09 enero, 2009

Yacaspata: ¿Qué había en el cementerio mollo?



Investigación. Importante patrimonio cultural ha sido destruido por la omisión de varias normas. Se quiere sentar precedentes para que actos así no se repitan.

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Ha dejado de llover en Ambaná. Las plantaciones muestran productos frágiles y debilitados, y se prevé ya una cosecha pobre. Hay quienes piden rituales expiatorios. Poco a poco los pobladores se convencen de que esta sequía es un castigo por haber profanado las tumbas de los antepasados.
El pueblo, ubicado a dos horas de Achacachi en la provincia Camacho de La Paz, está triste. Las pesadas maquinarias que trabajaron hasta hace unas semanas en la zona, abriendo una nueva carretera, han enmudecido. Y todos los pobladores saben por qué.
La empresa Siles, subcontratada por Reedco, (a su vez contratada por la Prefectura) estaba encargada de la apertura del tramo Humacha-Ambaná. La obra forma parte de una carretera ansiada por los vecinos de esta región marcadamente postergada del occidente boliviano.
El 12 de septiembre, el rumor de que la empresa Siles había encontrado restos arqueológicos en la zona denominada Yacaspata, situada a 1.5 kilómetros de Ambaná, despertó más temprano de lo habitual a los vecinos. Inmediatamente algunos de ellos se hicieron presentes en la obra para solicitar se suspendan los trabajos de remoción de tierra. El pedido no fue escuchado. “Me dieron ganas de llorar”, cuenta Julián Rengel, Presidente de la Junta de Vecinos del Cantón Ambaná. “Un día antes habíamos pedido que paren las excavaciones, pero a la mañana siguiente yo pude ver cómo el tractor seguía los trabajos mientras los obreros, parados en fila, esperaban para ver qué podían encontrar entre los escombros que la máquina dejaba”.
Luego de la denuncia ante el Viceministerio de Cultura y la Unidad de Arqueología (UNAR), recién el 29 de septiembre, a dos semanas del primer hallazgo, las obras en la zona se paralizaron. Si bien la denuncia ante las autoridades pertinentes fue formulada el 15 de septiembre, la reacción de ambas entidades se dejó esperar. El 1 de octubre el Lic. Rudén Plaza Martínez, investigador de la UNAR, presentó el primer informe de evaluación sobre los daños que Yacaspata ha sufrido.
Este informe (UNAR/181/80), determina que “Yacaspata es un sitio arqueológico cuya superficie oscila a cerca de 12 hectáreas, inmediatamente adjunto al antiguo camino carretero que conduce hasta Ambaná, por el sector de la escultura Corazón de Jesús (donde tiene su campamento la empresa Siles). El emplazamiento de este yacimiento arqueológico recae en una colina relativamente alta, con laderas muy empinadas por lo general, exceptuando la norte que desciende gradualmente hasta la nombrada carretera…”. Tras describir el emplazamiento de terrazas el informe de Plaza añade: “En este contexto general, principalmente en la ladera norte, hasta el camino carretero antiguo, se observaron alrededor de seis decenas de tumbas prehispánicas profanadas (huequeadas) dispuestas aleatoriamente, muchas de ellas fueron exhumadas muy recientemente y otras en el pasado inmediato. Con relación a la denuncia de hallazgos arqueológicos durante la construcción de la carretera, la misión realizada pudo corroborar plenamente aquello… Cabe señalar también que cuando se consultó a algunos miembros de la empresa constructora en el campamento acerca de de hallazgos y destrucción de entierros en el lugar (antes de realizar la inspección), recibimos la respuesta de que ‘no se ha encontrado nada’, empero, como resaltan las evidencias materiales en el sector, el daño causado por la construcción de la carretera es mayúsculo.”
Dentro de las conclusiones de Plaza Martínez se destaca la pérdida del patrimonio arqueológico en manos de la constructora Siles y se indica que el proceso de destrucción fue gradual, “por lo que se puede colegir, indica el investigador, que el acto fue premeditado”.
Ante el documento de Ruden Plaza Martínez, la empresa implicada respondió su descargo a través del ingeniero Víctor Hugo Gómez, Gerente de Proyecto de B.C.I Consultores por el Servicio de Supervisión de Obras (Cite/137/2008 del 13 de octubre). En el informe dirigido a Alfredo Salazar, Fiscal de Obra de la Prefectura paceña, Gómez asegura: “Ni el personal a mi cargo ni mi persona tenía conocimiento de la existencia del Sitio mencionado como legado arqueológico; en el contrato entre la Prefectura y la Empresa no estipula en ninguna cláusula sobre aspecto similar que se menciona en el informe de la UNAR… Una vez anoticiados de la existencia de un informe y queja por parte de las autoridades de la localidad de Ambaná el día 29 de septiembre se hizo la paralización oficial de las obras…”
Pasaron 17 días entre el primer hallazgo y la paralización de las obras. Los vecinos de Ambaná cuentan que, en ese periodo, los obreros de la constructora se dieron a la tarea de recoger cualquier vestigio de valor que se hubiera encontrado en las tumbas.
Julián Rengel dice que uno de los ingenieros de la empresa Siles le habría propuesto dividirse a partes iguales el botín, entre la empresa y la comunidad. “Yo lo rechacé”, asegura Rengel.
Por su parte los obreros aseveran que no sólo ellos buscaron entre las tumbas, sino también los comunarios. Como sea, lo cierto es que en esos 17 días casi todas las tumbas en la zona fueron profanadas.
Durante la visita que hizo ¡OH! a Ambaná, obreros, pobladores y reconocidas personalidades del lugar, confirmaron que dentro de las tumbas había objetos de oro y plata. Incluso contaron que algunos de los obreros llevaron estas reliquias para mostrarlas en el pueblo y que dos de los tractoristas se habían fugado con parte del tesoro.
Christian G. Eduardo, gerente general de la Constructora Reedco, desmiente dichas acusaciones. Asegura que su planilla de empleados es la misma de cuando se empezó la obra, lo que no pudo ser comprobado por ¡OH!
Tras la denuncia de la comunidad de Ambaná, la empresa procedió a devolver algunas de las vasijas que se habían encontrado en la zona. En acto público se entregó a la comunidad 10 vasijas perfectamente conservadas. Una acción llamativa, ya que si el daño fue hecho en base a maquinarias pesadas, estas vasijas deberían haber estado rotas en pedazos, como los muchos trozos de cerámica que aún se encuentran regados en el lugar.

