaltada. Su iglesia es el principal atractivo, además de ser reconocida por sus deliciosos panes a la piedra y por haber sido el lugar oficial donde se fundó la actual sede de gobierno, ciudad trasladada luego a orillas del Choqueyapu.
Pese a su lejanía, Laja fue escogida por las autoridades de la UTA desde su fundación en 1999 para que sea la sede de la universidad, con la intención de convertir al pueblo, en un futuro cercano, en una ciudadela universitaria. También le atribuyeron una ubicación mística por su cercanía a Tihuanacu y al lago Titicaca.
¡OH! viajó hasta Laja en diciembre del 2007 para empezar la investigación de este reportaje. Al ingreso del pueblo llamaban la atención los carteles pegados en los vidrios de algunas casas anunciando distintas aulas de la UTA desperdigadas por el pueblo. En la plaza, una pequeña oficina con una máquina de escribir antigua, unos cuantos quipus colgados en la pared y un singular cráneo como adorno, era la sede administrativa de la UTA donde Jaime Aliaga brindaba información a los postulantes a la universidad. La maqueta de un moderno edificio en forma de cóndor se mostraba a los visitantes con la promesa de “que algún día así será la UTA”.
Era un martes en la mañana y algunos estudiantes aprovechaban el sol matutino para comer unos sándwiches en la plaza de Laja, otros pasaban clases en la “sede principal”: una casa alquilada, con una docena de cuartos convertidos a la fuerza en aulas. En el ingreso funcionaba una tienda de abarrotes.
En una de las aulas, de aproximadamente 20 metros cuadrados y piso de tierra, un grupo de muchachos atendía una clase de historia impartida por un alumno de la UMSA. Los bancos estaban rotos por lo que los chicos compartían entre todos una misma mesa, las paredes sucias, la pizarra desportillada. Del techo colgaban serpentinas y globos y en una esquina se acomodaban un par de botellas de sidra, vestigios de alguna fiesta anterior. Faltaban algunos vidrios de las ventanas.
Este panorama se repetía en casi todas las aulas del lugar. Un solo baño funcionaba para todos los estudiantes además de servir como mingitorio público al resto del pueblo.
El rector y sus allegados, los directores de carrera y otros docentes, estaban reunidos en una de estas aulas, evaluando una serie de necesidades. Durante la entrevista, el rector, Hugo Vega, comentó que la comunidad de Laja había donado unos terrenos para la universidad y que en un trabajo conjunto, docentes, alumnos y comunarios fabricaron los primeros adobes para los cimientos de la nueva universidad. Cuando fuimos a conocer el terreno, nos encontramos con una enorme planicie donde una cantidad de adobes se deshacían por el calor y la humedad. Nada más hacía suponer que ese terreno era el de la UTA. Meses después, una nueva visita confirmó que la “infraestructura” continuaba en el mismo estado.
Hoy los simbólicos adobes están convertidos en una pasta inservible. El terreno sigue vacío, como vacías también están las aulas que eran la sede oficial de la UTA en Laja. Alumnos y profesores de los primeros años informaron que los adobes eran parte de un trabajo comunitario acordado en 1999. “Cada alumno y docente pisaría y armaría 100 adobes para el terreno donado por Freddy Cruz. Pero luego Germán se quedó con todo, vendió los adobes y alquiló cuartos en el pueblo”, relató uno de ellos.
Los papeles de propiedad de ese terreno baldío les sirvió a las autoridades de la UTA para el reconocimiento oficial. Los responsables del Ministerio de Educación debieron hacer una inspección ocular del sitio. Sus informes fueron positivos.
Tras funcionar en la “sede” oficial de Laja durante dos años y medio, a mediados del 2008, sin previo aviso y sin que el Ministerio de Educación tenga conocimiento, las autoridades de la UTA decidieron abandonar el pueblo y trasladarse a las dependencias de la Escuela Fiscal Modesto Omiste, cerca de la cancha Maracaná de El Alto. Allí funciona ahora gran parte de la UTA, cuyos alumnos asisten los sábados y domingos para pasar clases de 9.00 a 17.00, mientras el resto de la semana, la escuela funciona como tal.
El Reglamento de Universidades Privadas señala claramente: “Es requisito ineludible y condición principal para la aprobación del proyecto institucional o la apertura de una universidad, el contar con la infraestructura adecuada y propia”. Pese a que ya lleva más de 10 años funcionando, la UTA no cuenta con los papeles ni el registro de propiedad necesario. Tampoco observa las indicaciones básicas respecto a los laboratorios, las áreas de servicio ni las del área académica. Obviando esto que es obligatorio para otras universidades, la UTA sigue rotando de alquiler en alquiler.


El sueño frustrado

En 1996 aproximadamente dos docenas de intelectuales aymaras y académicos indigenistas de la UMSA concibieron la idea de la UTA. Entre ellos Germán Choque Huanca, Felipe Quispe, Félix Patzi, Martín Callisaya, Silvestre Patzi y Raúl Prada. Hay quien asegura que presenció incluso algunas charlas del actual vicepresidente Álvaro García Linera.
Nació como un Centro Cultural. En 1999 se decidió que el proyecto se convierta en una universidad basada en una filosofía andina. Se logró reunir a cerca de 200 estudiantes. Todo se vincularía a la reciprocidad y la cooperación. El vecino Freddy Cruz donó un terreno. Alumnos y estudiantes pusieron cuotas para el enmallado. También ambos estamentos se comprometieron a donar 100 adobes por cabeza. Todos pactaron un trabajo comunitario hasta levantar la universidad, se reunían para esa labor desde las 06.45.
Los entendidos en informática plantearon crear la Red Tinku. Los catedráticos mejor relacionados se lanzaron a establecer vínculos con universidades de Ecuador y Perú. “No importa el sacrificio, sino la culminación de nuestra visión”, decíamos, recuerda uno de los alumnos de aquella época. “Pero después ellos empezaron a pelear, cobraban 60 pesos la mensualidad, luego vendieron los adobes y dejaron abandonado el terreno. Como eran diputados tenían buenos contactos en La Paz y nos hemos tenido que resignar”.

