17 agosto, 2009

¿Adiós al mercado de carbono?



A escasos meses de una de las cumbres ambientales más importantes, Bolivia dio un giro inesperado en su postura. La sorpresa no sólo es externa, sino sobre todo interna. Un mercado de entre $us 300 y 400 millones está en riesgo para la nación, según estiman estudios previos al cambio. En el Gobierno optan por lanzar una lucha agresiva contra el mercado y el capitalismo en los foros


Texto: Mónica Oblitas y Rafael Sagárnaga /Caricatura: Javier Menchaca/ Fotos: FAN

En lo referente al cambio climático, Bolivia parece apuntar siempre a la delantera. Ha sido el primer país en implantar un proyecto piloto indígena REDD (Programa de
Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques). También logró tener el proyecto más grande del mundo basado en la conservación de los bosques y el Plan de Acción Climática Noel Kempff (PAC-NK). Dicho proyecto, a su vez, resulta el primero en haber sido certificado bajo los criterios del Mecanismo de Desarrollo Limpio(MDL), a pesar de no aplicar para éste (ver recuadro). Asimismo, Bolivia lideró durante tiempo las negociaciones al frente de la Coalición de Países con Bosque, para buscar estrategias dentro del mecanismo REDD.
Nuestra nación ha sido, además, parte de los primeros 14 países en vías de desarrollo elegidos por el Banco Mundial para recibir apoyo financiero no reembolsable del Fondo Cooperativo para el Carbono de los Bosques (FCPF, por sus siglas en inglés). En Sudamérica, sólo resultaron elegidos Bolivia y Guyana.
Sin embargo, ser el primero o el más destacado en ciertas cuestiones ecologistas le trae ahora, justo en este emblemático 2009, un serio problema. La nación se halla en una encrucijada, un ser o no ser. De su decisión final dependerán cientos de millones dólares de ingresos para el Estado. Estará en juego tanto el desarrollo social como el económico de decenas de miles de personas, y, claro, se definirá la conservación efectiva de los bosques, ésos que son considerados entre los 10 más biodiversos del planeta.
¿Ser o no ser parte del posmoderno mercado de los bonos de carbono? He ahí el dilema, el debate y la polémica interna ante un escenario mundial sorprendido por nuestros cambios.

Lo que se hizo
La anterior estrategia nacional apostaba hasta hace unos meses a lograr cientos de millones de dólares del mercado de carbono. A partir de ello, se garantizaba la preservación de los bosques y se generaban proyectos de desarrollo con tecnología limpia en toda Bolivia, en concordancia con el célebre Protocolo de Kyoto, que fue apoyado por casi todo el mundo, excepto Estados Unidos.
Virtualmente, como pocas veces, una posición se convirtió en una sólida política de Estado. El 22 de julio de 1999, Bolivia la inició con la ratificación del Protocolo de Kyoto, empezaron a organizarse los programas y proyectos para el desarrollo limpio y el cambio climático.
Seis gobiernos nacionales, incluido el actual, respaldaron la idea de preservar los bosques y emprender proyectos que cuiden el medio ambiente. Sumaba el apoyo de las naciones indígenas y organizaciones campesinas.
En una línea de continuidad, en el Plan Nacional de Desarrollo 2006- 2011, el actual Gobierno rubricó dicha posición. El Plan Nacional de Desarrollo (PPND) ‘Bolivia Digna Soberana, Productiva y Democrática Para Vivir Bien’, Lineamientos Estratégicos 2006-2011 (pág 176), perfiló las perspectivas del mercado de créditos o bonos de carbono. El documento señala que el Estado “participa en la generación de excedentes, en calidad de propietario de los recursos naturales, a través de la certificación, negociación internacional, mediante la estrategia de generación de ingresos por sumideros de carbono a través de forestación y reforestación que posibilitará la venta y distribución equitativa y solidaria de los beneficios generados por la comercialización de bonos del carbono en mercados internacionales emergentes, en el marco del MDL”.
En suma, hasta hace unos meses, Bolivia apostaba, doble contra sencillo, a no contaminar y por ello ser acreditado internacionalmente. Esas acreditaciones o bonos de carbono, ingresarían en el juego del mercado. Los estados contaminadores, altamente industrializados, los adquirirían, bajo el prerrequisito de mayores compromisos de reducción interna por parte de ellos. Los fondos financiarían los proyectos.