“No deberían llamarse tumbas”
Pese a la información proporcionada por el licenciado Plaza Martínez, el 16 de octubre el ingeniero Ramiro Carrasco, director técnico del SEDCAM (Servicio Departamental de Caminos), envía al prefecto paceño Pablo Ramos un informe suscrito por el Fiscal de Obras, ingeniero Alfredo Salazar, totalmente contradictorio. En éste, Salazar destaca que en Yacaspata “no se halló ningún tipo de resto humano, y a nuestro entender, no se debería llamar ‘tumba’ en este caso, a ninguna de las pequeñas fosas encontradas. Se contabilizaron 15 fosas que fueron afectadas en la excavación del tramo que pasa por detrás del Cristo de Ambaná (Yacaspata). Se encontraron únicamente 10 vasijas de cerámica que fueron devueltas a la comunidad de Ambaná. Ya no se afectará la excavación a lo ancho del eje”.
Salazar solicita además que la UNAR disponga de un investigador que corrobore lo expuesto en su informe y dé el permiso correspondiente para proseguir los trabajos en el sector “para no perjudicar el progreso que significa una mejor carretera para la comunidad de Ambaná”.
La postura de priorizar la vía carretera a la preservación del sitio también es compartida por las funcionarias de la dirección de Patrimonio de la Prefectura, Paola López (Asesora Jurídica) y Sasandra Salcedo (Responsable de Patrimonio). Ambas advierten el riesgo de que el pleito por las ruinas retrase seriamente la obra carretera. También cuestionan si la preservación de un lugar así vale la pena. (Ver entrevista).
Pero más allá de las valoraciones y análisis de culpabilidad, durante su visita a la zona, ¡OH! pudo comprobar la destrucción que ha sufrido el sitio y sus irreversibles consecuencias. A cada paso se encuentran pedazos de cerámica, y en algunas de las tumbas todavía existen restos óseos.
En Yacaspata parece haber caído una lluvia de meteoritos. Los huecos en la tierra se multiplican en toda dirección. “Parece un trabajo de liebres o topos, no de obreros. Y ya ha pasado así en otras oportunidades”, comenta un visitante que tiene varios trabajos académicos sobre saqueos.
No sólo el tramo donde el tractor arrasó con las tumbas es una muestra de la destrucción del lugar. Más allá de las tumbas que se ven claramente en el corte de tierra que hizo la empresa, y de los restos que han quedado entre los escombros, existen otras tumbas que han sido profanadas recientemente y otras, las menos, que lo fueron mucho antes. Hay huecos abiertos en la tierra por huaqueros inescrupulosos e inexpertos que se dieron a la tarea de desenterrar cualquier vestigio que despertara su ambición.
La empresa abrió un inmenso hoyo, de casi 10 metros, en un lugar bastante alejado de la carretera. Los pobladores de Ambaná no se explican qué buscaban los obreros.
Una tras otra, las tumbas abiertas dan cuenta de la invalorable pérdida arqueológica. “La cultura mollo es imprescindible para estudiar nuestra historia. Los arqueólogos padecemos para encontrar una sola de estas tumbas. Es muy doloroso ver esta destrucción masiva que pudo haberse evitado”, explica el arqueólogo Jedú Sagárnaga, quien acompañó la expedición hasta Ambaná junto a ¡OH! y al historiador Pedro Callisaya.
Sagárnaga corrobora los informes de sus colegas de la UNAR asegurando que lo hallado en el lugar son, sin duda, tumbas de la cultura mollo. Recuerda que en éstas los antepasados acostumbraban a enterrar junto a los muertos, piezas de cerámica y objetos de oro y plata.