Ekeko, el galán de los Andes


Idolo. Pocos no conocen al Ekeko, el dios de la abundancia y la fertilidad. Bonachón y sonriente, siempre está dispuesto a otorgar favores, si se le piden con devoción.


Es la más feliz de todas las deidades andinas. Con el tiempo ha cambiado su fisonomía y se ha convertido en un ídolo sobre todo de ciudad cuando antes lo era del campo, pero no ha dejado de sonreír. También es el más mimado; reparte su fama entre casi todos los países de la región, aunque en ninguna parte sea tan venerado como en La Paz. Y siendo también de los más antiguos, con una edad que suma cientos de siglos, se ha modernizado al punto de estar a tono con lo último en computadoras, celulares y hasta juegos de video. Sin ninguna duda, es todo un personaje.
Bien vestido y bien cargado llega todos los 24 de enero el Ekeko, dios de la abundancia, para satisfacer las creencias de miles de bolivianos que confían en él para lograr fortuna y no ahorran en codazos y empujones para que ese 24, al mediodía en punto, la figura de su Ekeko sea bendecida en alguna iglesia cercana, tal y como manda la tradición.

Idolo de multitudes
En Bolivia, ningún otro ídolo tiene tantos adeptos como el Ekeko moderno. Su fiesta se celebra en otras fechas en departamentos como Cochabamba, pero el fervor es casi el mismo. Casi, porque el Ekeko que conocemos hoy, con esa sonrisa pícara y esa pinta de mestizo blancoide bien alimentado, nació en La Paz y es considerado patrimonio “chucuta”. (Ver recuadro).
Lo cierto es que el Ekeko, además de ser dios de la abundancia y de la fertilidad, también es un maestro de la transformación. Del periodo tiwanakota, donde era representado en toscos pedazos de piedra y madera, hasta nuestros días, donde el yeso, la cerámica, la plata y el estaño son materiales comunes para fabricarlo, el pequeño diosecillo ha cambiado mucho. “Es una illa, un amuleto, pero también es un mutante, se adecua a las circunstancias, al entorno…”, dice riendo Gonzalo Iñiguez, experto en el Ekeko y protagonista del único documental acerca del diosecillo, “aunque la esencia es la misma.”, afirma.
Y es indudable que el Ekeko tiene espíritu; visitar la exposición que se realiza actualmente en el Museo Costumbrista Juan de Vargas en La Paz, es como conocer el árbol genealógico del peculiar ídolo. Y aún la piedra tosca que lo representaba en la era tiwanakota, lo muestra como un dios de lo más agradable. Todas las figuras están felices y sonrientes, con un humor que contradice lo adusto de la mayoría de los paceños.
Relacionado en la mitología andina con Thunupa, dios del fuego, el rayo y los volcanes, los historiadores Arturo Posnansky y Carlos Ponce Sanjinés fueron los primeros en asegurar que las estatuillas de un ser jorobado, encontradas en Tiwanaku, correspondían al Ekeko. Según estos investigadores, el origen del Ekeko se remonta al periodo clásico de la Cultura Tiwanaku entre los años 200 aC a 700 dC. En 1942, campesinos habitantes de la zona del Titicaca, sacaron del lago varias estatuillas de este dios jorobado, muchas de las cuales llevaban un pututu en la mano y correspondían a esta era.
Es en el Incario en que el Ekeko empieza a aparecer con el pene erecto, simbolizando la fertilidad. El investigador Rigoberto Paredes explica que la fiesta del Ekeko se celebraba en ese entonces durante el solsticio de verano, “le ofrecían los agricultores algunos frutos extraños de sus cosechas, los artesanos cerámica, tejidos y pequeñas figuras de barro y plomo. El que nada podía dar de lo suyo adquiría esos objetos con piedrecitas que recogían del campo y que tenían alguna particularidad. Nadie podía negarse a recibirlas si no quería incurrir en el enojo del dios.” Cabe notar que las miniaturas son una constante en la cultura andina y están relacionadas con la abundancia, la fertilidad, conllevando un fuerte significado simbólico ritual.
La llegada de los españoles, y su afán de destruir idolatrías, obliga a los indígenas a ocultar sus deidades, sin embargo el Ekeko sobrevive a este asedio (ver recuadro) e incluso adquiere los rasgos de los invasores; es así que en 1783 apareció por primera vez el Ekeko con rasgos españoles, gordito y bonachón y más recatado que el Ekeko inca.
En 1883, se tornó rubio e incluso fue minero. En 1900 se le añadió un baúl de cuero, una botella y un vaso de plata. Durante la revolución de 1952, se le cambia el traje y el sombrero, por un poncho y un lluchu, e incluso se le añade un fusil, pero es recién en 1970 que su tez se vuelve más morena y comienza a cargar, además de víveres, billetes y hasta pasaportes.
Hoy en día el Ekeko carga de todo, desde computadoras hasta barcos trasatlánticos, y aunque no complazca todos los deseos, se nota que asume con gusto el peso de la responsabilidad.

Ekeko galante
Pero una de las bondades del Ekeko que han caído un poco en el olvido, son sus facultades de casamentero. De acuerdo al escritor Antonio Paredes Candia, en su libro “Tradiciones paceñas”, el Ekeko ha sido siempre el idolillo preferido por las mujeres, que le atribuyen el poder de darles pareja o algún bien terrenal. “Es considerado por los jóvenes como el dios propicio para las uniones sexuales y las muchachas lo llevaban en el cuello o como adorno en el cabello para que les sirviera de amuleto contra la desdicha o las infidelidades de sus amantes.”
El Ekeko de Gonzalo Iñiguez llega a la sesión fotográfica acompañado de dos simpáticas cholitas de yeso: “Mi Ekeko es cholero”, explica Iñiguez.
Siendo el dios del hogar y la fertilidad, el Ekeko debe estar siempre acompañado. La mujer que lo acompaña representa a la Pachamama, y en el pasado la elegida era una negrita de yeso. “Efectivamente hay relación con esto de la pareja y las peleas, es para no estar solo o sola que se pone en pareja al Ekeko”, explica Iñiguez.
Otra cosa que no puede faltarle al Ekeko, es su cigarro, sobre todo los viernes. Fumador empedernido, no siente ningún malestar por el tabaco y prefiere los cigarros negros. Con la boca sonriente manchada de alquitrán, el Ekeko puede fumar un cigarrillo tras otro y en esto se parece a su pariente lejano, el Tío de la mina, también relacionado con el dios Tunupa, amo del fuego.