Los proyectos y el dinero
Todo iba de maravilla, al menos en términos de esperanza económica y de la aceptación de este singular mercado. Hasta 30 proyectos esperaban, y aún esperan, lograr los bonos de carbono en todo el país. La página web de la Oficina de Desarrollo Limpio (ODL) (www.odl.gov.bo) los ponía en lista hasta mediados de mayo de este año. Los textos y números de cada proyecto se presentaban contrastados con los paisajes de la biodiversidad.
Uno de esos proyectos, en Chapare, presenta la posibilidad de salvar especies madereras en 800 hectáreas en márgenes del río Sacta. El proyecto tiene previsto una duración de 30 años. Hasta el 2012 acreditaría 213.318 toneladas de dióxido de carbono (CO2). Es decir, 213 mil bonos o certificados de carbono. Puesto que hoy cada bono cotiza a casi $us 20, el monto alcanzaría a $us 4.260.000. Hacia la tercera década del proyecto, se estima que se captarían 914.223 toneladas de CO2 con su respectiva conversión en bonos.
Existe un segundo proyecto para Chapare directamente orientado a las zonas de producción cocalera a ser reforestadas. Prevé una duración de 21 años y suma un área de 1.050 hectáreas. Estima una captura de más de un millón de hectáreas de CO2 cuando se llegue a los 14 años de ejecución del proyecto.
Los Yungas igualmente presenta planes que apuestan a los certificados de carbono, incluso se halla uno de los proyectos estrella: Takesi. En este caso la instalación de una hidroeléctrica alienta la obtención de bonos de carbono por dos millones de toneladas para el año 14 de su ejecución. El municipio de Yanacachi, con sus 5.300 habitantes, podría acreditarse hasta $us 1,5 millones anuales en los primeros cuatro años de operación del proyecto, que tiene una duración de 21 años.
En general, los proyectos de captura de carbono ganaron entusiasta aceptación en sectores campesinos e indígenas. A los de la Cidob y los de las zonas cocaleras, se puede sumar Rurrenabaque, en Beni. Se trata de un programa de reforestación liderado por el actual vicepresidente del Movimiento Al Socialismo (MAS), Sergio Loayza.
Así es que la idea de los bonos por el cuidado del medio ambiente ronda por el país. La lista suma el noreste beniano, el Valle Alto de Cochabamba, las ciudades de Santa Cruz, Cobija y La Paz; la Laguna Colorada del Salar de Uyuni, la Chiquitania y los valles interandinos como Inquisivi (La Paz) y Kaynakas (Chuquisaca). Termoeléctricas, hidroeléctricas, conversoras de diésel ecológico, alcohol y biogás, además de los proyectos de reforestación y forestación, hacen el conjunto. Participan instituciones estatales y privadas, grupos sociales de las cuatro latitudes, zonas rurales y urbanas. Estructuran una ecuación considerada virtuosa: energía, desarrollo y conservación.
Los proyectos bolivianos de carbono se caracterizan por tener una fuerte orientación social, a través de la propuesta de transferencia de los recursos generados a las comunidades y beneficiarios. Este concepto en el contexto internacional se conoce como ‘carbono social’.
En total, Bolivia iría a recibir entre $us 300 millones y 400 millones anuales desde el 2012 del mercado de carbono. Al menos eso se deduce de los cálculos que combinan la suma de los proyectos con las probables oscilaciones de la cotización de los bonos. En ese campo todo iba encaminado: buena imagen internacional, política definida y planes en marcha. En el marco de una cerrada competencia internacional, desatada desde 2005, cuando el mercado empezó a funcionar.
Pero, además, la política basada en bonos, MDL y el mercado se enrumbaba a la cumbre de la ONU en Copenhague (Dinamarca). Allí, entre el 7 y el 18 de diciembre de este año, se definirá más sólidamente la funcionalidad del mercado de los certificados de carbono, y se discutirá la mejora de los mismos, para asegurar su adicionalidad. Incluso, más de una voz optimista alienta un importante acercamiento de EEUU al conjunto mundial.