Sin licencia
El siguiente informe en este caso fue suscrito por el arqueólogo José Estevez, especialista de la UNAR, y corroborado por el jefe nacional de esta entidad, licenciado Javier Escalante, el 18 de noviembre de 2008 (UNAR No. 235/2008). Estévez va más allá y pone montos exactos a la destrucción de Yacaspata. De acuerdo al experto, “los daños a Yacaspata son enormes y cuantiosos, se trata de la destrucción de un cementerio nada menos que de la cultura mollo. Como consecuencia del descubrimiento de las tumbas a fuerza de las máquinas, se llevó, acto seguido, al saqueo sistemático y ordenado del tesoro prehispánico.” Estevez contabiliza 91 tumbas abiertas y establece un daño económico de 5.000 dólares por tumba, “suma por cierto modesta por la pérdida total e irreparable del legado cultural de una nación que hoy denominamos como Mollo y cuyos descendientes radican aún en los contrafuertes andinos de la provincia Camacho.”
El experto sugiere que este dinero sea utilizado para el rescate de emergencia de las demás tumbas aún intactas que se hallan en el sitio y en los terrenos aledaños, así como para la construcción de un museo de sitio y un albergue comunal.
Por su parte, la empresa en cuestión admite que hubo un “error” pero que en ninguna parte del contrato firmado con la Prefectura se contemplan acciones en caso de encontrarse restos arqueológicos. Cristhian Eduardo, explica que el diseño de la carretera se cambió a solicitud de los pobladores de Ambaná y que producto de ello, la supervisión del proyecto se encargó de hacer el diseño y presupuesto de esta variante. El diseño final en teoría fue aprobado y revisado por el ente contratante (la Prefectura). “Nunca se nos había comunicado que en el sector habría ruinas arqueológicas. Se procede a trabajar y mientras se ejecutan las excavaciones con maquinaria grande, en el transcurso de un día de trabajo se encuentran estos habitáculos, restos… no tengo capacidad para definir qué son”.
Eduardo explica que, como no se tenía conocimiento del reglamento de excavaciones, se siguió trabajando durante cuatro días más sin que se avise a la DINAAR del hallazgo, aunque se tuvo una reunión con la Alcaldía y los vecinos y se coordinó para que algunos pobladores subieran a Yacaspata para acompañar la excavación. Esto es refutado por David Alarcón, presidente del Centro Cívico de Ambaná, quien asegura que cuando los vecinos quisieron tomar parte de la supervisión de la obra, fueron despedidos por el encargado.
“Nosotros nos hemos sujetado estrictamente a hacer lo que se nos ha instruido y a lo que está en el diseño. Evidentemente en el contrato, que es genérico para todo el Estado boliviano, no hay precauciones o instrucciones a seguir al momento de llegar a esta situación. Lamentamos el desconocimiento de este reglamento de excavaciones. Ahora lo sabemos y estamos seguros de que no vamos a volver a cometer un error. Nosotros lo consideramos un error, ya que esto no se ha hecho de forma maliciosa o para quedarse con algunas piezas que podrían haber sido encontradas en el momento. Se ha hecho netamente el trabajo estipulado.”
Un agravante clave se suma al desastre de Yacaspata: el camino Humacha- Amabaná no cuenta con licencia ambiental y por ello no se realizó ningún estudio de suelo que podría haber advertido de inmediato la existencia de restos arqueológicos. Esto se determina en el informe 2782/08 del Viceministerio de Biodiversidad.
Esta carencia sin embargo, no es responsabilidad de la empresa. Eduardo explica que “cuando una institución licita un proyecto se supone que ha cumplido muchos requerimientos, ha hecho un estudio de prefactibilidad, de factibilidad donde se considera el medio ambiente y se debió sacar una ficha ambiental, pero no es un recurso que le corresponda ejecutar a la empresa, sino a la institución licitante, en este caso la Prefectura. Desconozco si existe o no una ficha ambiental.”
Lo que sí resulta responsabilidad neta de la empresa es no haber detenido las obras en cuanto se encontró la primera tumba, “Aún así, teniendo desconocimiento del reglamento arqueológico, se han resguardado las piezas que se hallaron, las vasijas de cerámica. Lo único en lo que hemos incurrido en error es que no hemos dado parte oportunamente sobre lo que se encontró”. Eduardo asegura que no conoce nada sobre hallazgo de oro y plata en el lugar. “Yo sobre eso no tengo conocimiento, personalmente no he recibido ninguna información, la empresa no ha encontrado nada de ello. Respecto a lo que ha ocurrido fuera del área donde se nos ha contratado, nosotros no podemos hacer nada. Lo que hace la gente fuera de las horas de trabajo no es problema de la empresa. Tengo información de que no solamente ha habido gente de la empresa que posiblemente haya ido a escarbar en la noche, sino también comunarios.”
¿Cuál será la responsabilidad de la empresa en este hecho? “La empresa se encuentra dispuesta a dar soluciones como ya las ha hecho poniendo en consideración de la gente de Ambaná un proyecto de un parque, de un área reservada arqueológica, pero en realidad contractualmente no encontramos nada que nos lleve a hacer un resarcimiento más allá. Estamos abiertos a encontrar soluciones, pero formalmente no hemos encontrado un punto en el cual podamos decir cómo vamos a resarcir esto. Evidentemente se ha hecho un daño en un sector, pero este sector aparentemente tiene aproximadamente 8 hectáreas, de las cuales la afectación que podríamos haber hecho no llega ni al 5 por ciento de esta área arqueológica”.
El proyecto que se ha puesto en consideración de los ambateños cuesta alrededor de 100.000 dólares. Ese dinero sería financiado por el pueblo u otras instituciones, pero no por la empresa, “es una suma que la empresa no tiene, pero estamos dispuestos a apoyar en la medida de nuestras posibilidades.”