Las Alasitas que fueron
Pero lo que fue una fiesta en principio dedicada a la Virgen Nuestra Señora de La Paz, donde el Ekeko compartía honores, donde se vendían sobre todo las miniaturas y algunas delicias gastronómicas típicas de la región, que duraba sólo ocho días y ocupaba lugares concretos de la ciudad, primero la plaza Murillo, luego el paseo del Prado, después la plaza San Pedro, el local de la antigua Aduana, hoy la Terminal de buses, la calle Tejada Soriano y finalmente el antiguo Parque de los Monos, actualmente se ha desvirtuado completamente y se ha convertido en un inmenso mercado donde apenas puede recordarse el motivo de la fiesta, el mismo que se extiende abusivamente cada vez por más calles de la ciudad, sin un control adecuado de la Alcaldía.
Hoy por hoy en las Alasitas no sólo se venden algunas miniaturas alusivas a la fiesta, también pueden comprarse artículos variados de plástico, zapatos, ropa interior, celulares… “La feria de las Alasitas es un desastre, una afrenta al Ekeko, a la esencia de la fiesta. Lo que se hace ahora está totalmente tergiversado. Los que realmente creen, veneran al Ekeko el 24 de enero al mediodía. Lo de la feria es comercial y político, no tiene nada que ver con el Ekeko”, sostiene Iñiguez.
Pese a las evidentes afrentas a la milenaria celebración, el pequeño más grande de los Andes fuma y sonríe, asegurando su presencia en el tiempo por muchos siglos más.


Recetas para un Ekeko feliz

- El Ekeko debe estar acompañado. Las negritas de yeso han sido siempre sus compañeras preferidas, aunque también gusta de las cholitas
- Debe ser puesto en un lugar especial, por ejemplo la sala o el dormitorio.
- No se le prenden velas ni nada por el estilo, pero no puede faltarle el cigarro de los viernes.
- Debe ser regalado, no puede ser comprado.
- Tiene que estar bien vestido. Es aconsejable comprarle una prenda distinta cada año.
- Cada año, dependiendo de las necesidades, se carga al Ekeko con el objeto que se desea. ¿Quiere un celular? Cómprele uno a su Ekeko.
- El Ekeko tiene fecha y hora para otorgar favores y ser honrado: 24 de enero al mediodía. Debe hacerse bendecir por un sacerdote.

Recuadro 2

La leyenda del Ekeko
El origen de la leyenda del Ekeko, se remonta a la sublevación de los aymaras en el año 1781 contra el yugo español cuando las alturas de La Paz aparecieron ocupadas por indígenas armados, que sitiaron la ciudad.
Paulita Tintaya, era una joven indígena perteneciente al “repartimiento” de Francisco de Rojas, que había sido trasladada desde la “encomienda” de Rojas, para ser puesta al servicio de Josefa Ursula de Rojas Foronda, esposa del Brigadier Don Sebastián de Segurola, Gobernador y Comandante de armas de esta ciudad. Paulita estaba enamorada de un muchacho del mismo “repartimiento” que ella.
Como despedida, Isidro Choquehuanca, que es como se llamaba el galán, entregó como símbolo de cariño a su novia, un pequeño amuleto de yeso que había fabricado y que, según la tradición de sus congéneres, velaba por la felicidad de quienes lo poseían. Choquehuanca había reproducido en la estatuilla la figura de su amo, el “chapetón” Rojas, hombrecillo pequeño y regordete; además había procurado darle una cara risueña y bonachona. Le había dado apariencia bondadosa para que fuera benigno con ellos. Luego, siguiendo las supersticiones, le había adornado con pequeñas prendas, bolsitas con alimentos, instrumentos de labranza, en fin, todo lo que puede complementar la felicidad de un hogar.
Mucho tiempo pasó en que Paulita e Isidro esperaron que el ekhekho obrara el milagro de rehacer su idilio. Tres meses llevaba ya la ciudad absolutamente aislada. Los bodegones, las despensas y todos los sitios donde antes se vendían o guardaban los víveres estaban exhaustos.
Empero, en medio del cuadro de desolación y de angustia, existía el rincón de una pequeña vivienda en el que, por un caso inexplicable, se ocultaban provisiones que, luego de ser consumidas, eran renovadas, como por arte de magia. Tan preciosos recursos consistían en una bolsa de maíz tostado, una regular porción de "quispiñas" (especie de galleta indígena de harina de quinua), más un trozo de “charque” (carne seca) de llama tierna.
La envidiable propietaria de ese tesoro era nada menos que Paulita. La moza guardaba y consumía secretamente las provisiones que había traído del campo. Al pie de la tosca hornacina en que había colocado la figura que le diera Isidro, había escondido los alimentos. Sin propósito deliberado, la casual proximidad de los comestibles al muñeco de yeso significaba el origen común de ambas cosas.
Una noche en que Paulita se había retirado a su cuarto a descansar y en medio del insomnio famélico que sufría, recién se dio cuenta de que el muñeco tenía pequeñas bolsitas de maíz tostado, azúcar, harina y otros comestibles. Tenía las manos extendidas cuando sintió junto a su puerta una voz que muy quedamente la nombraba.
La moza se apresuró a franquear la puerta y con sorpresa recibió el csaludo de su amado. El le contó, atropelladamente que junto con todos los demás indios de las comarcas circundantes, había sido enrolado en el ejército de Apaza. El ejército sitiador estaba al tanto de los horribles padecimientos que soportaban los sitiados. Isidro se había propuesto buscar una manera de proteger a su adorada y salvarla de tal situación. Por eso, atravesando sigilosamente las líneas de los defensores, había traído esos alimentos.
Tal era el misterioso origen de las provisiones que desde aquel día nunca más faltaron en el rincón de la vivienda de Paulita. Cada noche, la muchacha tomaba una porción de esos alimentos y así se mantenía reconfortada en medio de toda una población diezmada por el hambre.
Protectora de su ama, Paulita comenzó a sentir por ella profunda lástima y no tardó en dejarse embarcar por una generosa compasión hasta dejarse llevar por sus impulsos. Luego, sin pensar más, fue corriendo a su cuarto a traer una parte de sus alimentos para compartirlos con ella.
Cuando Segurola volvió a su hogar, temeroso de encontrar el cadáver famélico de su amada esposa, halló con inmensa alegría que no solamente estaba tranquila y reconfortada sino que le fue ofrecido un plato cuidadosamente guardado en el fondo de un arcón. Desde ese día Doña Úrsula, el Brigadier y la muchacha que tan generosamente les había hecho participes jurados de su secreto, pudieron alimentarse.
Paulita, con el propósito de evitar cualquier peligro para Isidro, llevó a sus amos junto al Ekeko y les dijo que a él se debía la milagrosa e inagotable virtud de sus provisiones.
Entre tanto, el asedio se prolongaba. Ya nadie tenía esperanzas de subsistir, cuando llegó a la ciudad la noticia de la aproximación de un poderoso ejército dirigido por el Comandante General Don José Reseguín. En efecto, al amanecer del día 17 de octubre, los soldados de Reseguín entraron en la ciudad entre frenéticos clamores de júbilo.
El Brigadier Segurola no podía alejar de sus mente al pequeño fetiche indígena con cuyo favor, él y su esposa habían podido sobrevivir. Por ello dictó una serie de ordenanzas para que de allí en adelante la feria que hasta entonces se celebraba el 20 de Octubre, aniversario de la fundación de la ciudad, se trasladara al 24 de enero, como homenaje de gratitud a Nuestra Señora de La Paz. Ordenó además que en dicha feria tuviera preferencia la venta o trueque del Ekeko, el fetiche indígena modernizado según el modelo que el mismo Gobernador exhibió y que no era otro que el que obtuvo Paulita.
El otro acontecimiento, menos ruidoso, fue el matrimonio de Paulita con Isidro, apadrinado por el Brigadier y su esposa. Junto al pastel de boda estaba, sobre un adecuado pedestal de confituras, el ekhekho, cuya sonrisa parecía más placentera que nunca. (Con datos de www.senderoalternativo.com)