Cambia el timón
A esa palestra se encaminaba, tomada del brazo, la apuesta boliviana por el carbono hasta hace seis meses… Pero surgió otra jugada. Vino un cambio de ritmo, sentido y orden. Los discursos y mensajes oficiales cambiaron de postura paulatinamente. El Gobierno empezó a apostar a otra posición de vanguardia: “¡No al capitalismo!” “¡Cuestionemos los mercados!”.
Al principio, la renovada causa la esbozaron los delegados oficiales en pequeños foros internacionales. Luego, Evo Morales lanzó la primera gran estocada en un foro global. “En manos del capitalismo todo se convierte en mercancía: el agua, la tierra, el genoma humano, las culturas ancestrales, la justicia, la ética, la muerte. La vida misma. Todo, absolutamente todo, se vende y se compra en el capitalismo. Y hasta el propio cambio climático se ha convertido en un negocio”, expresó el principio de la carta de Morales remitida a Poznan, el último 10 de diciembre. En aquella ciudad polaca se realizaba la 14 Conferencia de Cambio Climático de la ONU.
Luego venían párrafos más duros. “Los mecanismos de mercado aplicados en los países en desarrollo no han logrado una disminución significativa de las emisiones de gases de efecto invernadero. Así como el mercado es incapaz de regular el sistema financiero y productivo del mundo, el mercado tampoco es capaz de regular las emisiones de gases de efecto invernadero y sólo generará un gran negocio para los agentes financieros y las grandes corporaciones”, dijo el mandatario boliviano.
Finalmente, Evo Morales se lanzó contra los certificados de carbono y los MDL. “El 80% de los proyectos del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) se han concentrado en sólo cuatro países emergentes. La lógica capitalista promueve la paradoja de que los sectores que más contribuyeron a deteriorar el medio ambiente son los que más se benefician de los programas vinculados al cambio climático”, aunque es importante destacar que el 80% de la población mundial reside en esos cuatro países.
Al pasar a las propuestas, nuestro Presidente profundizó la crítica y planteó: “(…) Estos compromisos mínimos de reducción deben hacerse de manera interna en los países desarrollados y no a través de mecanismos flexibles de mercado que permiten la compra de Certificados de Reducción de Emisiones para seguir contaminando en su propio país”.
A partir de entonces el Gobierno boliviano ha demandado que las naciones desarrolladas paguen la “deuda ecológica histórica”. Ha propuesto la creación de un Mecanismo Financiero Integral (MFI), que apoye a los países en desarrollo y se plantea que tal MFI sea financiado básicamente con el 1% del PIB de los países desarrollados y los impuestos a las empresas transnacionales.
En el marco global se propugna “una Organización Mundial del Medio Ambiente y el Cambio Climático a la cual se subordinen las organizaciones comerciales y financieras multilaterales”. Esta entidad, según la propuesta boliviana, debe “promover un modelo distinto para lograr el desarrollo amigable con la naturaleza y que resuelva los graves problemas de la pobreza”.
Así el virtual “¡No al capitalismo!” es la consigna que hoy embandera el Gobierno, a pesar de los 30 proyectos MDL y los lugares número uno que se habían logrado cuando se decidió sonreírle a los mercados. Es tal el cambio que, desde hace seis meses, la ODL y el Programa Nacional para el Cambio Climático fueron prácticamente paralizados. Se desmembró el equipo de profesionales que trabajó la década pasada. El viceministro de Medio Ambiente y Cambios Climáticos, Juan Pablo Ramos, explica que “se trata de una etapa de transición”.
En la agilización de los proyectos más avanzados, dos esperados decretos se hallan paralizados. Jaime Gonzales, coordinador REDD de la Cidob, asegura que éste es un tema prioritario para los indígenas de Tierras Bajas y que se tiene la certeza de que se firmarán los decretos. “Es lo que esperamos del Gobierno, necesitamos ese dinero y es para ello que nuestros hermanos han trabajado preservando el bosque. Nosotros estamos participando de forma directa en las conversaciones, aunque todavía no hay nada definido”, explica Gonzales.
Pero mientras se espera, en el Parque Noel Kempff, proyecto estrella de Bolivia y el primero en ser certificado, no se han asignado los créditos ni al Gobierno ni a los inversionistas por la falta del respectivo decreto. “No existe ninguna regulación y en general hay un vacío legal sobre este tema”, explica Natalia Calderón, de FAN. “A partir de esta gestión no se están destinando fondos a actividades de desarrollo sostenible con las comunidades, puesto que es responsabilidad del Gobierno de Bolivia a través de la comercialización de los créditos de carbono”, dice Calderón.
El retraso de la comercialización de los créditos de carbono del PAC-NK afecta directamente a las comunidades indígenas que están esperando la emisión del decreto para poder comercializarlos