Para que no se repita
David Aruquipa, Director de Patrimonio Cultural del Viceministerio de Cultura, no duda en señalar como principal culpable de este desastre a la Prefectura por no haber contado con la licencia ambiental correspondiente para el tramo de la carretera, aunque no deslinda responsabilidades de la empresa al no haber detenido las obras ante el hallazgo de la primera tumba. Aruquipa confirma los informes de los técnicos de la UNAR. Asegura que con la resolución de este caso se quiere sentar un precedente. Dice que la institución dará continuidad al proceso legal de responsabilidades penales por la destrucción del sitio arqueológico, en estricto cumplimiento de la normativa legal para sancionar a los autores de la destrucción del patrimonio cultural de Yacaspata, de acuerdo al proceso iniciado por el gobierno municipal de Carabuco.
También afirma que las obras del tramo Humacha-Ambaná continuarán, a excepción del tramo en conflicto, hasta que se culmine el proyecto “Registro y estudio del cementerio mollo en el sitio de Yacaspata”. Según la autoridad este proyecto deberá ser financiado por la Prefectura y la empresa constructora.
Al parecer todo está en orden en ambientes oficiales y empresariales, salvo alguna agitación y varias reuniones en días previos a este reportaje. Mientras en Ambaná el caos desatado por la profanación parece haber repercutido en un cielo sin nubes, sembradíos estériles y un pesar creciente.
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“El Municipio es el responsable”
En la Secretaria de Cultura y Patrimonio la abogada Paola López y la arquitecta Sasandra Salcedo trabajan el caso de Ambaná. Molestas por las denuncias de los cívicos ambaneños las dos funcionarias prefecturales ya tienen una conclusión: “Todas las partes son culpables”. Reciben amablemente a ¡OH! con la esperanza de que “la población tome consciencia de la preservación del patrimonio”.