09 enero, 2009

Yacaspata: ¿Qué había en el cementerio mollo?



Investigación. Importante patrimonio cultural ha sido destruido por la omisión de varias normas. Se quiere sentar precedentes para que actos así no se repitan.

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Ha dejado de llover en Ambaná. Las plantaciones muestran productos frágiles y debilitados, y se prevé ya una cosecha pobre. Hay quienes piden rituales expiatorios. Poco a poco los pobladores se convencen de que esta sequía es un castigo por haber profanado las tumbas de los antepasados.
El pueblo, ubicado a dos horas de Achacachi en la provincia Camacho de La Paz, está triste. Las pesadas maquinarias que trabajaron hasta hace unas semanas en la zona, abriendo una nueva carretera, han enmudecido. Y todos los pobladores saben por qué.
La empresa Siles, subcontratada por Reedco, (a su vez contratada por la Prefectura) estaba encargada de la apertura del tramo Humacha-Ambaná. La obra forma parte de una carretera ansiada por los vecinos de esta región marcadamente postergada del occidente boliviano.
El 12 de septiembre, el rumor de que la empresa Siles había encontrado restos arqueológicos en la zona denominada Yacaspata, situada a 1.5 kilómetros de Ambaná, despertó más temprano de lo habitual a los vecinos. Inmediatamente algunos de ellos se hicieron presentes en la obra para solicitar se suspendan los trabajos de remoción de tierra. El pedido no fue escuchado. “Me dieron ganas de llorar”, cuenta Julián Rengel, Presidente de la Junta de Vecinos del Cantón Ambaná. “Un día antes habíamos pedido que paren las excavaciones, pero a la mañana siguiente yo pude ver cómo el tractor seguía los trabajos mientras los obreros, parados en fila, esperaban para ver qué podían encontrar entre los escombros que la máquina dejaba”.
Luego de la denuncia ante el Viceministerio de Cultura y la Unidad de Arqueología (UNAR), recién el 29 de septiembre, a dos semanas del primer hallazgo, las obras en la zona se paralizaron. Si bien la denuncia ante las autoridades pertinentes fue formulada el 15 de septiembre, la reacción de ambas entidades se dejó esperar. El 1 de octubre el Lic. Rudén Plaza Martínez, investigador de la UNAR, presentó el primer informe de evaluación sobre los daños que Yacaspata ha sufrido.
Este informe (UNAR/181/80), determina que “Yacaspata es un sitio arqueológico cuya superficie oscila a cerca de 12 hectáreas, inmediatamente adjunto al antiguo camino carretero que conduce hasta Ambaná, por el sector de la escultura Corazón de Jesús (donde tiene su campamento la empresa Siles). El emplazamiento de este yacimiento arqueológico recae en una colina relativamente alta, con laderas muy empinadas por lo general, exceptuando la norte que desciende gradualmente hasta la nombrada carretera…”. Tras describir el emplazamiento de terrazas el informe de Plaza añade: “En este contexto general, principalmente en la ladera norte, hasta el camino carretero antiguo, se observaron alrededor de seis decenas de tumbas prehispánicas profanadas (huequeadas) dispuestas aleatoriamente, muchas de ellas fueron exhumadas muy recientemente y otras en el pasado inmediato. Con relación a la denuncia de hallazgos arqueológicos durante la construcción de la carretera, la misión realizada pudo corroborar plenamente aquello… Cabe señalar también que cuando se consultó a algunos miembros de la empresa constructora en el campamento acerca de de hallazgos y destrucción de entierros en el lugar (antes de realizar la inspección), recibimos la respuesta de que ‘no se ha encontrado nada’, empero, como resaltan las evidencias materiales en el sector, el daño causado por la construcción de la carretera es mayúsculo.”
Dentro de las conclusiones de Plaza Martínez se destaca la pérdida del patrimonio arqueológico en manos de la constructora Siles y se indica que el proceso de destrucción fue gradual, “por lo que se puede colegir, indica el investigador, que el acto fue premeditado”.
Ante el documento de Ruden Plaza Martínez, la empresa implicada respondió su descargo a través del ingeniero Víctor Hugo Gómez, Gerente de Proyecto de B.C.I Consultores por el Servicio de Supervisión de Obras (Cite/137/2008 del 13 de octubre). En el informe dirigido a Alfredo Salazar, Fiscal de Obra de la Prefectura paceña, Gómez asegura: “Ni el personal a mi cargo ni mi persona tenía conocimiento de la existencia del Sitio mencionado como legado arqueológico; en el contrato entre la Prefectura y la Empresa no estipula en ninguna cláusula sobre aspecto similar que se menciona en el informe de la UNAR… Una vez anoticiados de la existencia de un informe y queja por parte de las autoridades de la localidad de Ambaná el día 29 de septiembre se hizo la paralización oficial de las obras…”
Pasaron 17 días entre el primer hallazgo y la paralización de las obras. Los vecinos de Ambaná cuentan que, en ese periodo, los obreros de la constructora se dieron a la tarea de recoger cualquier vestigio de valor que se hubiera encontrado en las tumbas.
Julián Rengel dice que uno de los ingenieros de la empresa Siles le habría propuesto dividirse a partes iguales el botín, entre la empresa y la comunidad. “Yo lo rechacé”, asegura Rengel.
Por su parte los obreros aseveran que no sólo ellos buscaron entre las tumbas, sino también los comunarios. Como sea, lo cierto es que en esos 17 días casi todas las tumbas en la zona fueron profanadas.
Durante la visita que hizo ¡OH! a Ambaná, obreros, pobladores y reconocidas personalidades del lugar, confirmaron que dentro de las tumbas había objetos de oro y plata. Incluso contaron que algunos de los obreros llevaron estas reliquias para mostrarlas en el pueblo y que dos de los tractoristas se habían fugado con parte del tesoro.
Christian G. Eduardo, gerente general de la Constructora Reedco, desmiente dichas acusaciones. Asegura que su planilla de empleados es la misma de cuando se empezó la obra, lo que no pudo ser comprobado por ¡OH!
Tras la denuncia de la comunidad de Ambaná, la empresa procedió a devolver algunas de las vasijas que se habían encontrado en la zona. En acto público se entregó a la comunidad 10 vasijas perfectamente conservadas. Una acción llamativa, ya que si el daño fue hecho en base a maquinarias pesadas, estas vasijas deberían haber estado rotas en pedazos, como los muchos trozos de cerámica que aún se encuentran regados en el lugar.