Rebeldes, ¿con causa?
Es en este nuevo marco que Bolivia apuesta a ser nuevamente primero. Esta vez en el escenario de la rebeldía a un sistema reconocido como injusto. Pero también corre el riesgo de ser la primera y la única. En la palestra de la crítica a los MDL y el mercado del carbono sólo coincide con Venezuela, pero el país megapetrolero y contaminador sin duda tiene sus particulares razones.
La actual rebeldía boliviana supera a la de Cuba que, a pesar de su sistema político, se encamina a la asimilación de los MDL. De acuerdo con un informe de la Agencia Canadiense para el Desarrollo y la universidad de Calgary, a fines de 2005, Cuba contaba con un potencial de 20 proyectos. Su expectativa de generación era de 4,8 millones de toneladas de CO2 durante el primer periodo de cumplimiento. Hasta mayo de 2006 se detectaron varios programas que iniciaron etapas de formulación para el MDL. “El interés de Cuba para participar en el MDL ha jugado un papel determinante para que el marco institucional cubano cuente con los elementos básicos necesarios para cumplir con lo establecido en la reglamentación internacional”, añade el informe. Fuentes del viceministerio de Medio Ambiente, aseguraron hace dos semanas, que la isla caribeña ya contaba con dos proyectos MDL.
Por su parte, Ecuador, Papúa Nueva Guinea, Brasil y otras naciones que, como Bolivia, tienen una gran riqueza forestal, han superado paulatinamente al nuestro.
En medio de un creciente debate interno y de una sorpresa externa, Bolivia ahora deja a un lado sus logros de la era del mercado y apuesta a otro tipo de primacía. Hay quienes esperan que sólo sea un pie de negociación para Copenhague. Mientras en las organizaciones bolivianas que incursionaron en los proyectos de los bonos de carbono reina el desconcierto... ¿Qué pasará si las iniciativas MDL abortan?
Mientras para nadie queda en duda de que si la nueva postura gubernamental nos deja sin opciones de desarrollo limpio habrá una cruel alternativa final: campesinos y grupos étnicos optarán por los mercados madereros y los tráficos de especies que se preveían conservar. Entonces, ¿le dirá Bolivia adiós al mercado de carbono?

