20 agosto, 2008

Jorge Lazarte: “El alma del MAS está más cerca de la revolución que de la democracia”

Muchas preguntas se ciernen en torno al referendo revocatorio que se realiza este domingo, la mayoría se centran en saber qué cambiará en Bolivia después de este 10 de agosto. Jorge Lazarte, analista, politólogo y ex constituyente, revisa los procesos que han desembocado en un evento electoral sin precedentes, carente de legalidad y constitucionalidad, pero que se ha llevado adelante contra todo pronóstico.
Desde el desacuerdo de la Asamblea Constituyente hasta el referendo revocatorio de hoy, los episodios se han desarrollado en una vorágine sin final predecible. ¡OH!, quiere conocer una vez más la opinión de Lazarte, quien ha estado muy cerca de los hechos, para tratar de vislumbrar el panorama que le espera al país.


¡OH! ¿Por qué hemos llegado a este punto? ¿Tenemos o no cultura política los bolivianos?
Por un lado son fracturas históricas que se han acumulado en el tiempo y que ahora se superponen y se nutren recíprocamente, y que en democracia no han encontrado el camino para ser resueltas y los que debieron hacerlo prefirieron mirar a otro lado y aprovechar en general de las ventajas del poder. Son fracturas sociales y políticas que siempre hemos tenido, y étnicas, que se han agudizado en los últimos años combinándose con las regionales. Son muy difíciles de manejar porque hay que resolverlas todas a la vez. Cuando todos estos factores se reúnen, es una mezcla potencialmente explosiva e inmanejable. Si además se expresan en actores sociales y políticos que han puesto en cuestión toda la organización institucional del país, el sistema de representación, el modelo económico, el de integración social , el de integración cultural, la forma de organización del Estado, regional y étnica, entonces estas fracturas se potencian en su efecto desestructurador.
Con estas fracturas el país llegó a diciembre de 2005, con una crisis que tuvo como vectores a movimientos de protesta y que ayuda a explicar lo sorprendente de los resultados electorales.




¡OH! ¿Actores representados por los hoy llamados movimientos sociales?
Movimientos sociales es una denominación muy genérica que ha servido más para idealizarlos y legitimarlos que para explicarlos.
La parte novedosa de esos movimientos sociales, a diferencia de los tradicionales-sindicales, fueron los étnicos y los regionales, que cuestionaron la forma de organización del Estado. Y como en democracia en los últimos 25 años los que gobernaron se ocuparon de todo menos de que la democracia responda a estas fracturas, entonces quedaron como temas pendientes que los partidos no pusieron en agenda. Quizá el gran saldo no de la democracia sino en democracia fue no haber agendado las grandes fracturas históricas, lo que suponía construir un país distinto pero en democracia.

¡OH! ¿Qué ha fallado en el proceso?
El país dejó pasar varias oportunidades en el pasado para construir el país de todos. La fundación misma de la República, la revolución federal, con el programa liberal; y la revolución del '52 con el programa nacionalista que fue seguramente el intento más importante de construir un país, pero no tuvo tiempo y tampoco los líderes para apostar a largo plazo; pronto se agotó en su impulso y los regímenes militares simplemente heredaron el modelo del 52 en su variante represiva, e hicieron lo que la historia conoce. Lo que falló es que se quiso hacer un país sin una parte del país. En el caso del MNR su inspiración se acabó pronto.

¡OH! ¿Qué papel le ha tocado jugar al MAS?
Dada la debilidad de las elites políticas tradicionales y su descalificación, había necesidad de una fuerza social comparable a la del '52, que tenga las ideas claras, es decir un proyecto integrador de país, y arrastre al país hacia una dirección compartida, pero había que hacerlo en democracia. El actual gobierno tenía la fuerza electoral y social para hacerlo y por tanto era la oportunidad del país para recomponerse. La victoria contundente de Evo Morales fue recibida con entusiasmo contagiante que revirtió las tendencias negativas y pesimistas del país durante los primeros meses. El entusiasmo por distintas razones fue compartido por la comunidad internacional que estaba dispuesta a poner de su parte para que el desafío fuera exitoso.