“No deberían llamarse tumbas”
Pese a la información proporcionada por el licenciado Plaza Martínez, el 16 de octubre el ingeniero Ramiro Carrasco, director técnico del SEDCAM (Servicio Departamental de Caminos), envía al prefecto paceño Pablo Ramos un informe suscrito por el Fiscal de Obras, ingeniero Alfredo Salazar, totalmente contradictorio. En éste, Salazar destaca que en Yacaspata “no se halló ningún tipo de resto humano, y a nuestro entender, no se debería llamar ‘tumba’ en este caso, a ninguna de las pequeñas fosas encontradas. Se contabilizaron 15 fosas que fueron afectadas en la excavación del tramo que pasa por detrás del Cristo de Ambaná (Yacaspata). Se encontraron únicamente 10 vasijas de cerámica que fueron devueltas a la comunidad de Ambaná. Ya no se afectará la excavación a lo ancho del eje”.
Salazar solicita además que la UNAR disponga de un investigador que corrobore lo expuesto en su informe y dé el permiso correspondiente para proseguir los trabajos en el sector “para no perjudicar el progreso que significa una mejor carretera para la comunidad de Ambaná”.
La postura de priorizar la vía carretera a la preservación del sitio también es compartida por las funcionarias de la dirección de Patrimonio de la Prefectura, Paola López (Asesora Jurídica) y Sasandra Salcedo (Responsable de Patrimonio). Ambas advierten el riesgo de que el pleito por las ruinas retrase seriamente la obra carretera. También cuestionan si la preservación de un lugar así vale la pena. (Ver entrevista).
Pero más allá de las valoraciones y análisis de culpabilidad, durante su visita a la zona, ¡OH! pudo comprobar la destrucción que ha sufrido el sitio y sus irreversibles consecuencias. A cada paso se encuentran pedazos de cerámica, y en algunas de las tumbas todavía existen restos óseos.
En Yacaspata parece haber caído una lluvia de meteoritos. Los huecos en la tierra se multiplican en toda dirección. “Parece un trabajo de liebres o topos, no de obreros. Y ya ha pasado así en otras oportunidades”, comenta un visitante que tiene varios trabajos académicos sobre saqueos.
No sólo el tramo donde el tractor arrasó con las tumbas es una muestra de la destrucción del lugar. Más allá de las tumbas que se ven claramente en el corte de tierra que hizo la empresa, y de los restos que han quedado entre los escombros, existen otras tumbas que han sido profanadas recientemente y otras, las menos, que lo fueron mucho antes. Hay huecos abiertos en la tierra por huaqueros inescrupulosos e inexpertos que se dieron a la tarea de desenterrar cualquier vestigio que despertara su ambición.
La empresa abrió un inmenso hoyo, de casi 10 metros, en un lugar bastante alejado de la carretera. Los pobladores de Ambaná no se explican qué buscaban los obreros.
Una tras otra, las tumbas abiertas dan cuenta de la invalorable pérdida arqueológica. “La cultura mollo es imprescindible para estudiar nuestra historia. Los arqueólogos padecemos para encontrar una sola de estas tumbas. Es muy doloroso ver esta destrucción masiva que pudo haberse evitado”, explica el arqueólogo Jedú Sagárnaga, quien acompañó la expedición hasta Ambaná junto a ¡OH! y al historiador Pedro Callisaya.
Sagárnaga corrobora los informes de sus colegas de la UNAR asegurando que lo hallado en el lugar son, sin duda, tumbas de la cultura mollo. Recuerda que en éstas los antepasados acostumbraban a enterrar junto a los muertos, piezas de cerámica y objetos de oro y plata.