El Parque Noel Kempff, único en el mundo
El Parque Noel Kempff Mercado es uno de los más importantes reservorios naturales de Bolivia y el mundo. Ubicado entre las ecorregiones de la Amazonia, Chaco y el Cerrado, tiene 1.582.322 hectáreas en distintos pisos climáticos que alberga una importante biodiversidad. Es considerado un emblema de conservación. Pero es, además, un proyecto único en el planeta. El Proyecto de Acción Climática del Parque Noel Kempff (PAC-NK) se basa en la conservación de los bosques y ha certificado hasta el momento 1.034.107 VER dentro de las 642.458 hectáreas asignadas para el PAC-NK. Siete comunidades indígenas de Bajo Paraguá se encuentran dentro del PAC-NK y con ellas se ha concertado las actividades que se desarrollarán, siempre en el marco de la conservación: tenencia de la tierra, manejo de recursos naturales, como el palmito, un plan de manejo forestal (incluyendo un aserradero comunitario) y el desarrollo del ecoturismo.
La inversión para el PAC-NK ha sido de $us 10.850.000 y los principales financiadores son British Petroleum (BP), The Nature Conservancy, Pacific Corp y la American Electric Power. Bolivia es dueña del 45% de los créditos de carbono, el saldo de 49% se distribuirá entre las empresas involucradas, de las cuales American Electric Power recibirá un 2% adicional por ser la principal inversora.
La Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), ejecuta los fondos del proyecto administrados por The Nature Conservancy, de acuerdo con el Plan Operativo Anual (POA) y el plan financiero aprobado por el directorio del proyecto.
Al ser un proyecto de conservación no se encuentra dentro del Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL) hasta el 2012; el PAC-NK es el proyecto más grande del mundo en haber sido certificado por la SGS (compañía internacional de certificación, verificación, inspección y ensayo) bajo los criterios del MDL, utilizando 187 variables económicas para calcular la cantidad de CO2, que puede ser capturado por los bosques. El proyecto ha sido certificado para el periodo 1997-2005, y debe serlo nuevamente en el periodo 2006-2008, según explica Natalia Calderón, de FAN. Sin el proyecto, 1.034.107 toneladas de CO2 hubiesen sido liberadas a la atmósfera entre 1997 y 2005.
Los créditos de carbono del PAC-NK pueden ser ofrecidos a mercados voluntarios, que responden más a un respaldo político que al comercio real de emisiones.