¡OH! ¿Fue un “error”, como dice la empresa, toparse con chullpas, y proceder a derruirlas sin avisar a las autoridades?
Paola López (PL).- Nosotros tenemos una posición distinta. En algún momento hasta he sido tachada de ser abogada de la empresa. Pero hay una consideración importante: aquí ha habido daños de parte de todo lado.
Para empezar, existe un Reglamento de Excavaciones Arqueológicas que lamentablemente no ha sido socializado. En cuanto a contratos de construcción de caminos, no hay una cláusula que indique que, en caso de encontrarse piezas arqueológicas, se deba notificar, a la brevedad posible, a la UNAR.

¡OH! Pero la Constitución Política del Estado (CPE)…
PL- Si bien existe el artículo 83 de la CPE, que dice que el Estado protege todo lo que significa patrimonio nacional, obviamente este Reglamento tendría que haber sido socializado. Y en lo que respecta a contratos ya estamos planteando que se pongan las clausulas arqueológicas y de otro tipo más.
En lo que respecta a Ambaná y la denuncia hecha por el Centro Cívico, cabe recalcar que ellos son residentes en La Paz. En el pueblo, que son unas personas que viven alrededor de la plaza, dicen que los del centro nunca están allí, que sólo van de vez en cuando. (…) Es como un pueblo fantasma y no tendría ningún tipo de fuerza como para hacer algún reclamo. Es por eso que yo observo, como asesora legal, el por qué la denuncia comienza por el Centro Cívico y no así por un municipio.

¡OH! Pero bueno, bastaría que cualquier ciudadano denuncie que hay destrucción de patrimonio del país para que sea atendido por las autoridades …
PL.- Obviamente, pero quienes dan impulso son los del Centro Cívico.

¡OH! ¿Y eso es malo?
PL.-No, no los observo. Pero las acciones de denuncia tienen que ser coordinadas con las autoridades. Existe una Ley de Municipalidades, y ellos están sobrepasando la autoridad de lo que es el Alcalde. A él lo hemos invitado varias veces, incluso personalmente, y no lo hizo. Sólo mandó a un asesor legal que no es funcionario del municipio. Alguien está fungiendo acciones que no le competen.