Sin licencia
El siguiente informe en este caso fue suscrito por el arqueólogo José Estevez, especialista de la UNAR, y corroborado por el jefe nacional de esta entidad, licenciado Javier Escalante, el 18 de noviembre de 2008 (UNAR No. 235/2008). Estévez va más allá y pone montos exactos a la destrucción de Yacaspata. De acuerdo al experto, “los daños a Yacaspata son enormes y cuantiosos, se trata de la destrucción de un cementerio nada menos que de la cultura mollo. Como consecuencia del descubrimiento de las tumbas a fuerza de las máquinas, se llevó, acto seguido, al saqueo sistemático y ordenado del tesoro prehispánico.” Estevez contabiliza 91 tumbas abiertas y establece un daño económico de 5.000 dólares por tumba, “suma por cierto modesta por la pérdida total e irreparable del legado cultural de una nación que hoy denominamos como Mollo y cuyos descendientes radican aún en los contrafuertes andinos de la provincia Camacho.”
El experto sugiere que este dinero sea utilizado para el rescate de emergencia de las demás tumbas aún intactas que se hallan en el sitio y en los terrenos aledaños, así como para la construcción de un museo de sitio y un albergue comunal.
Por su parte, la empresa en cuestión admite que hubo un “error” pero que en ninguna parte del contrato firmado con la Prefectura se contemplan acciones en caso de encontrarse restos arqueológicos. Cristhian Eduardo, explica que el diseño de la carretera se cambió a solicitud de los pobladores de Ambaná y que producto de ello, la supervisión del proyecto se encargó de hacer el diseño y presupuesto de esta variante. El diseño final en teoría fue aprobado y revisado por el ente contratante (la Prefectura). “Nunca se nos había comunicado que en el sector habría ruinas arqueológicas. Se procede a trabajar y mientras se ejecutan las excavaciones con maquinaria grande, en el transcurso de un día de trabajo se encuentran estos habitáculos, restos… no tengo capacidad para definir qué son”.
Eduardo explica que, como no se tenía conocimiento del reglamento de excavaciones, se siguió trabajando durante cuatro días más sin que se avise a la DINAAR del hallazgo, aunque se tuvo una reunión con la Alcaldía y los vecinos y se coordinó para que algunos pobladores subieran a Yacaspata para acompañar la excavación. Esto es refutado por David Alarcón, presidente del Centro Cívico de Ambaná, quien asegura que cuando los vecinos quisieron tomar parte de la supervisión de la obra, fueron despedidos por el encargado.
“Nosotros nos hemos sujetado estrictamente a hacer lo que se nos ha instruido y a lo que está en el diseño. Evidentemente en el contrato, que es genérico para todo el Estado boliviano, no hay precauciones o instrucciones a seguir al momento de llegar a esta situación. Lamentamos el desconocimiento de este reglamento de excavaciones. Ahora lo sabemos y estamos seguros de que no vamos a volver a cometer un error. Nosotros lo consideramos un error, ya que esto no se ha hecho de forma maliciosa o para quedarse con algunas piezas que podrían haber sido encontradas en el momento. Se ha hecho netamente el trabajo estipulado.”
Un agravante clave se suma al desastre de Yacaspata: el camino Humacha- Amabaná no cuenta con licencia ambiental y por ello no se realizó ningún estudio de suelo que podría haber advertido de inmediato la existencia de restos arqueológicos. Esto se determina en el informe 2782/08 del Viceministerio de Biodiversidad.
Esta carencia sin embargo, no es responsabilidad de la empresa. Eduardo explica que “cuando una institución licita un proyecto se supone que ha cumplido muchos requerimientos, ha hecho un estudio de prefactibilidad, de factibilidad donde se considera el medio ambiente y se debió sacar una ficha ambiental, pero no es un recurso que le corresponda ejecutar a la empresa, sino a la institución licitante, en este caso la Prefectura. Desconozco si existe o no una ficha ambiental.”
Lo que sí resulta responsabilidad neta de la empresa es no haber detenido las obras en cuanto se encontró la primera tumba, “Aún así, teniendo desconocimiento del reglamento arqueológico, se han resguardado las piezas que se hallaron, las vasijas de cerámica. Lo único en lo que hemos incurrido en error es que no hemos dado parte oportunamente sobre lo que se encontró”. Eduardo asegura que no conoce nada sobre hallazgo de oro y plata en el lugar. “Yo sobre eso no tengo conocimiento, personalmente no he recibido ninguna información, la empresa no ha encontrado nada de ello. Respecto a lo que ha ocurrido fuera del área donde se nos ha contratado, nosotros no podemos hacer nada. Lo que hace la gente fuera de las horas de trabajo no es problema de la empresa. Tengo información de que no solamente ha habido gente de la empresa que posiblemente haya ido a escarbar en la noche, sino también comunarios.”
¿Cuál será la responsabilidad de la empresa en este hecho? “La empresa se encuentra dispuesta a dar soluciones como ya las ha hecho poniendo en consideración de la gente de Ambaná un proyecto de un parque, de un área reservada arqueológica, pero en realidad contractualmente no encontramos nada que nos lleve a hacer un resarcimiento más allá. Estamos abiertos a encontrar soluciones, pero formalmente no hemos encontrado un punto en el cual podamos decir cómo vamos a resarcir esto. Evidentemente se ha hecho un daño en un sector, pero este sector aparentemente tiene aproximadamente 8 hectáreas, de las cuales la afectación que podríamos haber hecho no llega ni al 5 por ciento de esta área arqueológica”.
El proyecto que se ha puesto en consideración de los ambateños cuesta alrededor de 100.000 dólares. Ese dinero sería financiado por el pueblo u otras instituciones, pero no por la empresa, “es una suma que la empresa no tiene, pero estamos dispuestos a apoyar en la medida de nuestras posibilidades.”