“No es una cosa radical”
Juan Pablo Ramos | Viceministro de Medio Ambiente y Cambios Climáticos
- ¿Cuál es la visión con la que el Gobierno encara los cambios climáticos y sus consecuencias?
- La de trabajar sobre la adaptación ligada a una visión integral. Se está buscando un plan nacional que emerja del mecanismo de adaptación y sea más concreto, aunque, sobre todo, nos interesa discutir la esencia del problema. Nuestra principal preocupación es el tema de la adaptación, y así lo estamos planteando en el contexto internacional: somos un país vulnerable, con muy poca incidencia en las condiciones de cambio climático actuales, pero tenemos repercusiones muy fuertes en todos los aspectos, inclusive políticos y culturales. El 4% del PIB de Bolivia fue afectado por los dos últimos fenómenos del Niño y la Niña. Además de contar con un mecanismo estratégico-programático, también necesitamos un mecanismo financiero, el Fondo Nacional para Cambios Climáticos, que no tenga que ver sólo con la temática medioambiental, sino también la posibilidad de que se generen fondos bilaterales que no vayan por los conductos tradicionales y de mercado de los cuales somos críticos. Necesitamos un mecanismo político, que es la conformación de un comité nacional para los cambios climáticos, presidido por el Presidente (Evo Morales) y donde puedan participar organizaciones sociales e instancias académicas, y otras decidirán en el momento.
- Esta visión crítica hacia los mercados, ¿será la misma que se postule en Copenhague?
- Ya se planteó en Poznan y la postura será la misma. Bolivia es un crítico del mecanismo del mercado. Hemos podido ver cómo una crisis del mercado financiero detonada por una empresa estadounidense pudo generar una hecatombe mundial. ¿Cómo es posible apuntar al mecanismo de mercado como principal instrumento financiero cuando vemos la debilidad que tiene? El mercado funciona con un objetivo de lucro y es complicado darle la esperanza del planeta y la incidencia de esta temática. Es una observación del país que se dio en la carta del presidente Evo Morales en Poznan y que hemos ratificado en nuestra visita a Bonn.
- ¿Qué sucederá con los proyectos como el de Takesi y el PAC-NK, que ya están avanzados?
- Si se analizan los mecanismos de mercado, en los últimos años vienen del principio contaminador-pagador, hasta es un tema ético de discusión. Pero no vamos a romper una lógica sin un análisis previo o medidas alternativas. Estamos viendo que en algunos casos excepcionales, en los cuales hubiese avances importantes, puede ser una salida, como es el del Takesi. Pero esta decisión, tomada por las organizaciones sociales y el Presidente, obedece a una razón ética: o vamos por este mecanismo que sabemos que funciona para que ciertas trasnacionales garanticen su derecho de contaminación a través de las ‘compensaciones’ o cambiamos la lógica. Nosotros estamos planteando inclusive en el tema del Programa de Reducción de Emisiones de Carbono causadas por la Deforestación y la Degradación de los Bosques (REDD, por sus siglas en inglés) que se vaya por fondos bilaterales que puedan tener el mismo efecto, pero no necesariamente bajo los mecanismos de mercado ni bajo el principio contaminador-pagador. Habrá una discusión de fondo.
- ¿Quiénes están apoyando la posición de Bolivia?
- En este momento no sabemos exactamente cuántos países, pero la crítica a los mercados no surge desde Bolivia. No sabemos si es un apoyo a la posición boliviana exclusivamente, pero hay varios que lo observan. Algunos con más énfasis, mientras que otros hablan de su regulación. Pero no se ha planteado la eliminación del mecanismo de desarrollo limpio.
- Sin embargo no es la misma lógica respecto a los mercados de hidrocarburos, soya y litio…
- No es una cosa radical. El mercado existe en el sistema socialista. Lo que nosotros criticamos es el mercado en el tema de cambios climáticos, porque es muy serio como para apuntar a un mecanismo que tiene sus debilidades y lógicas demostradas. Lo que está sucediendo es que la mayor parte de los fondos que se intentan colocar en el tema de cambios climáticos y las expectativas de reducción están centrados en los mecanismos de mercado. Eso es lo que criticamos. No es una cuestión filosófica. En realidad, lo que se está haciendo es un mercado de las trasnacionales que compran créditos de carbono para justificar espacios de contaminación. Es un juego de intereses económicos peligroso.
- Estamos en contramarcha con países como Ecuador o Papúa Nueva Guinea...
- En la prensa hay una campaña muy fuerte sobre este tema específico. Se está hablando de REDD y de Oficina de Desarrollo Limpio (ODL) como si se estuviese eliminando una oportunidad importante para el desarrollo local. En el caso de los bosques, que corresponde al tema REDD, específicamente, no hay un mecanismo único. Puede funcionar vía mercado como a través de los fondos de compensación. Nosotros vamos a apostar por un REDD distinto, para buscar mecanismos de deforestación evitada, pero no por la ruta del mercado, y no estamos en contraflecha con nadie. Las negociaciones con algunos países están enfocándose a hacer un REDD ‘a la boliviana’, una estrategia-país distinta. No pensamos sólo que la compensación va a ser la que va a frenar la deforestación, sería absolutamente falso y puede no ser sostenible. Es el manejo integral del bosque el que debe garantizar que se convierta en una alternativa económica y, a partir de eso, si hay un mecanismo de compensación adicional, muy bien.
- ¿Cuál es el poder de negociación de Bolivia?
- Es bueno. El Presidente logró poner en la palestra el tema de cambios climáticos y ha puesto al país en una expectativa interesante en la discusión internacional. Actualmente somos uno de los países considerados importantes en las negociaciones. Hemos hecho propuestas interesantes, como la deuda climática. Además, no estamos solos, hay países que coinciden con nosotros.
- ¿Cuáles son esos países?
- Específicamente no tengo una lista, pero sé que varios están analizando otras alternativas.
- ¿No perdemos fuerza al modificar nuestra posición?