¡OH! ¿Cómo es que se desperdicia esta oportunidad histórica?
En primer lugar, el MAS creyó que al ganar las elecciones en realidad había ganado el derecho a tener el poder, pero en democracia se gana el derecho a gobernar.
Entonces se ocupó más de conquistar el poder que no tenía, y no de gobernar, que es lo que debía hacer. Gobernando en debida forma podía hacer los cambios que requería el país y estaba esperando. Pero lo dominó la necesidad de poder y apostó a la Asamblea Constituyente, para "refundar" el país. Aquí afloraron las debilidades y puntos ciegos del MAS.
El proceso electoral precipitado del 2005 sorprendió al MAS en un proceso de metamorfosis de movimiento cocalero a nacional, y dotarse de estructuras políticas básicas, de capacidad de gobierno y elaborar su propia visión de país. Su victoria interrumpió este proceso de maduración y sin estas tareas resueltas llegó al gobierno. Una vez en él, hilvanó sus consignas en una visión de país fuertemente andino-centrista, que no es integradora y que era de suponer que no iba a ser atractiva para la otra parte del país y para los sectores medios. Eso tenía que generar conflicto.
Esta visión etnicista de país fue acompañada de una cierta visión sobre el diseño de una nueva estructura del poder en el país, que efectivamente reivindique a los sectores tradicionalmente excluidos. Pero esta visión tenía en su base la idea de que para ello había que invertir lo existente, de manera tal que los que habían dominado antes sean en adelante los dominados, y los dominados sean los dominantes. Esto no tenía nada de democrático, como no tenía ni tienen la idea de poder predominante en el MAS. El famoso empate catastrófico debía resolverse con la victoria de uno sobre el otro, construyendo lo que llamaron un nuevo bloque de poder que reemplazara al anterior.
A ello se sumaría una estrategia de poder que consistía precisamente en tener el poder por largo tiempo, sea por la vía de un copamiento de las nuevas estructuras de poder, sea por la vía electoral, o finalmente la imposición desde abajo, mediante el control social. Una visión distinta de país y de poder, con estrategia dominante de poder, juntamente con intereses corporativos muy fuertes que defendía, todo esto conformaba un paquete difícilmente concertable, peor aún si sus operadores políticos no tenían ninguna inclinación a los compromisos duraderos ni aptitud para ello.

¡OH! ¿Entonces qué significado tuvo la Asamblea Constituyente?
Todas estas apuestas debían tener su realización pacífica en la Asamblea Constituyente. No era concebible que la Constituyente viabilice ese proyecto de poder, peor aún si no era concertable. Y efectivamente eso ocurrió y la mayoría de la Asamblea tuvo que imponerlo, pero contra la resistencia de la otra parte del país. De este modo el proyecto de Oruro se inviabilizó, poniendo en riesgo inclusive lo que debía ser una apuesta en favor de lo que siempre habían sido excluidos de la vida del país.
En la constituyente apareció otro punto ciego, o una ausencia terrible porque ni los masistas tradicionales ni los neomasistas pensaron cómo podían hacerse los cambios "estructurales" en Bolivia en los marcos democráticos. Este vacío fue cubierto con esa fórmula de "revolución democrática"

¡OH! ¿No es el término mismo contradictorio?
El que se haya acuñado este término en el gobierno y no antes, ya es ilustrativo de las ambivalencias internas del MAS, entre revolución y democracia, entre la dureza y apertura, entre amenaza y conciliación, entre imposición y "dialogo", pero el alma del MAS está más cerca de la revolución que de la democracia y esta su pauta de comportamiento.
En realidad los dirigentes del MAS tienen una idea de la democracia que no es democrática. Es una democracia reducida a elecciones, a pueblo que vota. Es una visión plebiscitaria de la democracia. El pueblo no elige sino que vota para dar y reforzar el poder que ya se tiene. La democracia plebiscitaria encierra la idea de que el pueblo es inherentemente democrático, no importa cómo se exprese. Es confundir soberanía popular con democracia, como ocurre con el referendo en marcha.