¡OH! ¿Qué hicieron sobre la denuncia en sí?
PL.-Nosotros nos constituimos allá el 30 y 31 de octubre. Casualmente era la fiesta de Ambaná y estaban todas las autoridades. Nos quedamos para hacer un levantamiento de datos y fiscalización, a cargo del SEPCAM. La empresa PROCEC no tuvo problemas para hablar con nosotros.
Estaba comprometido a ir el Viceministerio de Cultura, pero no se hizo presente. No explican hasta ahora el porqué. Indicaron que no tenían medios para transportarse, pero nosotros se los ofrecimos.

¡OH! ¿Es decir que la principal autoridad del país en el tema no reaccionó hasta esa fecha?
Sasandra Salcedo (SS).- No, es que se trata de un proyecto del 2004. Por problemas entre municipios se hizo un cambio de trazo. Por cuestiones técnicas se necesitaba hacer este trazo por la zona del sitio arqueológico. Si bien estaba registrado, no se tiene más información en la UNAR sobre su valor ni su categoría.
Sabemos las limitaciones que la UNAR tiene en recursos, sin embargo, pese a ello, reaccionó a la denuncia. Enviaron una primera misión el 27 de septiembre. Nosotros, como Prefectura, todavía no teníamos ningún conocimiento. Llegó recién el 7 de octubre. Iniciamos entonces gestiones para no sólo tocar este tema, sino además otros casos de destrucción de patrimonio.

¡OH! ¿Pero acaso éste no era el emergente?
SS.-Ya había otro, varios. Ahorita tenemos cinco casos latentes y otros en los que hay que hacer seguimiento.
Cuando empezamos a coordinar internamente acciones con el SEPCAM, Obras Civiles y otras instancias, un día, los del Centro Cívico de Ambaná quisieron participar. Al avisarles que era una reunión interna de la Prefectura, se enojaron y empezaron a ir a los medios y hacer amenazas.
Ahora, si bien el Centro Cívico hizo la denuncia del 15 de septiembre, nosotros tenemos documentos de que también el Centro participó en la solicitud del cambio de trazo.

¡OH! Vuelvo al principio. ¿La empresa podía proceder así?
SS.- La empresa no tiene ningún argumento legal para decir “desconocíamos” porque está en la CPE, y no se puede alegar desconocimiento de leyes. Sin embargo, el 10 de septiembre ante una nota de advertencia del subalcalde de que se dañaría patrimonio, se realiza una reunión. Luego el subalcalde y la Junta de Vecinos autorizan la apertura en el trazo.

¡OH! Pero entonces, la empresa, a la primera topada con restos y chullpas debería haber parado…
SS.-Ya sabían que había (restos), pero la Subalcaldía autoriza.

¡OH! ¿Y ellos no se dieron cuenta de lo que hacían?
SS.- A lo que vamos nosotros es que es un desconocimiento de varias instancias. Era una apertura condicionada sólo al trazo establecido. Incluso había un comité de vigilancia.

¡OH! ¿No se hizo un rastreo previo, como se hace en toda obra, incluso en gasoductos?
PL.- Ya se sabía que había restos hace 15 años, cuando se trabajó el lugar por primera vez. Lo que pasa es que la gente del lugar dice: “Nosotros queremos el progreso, ya sabemos que hay cementerio y chullpas, pero nosotros queremos el progreso para Ambaná”.

¡OH! ¿Y la Prefectura les va a hacer caso así nomás? ¿Si abajo hubiera un Machu Pichu, le meten los tractores a pedido de los pobladores?
PL.- Claro, no podemos hacer caso. Pero hay que pensar qué pasa si después de 15 años, al retomarse una obra, ésta se hace conflictiva, dígame: ¿qué empresa va a querer ir a trabajar allá?
Si el segundo tramo de la ruta está con esos problemas, ¿qué empresa va a querer realizar el tercer tramo?

¡OH! ¿Tenía licencia ambiental el tramo? La denuncia dice que
no.
PL.- La estaban tramitando, pero por los problemas de Sánchez de Lozada, se quemó mucha documentación.
SS.- Y para un cambio de orden no es necesaria una licencia ambiental.