- No sé si queremos un liderazgo por rutas que no son las más correctas o un liderazgo, por lo menos en nuestra propuesta, por rutas éticamente más aceptables. No estamos dejando de ser parte de REDD, tenemos una estrategia muy fuerte. ¿Bolivia quiere evitar la deforestación? Lógico. ¿Quiere participar de REDD? Sí. Pero REDD no está cerrado a una sola lógica y lo vamos a hacer por otra ruta. Queremos que el tema de la deforestación evitada no se base sólo en la compensación, que es un mecanismo hasta perverso, sino a través del manejo integral del bosque. Ya tenemos un proyecto en marcha que es en la Tierra Comunitaria de Origen Lecos, en el norte de La Paz, que surgió de Viceministerio. La última posición fue trabajada por la Cidob. No hay contradicciones en términos de lo que es la política de Estado.
- La Cidob espera un decreto que le permita comercializar los Certificados de Reducción Voluntaria del PAC-NK, ¿se va a emitir ese decreto?
- Eso se está viendo con la Cidob; no hay una posibilidad de que se caiga el tema de las expectativas con REDD, además no funcionarían de inmediato, sino a partir del 2013. El único proyecto que en realidad está en negociación es el PAC-NK y seguramente en ese tema se dará continuidad, después habrá que ver qué hermenéutica trabajamos con los otros. El decreto está en análisis, hemos quedado en tener una reunión.
- ¿Se garantizan otras alternativas que generen los millones de dólares que iban a entrar al país?
- Ni siquiera los países en desarrollo han acordado cómo va a funcionar el mecanismo. Se ha hablado de millones de dólares. Yo que estoy ‘viviendo’ las negociaciones sé que no hay nada comprometido, se han hecho cálculos de cuántas hectáreas tenemos nosotros, de cuántas dejaríamos de deforestar y, suponiendo que fuera así, llegarían los fondos, pero no hay tantos recursos en este momento a escala mundial. Creo que lo que se abren son posibilidades en términos de que los países desarrollados tienen que compensar mediante fondos y por una deuda climática que tienen con nosotros, la deforestación que nosotros vamos a evitar al alcanzar éticamente nuestro aporte en reducir los Gases Efecto Invernadero. Nunca hubo un compromiso de ningún país ni de nadie en términos de que estaban garantizados los fondos en el tema REDD para Bolivia.
- Pero estaba dentro de seis países elegidos para desarrollar proyectos REDD...
- Sigue, y tal vez mucho más ahora. Con el tema de nuestra crítica a los mercados, Bolivia sigue siendo un país escogido por el Banco Mundial y por Noruega para comenzar a desarrollar procesos REDD.
- Entonces, sí hay compromisos para lograr fondos
- Sí, hay compromisos, pero no se está hablando de grandes fondos para iniciar. Esas cifras que se manejan no son comprometidas. Se habla de un fondo para varios países para estructurar lo que deberían ser sus políticas para que, a partir del 2013, se comience a contemplar por parte de los países desarrollados, vía Naciones Unidas, lo que serían los procesos de trabajo. Nosotros mantenemos la posición, continuamos siendo un país elegido y seguimos trabajando en el tema REDD, pero con otras visiones y una estrategia propia, dentro del marco de nuestras condiciones y realidades.
- ¿Qué sucederá con lo que ya se hizo dentro del Plan Nacional de Cambios Climáticos (PNCC)?
- Nosotros estamos en un proceso de fortalecimiento. Nadie va a negar los avances anteriores y sería absurdo no dar continuidad a lo hecho. Estamos tratando de tener una transición lo menos complicada. Vamos a fortalecer el PNCC, porque tendrá un nuevo instrumento de planificación, un fondo que no manejará sólo el PNCC, porque es para varios actores. Estamos pensando que el fondo tiene que ser apoyado por los países generadores de este conflicto y lo queremos trabajar de manera bilateral. Estamos en un proceso de fortalecimiento que tendrá componentes, como el indígena.

1 comentario:

Dennis H. Lewis dijo...

Siempre son complicadas las cosas de negociacion internacional, verdad?

Enhorabuena por el artículo.