Para que no se repita
David Aruquipa, Director de Patrimonio Cultural del Viceministerio de Cultura, no duda en señalar como principal culpable de este desastre a la Prefectura por no haber contado con la licencia ambiental correspondiente para el tramo de la carretera, aunque no deslinda responsabilidades de la empresa al no haber detenido las obras ante el hallazgo de la primera tumba. Aruquipa confirma los informes de los técnicos de la UNAR. Asegura que con la resolución de este caso se quiere sentar un precedente. Dice que la institución dará continuidad al proceso legal de responsabilidades penales por la destrucción del sitio arqueológico, en estricto cumplimiento de la normativa legal para sancionar a los autores de la destrucción del patrimonio cultural de Yacaspata, de acuerdo al proceso iniciado por el gobierno municipal de Carabuco.
También afirma que las obras del tramo Humacha-Ambaná continuarán, a excepción del tramo en conflicto, hasta que se culmine el proyecto “Registro y estudio del cementerio mollo en el sitio de Yacaspata”. Según la autoridad este proyecto deberá ser financiado por la Prefectura y la empresa constructora.
Al parecer todo está en orden en ambientes oficiales y empresariales, salvo alguna agitación y varias reuniones en días previos a este reportaje. Mientras en Ambaná el caos desatado por la profanación parece haber repercutido en un cielo sin nubes, sembradíos estériles y un pesar creciente.
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“El Municipio es el responsable”
En la Secretaria de Cultura y Patrimonio la abogada Paola López y la arquitecta Sasandra Salcedo trabajan el caso de Ambaná. Molestas por las denuncias de los cívicos ambaneños las dos funcionarias prefecturales ya tienen una conclusión: “Todas las partes son culpables”. Reciben amablemente a ¡OH! con la esperanza de que “la población tome consciencia de la preservación del patrimonio”.

¡OH! ¿Fue un “error”, como dice la empresa, toparse con chullpas, y proceder a derruirlas sin avisar a las autoridades?
Paola López (PL).- Nosotros tenemos una posición distinta. En algún momento hasta he sido tachada de ser abogada de la empresa. Pero hay una consideración importante: aquí ha habido daños de parte de todo lado.
Para empezar, existe un Reglamento de Excavaciones Arqueológicas que lamentablemente no ha sido socializado. En cuanto a contratos de construcción de caminos, no hay una cláusula que indique que, en caso de encontrarse piezas arqueológicas, se deba notificar, a la brevedad posible, a la UNAR.

¡OH! Pero la Constitución Política del Estado (CPE)…
PL- Si bien existe el artículo 83 de la CPE, que dice que el Estado protege todo lo que significa patrimonio nacional, obviamente este Reglamento tendría que haber sido socializado. Y en lo que respecta a contratos ya estamos planteando que se pongan las clausulas arqueológicas y de otro tipo más.
En lo que respecta a Ambaná y la denuncia hecha por el Centro Cívico, cabe recalcar que ellos son residentes en La Paz. En el pueblo, que son unas personas que viven alrededor de la plaza, dicen que los del centro nunca están allí, que sólo van de vez en cuando. (…) Es como un pueblo fantasma y no tendría ningún tipo de fuerza como para hacer algún reclamo. Es por eso que yo observo, como asesora legal, el por qué la denuncia comienza por el Centro Cívico y no así por un municipio.

¡OH! Pero bueno, bastaría que cualquier ciudadano denuncie que hay destrucción de patrimonio del país para que sea atendido por las autoridades …
PL.- Obviamente, pero quienes dan impulso son los del Centro Cívico.

¡OH! ¿Y eso es malo?
PL.-No, no los observo. Pero las acciones de denuncia tienen que ser coordinadas con las autoridades. Existe una Ley de Municipalidades, y ellos están sobrepasando la autoridad de lo que es el Alcalde. A él lo hemos invitado varias veces, incluso personalmente, y no lo hizo. Sólo mandó a un asesor legal que no es funcionario del municipio. Alguien está fungiendo acciones que no le competen.

¡OH! ¿Qué hicieron sobre la denuncia en sí?
PL.-Nosotros nos constituimos allá el 30 y 31 de octubre. Casualmente era la fiesta de Ambaná y estaban todas las autoridades. Nos quedamos para hacer un levantamiento de datos y fiscalización, a cargo del SEPCAM. La empresa PROCEC no tuvo problemas para hablar con nosotros.
Estaba comprometido a ir el Viceministerio de Cultura, pero no se hizo presente. No explican hasta ahora el porqué. Indicaron que no tenían medios para transportarse, pero nosotros se los ofrecimos.

¡OH! ¿Es decir que la principal autoridad del país en el tema no reaccionó hasta esa fecha?
Sasandra Salcedo (SS).- No, es que se trata de un proyecto del 2004. Por problemas entre municipios se hizo un cambio de trazo. Por cuestiones técnicas se necesitaba hacer este trazo por la zona del sitio arqueológico. Si bien estaba registrado, no se tiene más información en la UNAR sobre su valor ni su categoría.
Sabemos las limitaciones que la UNAR tiene en recursos, sin embargo, pese a ello, reaccionó a la denuncia. Enviaron una primera misión el 27 de septiembre. Nosotros, como Prefectura, todavía no teníamos ningún conocimiento. Llegó recién el 7 de octubre. Iniciamos entonces gestiones para no sólo tocar este tema, sino además otros casos de destrucción de patrimonio.

¡OH! ¿Pero acaso éste no era el emergente?
SS.-Ya había otro, varios. Ahorita tenemos cinco casos latentes y otros en los que hay que hacer seguimiento.
Cuando empezamos a coordinar internamente acciones con el SEPCAM, Obras Civiles y otras instancias, un día, los del Centro Cívico de Ambaná quisieron participar. Al avisarles que era una reunión interna de la Prefectura, se enojaron y empezaron a ir a los medios y hacer amenazas.
Ahora, si bien el Centro Cívico hizo la denuncia del 15 de septiembre, nosotros tenemos documentos de que también el Centro participó en la solicitud del cambio de trazo.