¡OH! Por otra parte, tengo un informe del Fiscal de Obras, Alfredo Salazar, que dice que no había restos, sino huecos. ¿Cómo no pudo verlas?
PL. Es que ha habido mucha distorsión. La UNAR hizo tres misiones. En la primera el informe técnico (Ruden Plaza Martínez) tenía acusaciones directas y fue anulado. Pero el Centro Cívico se agarró de ese informe como bandera para hacer sus denuncias.
SS.- Un informe que no es oficial, los oficiales saldrán recién.
PL.- Luego el Centro se llevó a otro arqueólogo de la UNAR, José Estevez, nuevamente. Por su cuenta, sin que vayamos todas las instituciones que teníamos que ver con el caso.
Ese informe es demasiado fantasioso. Habla de pecheras, coronas, cinturones de oro, parecía la cultura incaica, no mollo.

¡OH! Pero finalmente, ¿hubo o no destrucción y saqueo arqueológico?
PL.- Cuando fuimos finalmente todos, el arqueólogo dijo que la clasificación es del tercer tipo. Es decir, un simple cementerio.

¡OH! ¿Hubo “huaqueo”?
PL.- Sí, pero ya fue por parte de los comunarios.

¡OH! ¿Cómo es que la empresa entrega vasijas íntegras?, ¿No es acaso esto un indicio de “huaqueo”.
PL. Puede ser. Nosotros no estamos deslindando responsabilidades.
SS.- La parte legal ya está siguiendo su curso. Todos van a asumir sus responsabilidades. En lo que hay que hacer una valoración integral que finalmente no sólo la hacen las instituciones, la da la sociedad.
Yo, como conservadora, veo el destrozo del sitio, pero pensemos, ¿qué ha pasado con Tiwanacu?, ¿qué ha pasado con Pasto Grande?

¡OH! Pero vamos a caer en eso de “mal de muchos, consuelo de tontos”. En Perú, por ejemplo, a una persona que apenas afectó una roca en Machu Pichu la detuvieron de inmediato y fue objeto de intensas investigaciones. Acá se habla de un saqueo de piezas de oro y plata y todos andan libres y desafiantes.
SS-. Es que hay que analizar normas y responsabilidades. El Municipio era el primer responsable en este caso.

¡OH! ¿Entonces en este caso el Municipio de Ambaná va a acabar siendo el culpable?
PL.- Sí.

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Las normas
- El Código Penal, en su artículo 223, menciona que “El que destruyere, deteriorare, sustraiga o exporte un bien perteneciente al dominio público, una fuente de riqueza, monumento u objeto del patrimonio arqueológico, histórico o artístico nacional, incurrirá en privación de libertad de uno a seis años”.
- El artículo 358 (Daño calificado) señala que “La sanción será de privación de libertad de uno a seis años. Cuando recayese en cosas de valor artístico, arqueológico, histórico, religioso,… la sanción será aumentada en un tercio”.
- El Reglamento de Excavaciones Arqueológicas en Bolivia, en su artículo 5to sostiene que: “Quienes destruyan o deterioren monumentos y reliquias prehispánicas, mediante excavaciones clandestinas, podrán ser detenidos por las autoridades policiales, a petición de la DINAAR; además pasibles de las sanciones prescritas por el Código Penal mencionado”.
- El mismo reglamento en su artículo 49 menciona que “la autoridad, funcionario, contratista, persona natural y jurídica que practicase excavaciones y/o remociones de tierra, con el objeto de realizar trabajos de construcción civil, exploraciones mineras, aperturas de vías camineras y otros de índole semejante, está obligado a denunciar ante la DINAAR, el descubrimiento de cualquier objeto, pieza y ruina de carácter prehispánico que encontrare en las excavaciones y/o remociones de tierra, que esté practicando y será responsable de su vigilancia y conservación hasta que los comisionados se hagan cargo de lo hallado”.

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