¡OH! Pero acá estamos, inmersos en este proceso que no tiene constitucionalidad ni legalidad, ¿por qué se ha llegado a él?
Más allí de lo inverosímil de este referéndum revocatorio su existencia es resultado de dos fracasos: el fracaso de la Asamblea Constituyente y el fracaso sucesivos de los "diálogos". A ello se sumaron los cálculos políticos para eliminar a los prefectos desafectos, las jugadas o malas jugadas de sus adversarios, las reglas bajo las cuales se realiza, y que pueden producir resultados insólitos; y todas las impugnaciones y dudas, como nunca ha ocurrido con un proceso electoral por lo menos en los últimos 25 años. En general la población sólo sabe que debe votar y descubrirá los problemas después de haberlo hecho cuando se sorprenda cómo se cuenta su voto.

¡OH! ¿Qué va a cambiar en realidad después del 10 de agosto?
Todos los escenarios que podrían verse hacia adelante son negativos porque se ha abandonado el camino hacia la solución: ponerse de acuerdo sobre un nuevo texto constitucional. Para saber cuanto de negativo será su saldo dependerá de los resultados concretos, pero sobre un escenario de base predecible: el país va a ratificar y hasta ahondar sus divisiones. Está claro que ningún referéndum resuelve todos los problemas del país, pero este referéndum no va a resolver el problema político de fondo y por ello mismo es cuestionable.

¡OH! ¿Quién debió cuestionar?
Lo que hay que cuestionar es el fundamento mismo del referéndum revocatorio que no es democrático y no es cuestionado en el país. No es pensable que las diferencias políticas entre un presidente y los prefectos tengan que resolverse con un referéndum, esto riñe con una idea fundamental de la democracia que es el pluralismo.
Nos parece casi natural ahora que todo deba ir a referendo. Ello puede explicarse por el intento no logrado de hacer funcionar instituciones democráticas en un país que no es democrático. No hubo el 'humus' que dé vida a esas instituciones. Quienes en un tiempo pudieron hacerlo han preferido dedicarse a otra cosa. Se ha creado una democracia débil que no tiene capacidad de defensa. Las reglas mínimas de convivencia no funcionan y no hay instituciones para hacerlas cumplir ni para que el país vuelva al derecho y no siga viviendo una situación de hecho. Todo esto quiere decir, que como nunca si está en cuestión la preservación misma de la democracia.

¡OH! El Tribunal Constitucional está acéfalo desde hace casi un año, ¿cuál ha sido la ingerencia de este vacío en la realización del referéndum?
El Tribunal Constitucional es la garantía institucional no solamente de derechos ciudadanos básicos sino de que las instituciones puedan funcionar de manera adecuada cada una en su propio ámbito, y pueda resolver disputas entre actores con respecto a las instituciones o actores entre sí a través de las decisiones del Tribunal. La cabeza misma del sistema jurídico boliviano no está funcionando. Este vacío se ha convertido en una coartada para violar la ley.

¡OH! ¿Cuál ha sido el rol de la oposición en todo esto?
La oposición se desencaminó en el proceso. Salió destrozada del 2005 frente a un monstruo electoral, que además tenía la historia en su favor porque el país quería cambios. Sin ofrecer una visión distinta de cambio y no era creíble, la oposición no le pudo disputar al MAS el protagonismo de ese cambio. MAS era cambio y la oposición el pasado y cargaba sus propios complejos y culpas. La oposición social fue reemplazando poco a poco el vacío de la oposición política, y esta oposición social, con su demanda de autonomías, fue la que encontró el gobierno en su camino, y a la que reforzó con sus propias torpezas. El poder de las regiones le cerró al MAS el camino al poder.
Y sin embargo, ambos se necesitan. El proyecto del MAS no es viable sin concertar con esta oposición. A su vez el proyecto de autonomías tampoco es viable sin concertar con su contraparte. Ninguno puede vencerse pero tampoco pueden entenderse. Quizá tiene que pasar algo para que al fin se convenzan, sobre todo el gobierno, de que tienen que ponerse de acuerdo, y abandonar el maximalismo de quererlo todo para sí, abandonar el minimalismo para el otro, y apostar por el posibilismo. En la antigüedad Aristóteles decía que la vía media entre el temerario, que no tiene miedo de nada, y el cobarde que se amedrenta de todo, es la valentía, que luego de sopesar toma la decisión de actuar.