¡OH! Vuelvo al principio. ¿La empresa podía proceder así?
SS.- La empresa no tiene ningún argumento legal para decir “desconocíamos” porque está en la CPE, y no se puede alegar desconocimiento de leyes. Sin embargo, el 10 de septiembre ante una nota de advertencia del subalcalde de que se dañaría patrimonio, se realiza una reunión. Luego el subalcalde y la Junta de Vecinos autorizan la apertura en el trazo.

¡OH! Pero entonces, la empresa, a la primera topada con restos y chullpas debería haber parado…
SS.-Ya sabían que había (restos), pero la Subalcaldía autoriza.

¡OH! ¿Y ellos no se dieron cuenta de lo que hacían?
SS.- A lo que vamos nosotros es que es un desconocimiento de varias instancias. Era una apertura condicionada sólo al trazo establecido. Incluso había un comité de vigilancia.

¡OH! ¿No se hizo un rastreo previo, como se hace en toda obra, incluso en gasoductos?
PL.- Ya se sabía que había restos hace 15 años, cuando se trabajó el lugar por primera vez. Lo que pasa es que la gente del lugar dice: “Nosotros queremos el progreso, ya sabemos que hay cementerio y chullpas, pero nosotros queremos el progreso para Ambaná”.

¡OH! ¿Y la Prefectura les va a hacer caso así nomás? ¿Si abajo hubiera un Machu Pichu, le meten los tractores a pedido de los pobladores?
PL.- Claro, no podemos hacer caso. Pero hay que pensar qué pasa si después de 15 años, al retomarse una obra, ésta se hace conflictiva, dígame: ¿qué empresa va a querer ir a trabajar allá?
Si el segundo tramo de la ruta está con esos problemas, ¿qué empresa va a querer realizar el tercer tramo?

¡OH! ¿Tenía licencia ambiental el tramo? La denuncia dice que
no.
PL.- La estaban tramitando, pero por los problemas de Sánchez de Lozada, se quemó mucha documentación.
SS.- Y para un cambio de orden no es necesaria una licencia ambiental.

¡OH! Por otra parte, tengo un informe del Fiscal de Obras, Alfredo Salazar, que dice que no había restos, sino huecos. ¿Cómo no pudo verlas?
PL. Es que ha habido mucha distorsión. La UNAR hizo tres misiones. En la primera el informe técnico (Ruden Plaza Martínez) tenía acusaciones directas y fue anulado. Pero el Centro Cívico se agarró de ese informe como bandera para hacer sus denuncias.
SS.- Un informe que no es oficial, los oficiales saldrán recién.
PL.- Luego el Centro se llevó a otro arqueólogo de la UNAR, José Estevez, nuevamente. Por su cuenta, sin que vayamos todas las instituciones que teníamos que ver con el caso.
Ese informe es demasiado fantasioso. Habla de pecheras, coronas, cinturones de oro, parecía la cultura incaica, no mollo.

¡OH! Pero finalmente, ¿hubo o no destrucción y saqueo arqueológico?
PL.- Cuando fuimos finalmente todos, el arqueólogo dijo que la clasificación es del tercer tipo. Es decir, un simple cementerio.

¡OH! ¿Hubo “huaqueo”?
PL.- Sí, pero ya fue por parte de los comunarios.

¡OH! ¿Cómo es que la empresa entrega vasijas íntegras?, ¿No es acaso esto un indicio de “huaqueo”.
PL. Puede ser. Nosotros no estamos deslindando responsabilidades.
SS.- La parte legal ya está siguiendo su curso. Todos van a asumir sus responsabilidades. En lo que hay que hacer una valoración integral que finalmente no sólo la hacen las instituciones, la da la sociedad.
Yo, como conservadora, veo el destrozo del sitio, pero pensemos, ¿qué ha pasado con Tiwanacu?, ¿qué ha pasado con Pasto Grande?

¡OH! Pero vamos a caer en eso de “mal de muchos, consuelo de tontos”. En Perú, por ejemplo, a una persona que apenas afectó una roca en Machu Pichu la detuvieron de inmediato y fue objeto de intensas investigaciones. Acá se habla de un saqueo de piezas de oro y plata y todos andan libres y desafiantes.
SS-. Es que hay que analizar normas y responsabilidades. El Municipio era el primer responsable en este caso.

¡OH! ¿Entonces en este caso el Municipio de Ambaná va a acabar siendo el culpable?
PL.- Sí.

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Las normas
- El Código Penal, en su artículo 223, menciona que “El que destruyere, deteriorare, sustraiga o exporte un bien perteneciente al dominio público, una fuente de riqueza, monumento u objeto del patrimonio arqueológico, histórico o artístico nacional, incurrirá en privación de libertad de uno a seis años”.
- El artículo 358 (Daño calificado) señala que “La sanción será de privación de libertad de uno a seis años. Cuando recayese en cosas de valor artístico, arqueológico, histórico, religioso,… la sanción será aumentada en un tercio”.
- El Reglamento de Excavaciones Arqueológicas en Bolivia, en su artículo 5to sostiene que: “Quienes destruyan o deterioren monumentos y reliquias prehispánicas, mediante excavaciones clandestinas, podrán ser detenidos por las autoridades policiales, a petición de la DINAAR; además pasibles de las sanciones prescritas por el Código Penal mencionado”.
- El mismo reglamento en su artículo 49 menciona que “la autoridad, funcionario, contratista, persona natural y jurídica que practicase excavaciones y/o remociones de tierra, con el objeto de realizar trabajos de construcción civil, exploraciones mineras, aperturas de vías camineras y otros de índole semejante, está obligado a denunciar ante la DINAAR, el descubrimiento de cualquier objeto, pieza y ruina de carácter prehispánico que encontrare en las excavaciones y/o remociones de tierra, que esté practicando y será responsable de su vigilancia y conservación hasta que los comisionados se hagan cargo de lo hallado”.