27 junio, 2008

Glaciar. Nuestro tesoro se derrite


Desastre. Gota a gota, los glaciares bolivianos, al igual que los del resto del mundo, desaparecen. El calentamiento global tiene efectos inmediatos e irreversibles. La única solución es adaptarse a vivir en un planeta ‘herido’


Observe el fin del mundo con Google”, “Vea a la Antártica desaparecer del mapa...”. Lo que al principio parece ser un anuncio sensacionalista, de los muchos que ofrece la red, se convierte en la pantalla en un serio proyecto de cooperación entre Google y el Gobierno británico creado para mostrar las consecuencias inmediatas del calentamiento global. “Sólo al hacer que la gente entienda el impacto que tendrá el cambio climático para ellos mismos y para los demás, se iniciarán medidas para evitar los peores efectos”, explicaba recientemente la ministra de Medio Ambiente de Gran Bretaña, Hilary Brenn, al justificar la iniciativa. ¿Pero para qué remontarnos hasta la Antártica si podemos ser testigos de la desaparición de nuestros propios glaciares? Los Andes tropicales (conformados por Bolivia, Perú y Ecuador) son una de las regiones afectadas claramente por el calentamiento global (ver recuadro), y uno de los ejemplos más notorios es Chacaltaya.
Son cada vez menos los privilegiados que conocieron la que fuera alguna vez la pista de esquí más alta del mundo. Ahora el lugar está desierto y apenas unos montones de nieve recuerdan que alguna vez hubo allí un glaciar. En 1940, la superficie nevada, donde esquiadores intentaban romper marcas internacionales, era de 22 kilómetros cuadrados. Para 2006 apenas quedaba un kilómetro… hoy no hay nada.
Muchos paceños observadores se sorprenden cuando ven que el Illimani, el eterno nevado, muestra cada vez más espacios sin nieve en sus picos. Jamás se pensó que llegaría el momento en que el majestuoso guardián de piedra se secaría, pero es un hecho que Bolivia está perdiendo sus glaciares por el calentamiento global que afecta al planeta, aunque pasa las facturas más caras a los países pobres.

Gota a gota

La concentración de GEI (Gases de Efecto Invernadero) en la atmósfera ha causado un aumento de la temperatura y, principalmente, el elevamiento del nivel del mar, variaciones en las temperaturas y en el régimen de lluvias. Si bien estos efectos pueden no ser percibidos en primera instancia, tienen impacto visible en la biodiversidad, ya que muchas especies no tienen la facultad de adaptarse a los cambios y perecen; en la salud, con el aumento de enfermedades causadas por los desastres naturales, como el dengue y la malaria; en las actividades agrícolas y pecuarias, que se ven afectadas por el cambio climático y la disponibilidad del agua; en los bosques, que al estar secos tienen mayor cantidad de incendios forestales, y en la infraestructura, donde los eventos climáticos extremos, como las inundaciones, arrasan con puentes y carreteras. Pese a esto, puede que el ciudadano común no llegue a percibir aún estos resultados, pero sí afectarán su bolsillo por una fórmula simple: hay una baja de la producción y el más pobre tiene menor poder adquisitivo. En la ciudad de El Alto, una de las más afectadas por la pérdida de los glaciares, cuando sus habitantes sientan la falta de agua, también percibirán el impacto económico.
En 2006, un estudio conducido por el ex vicepresidente del Banco Mundial, Nicholas Stern, propuso invertir un 1% del producto bruto mundial en mitigar el cambio climático y sugirió que, en caso de no tomarse ninguna medida, los efectos del fenómeno pueden causar una recesión equivalente al 20% del producto bruto mundial. El estudio, aunque inquietante, fue criticado por razones técnicas.
No existen estimaciones precisas sobre los efectos económicos del cambio climático, aunque no es difícil de entender: vivimos en un solo planeta y lo que hacen (o dejan de hacer) unos, afecta a los demás. Si un ecosistema se destruye, impacta a los otros. Y esto es lo que sucede precisamente con los glaciares, que más allá de ser masas de hielo, son servicios ambientales, pues dotan de agua para el consumo humano y las actividades agropecuarias, y generan energía eléctrica.
En la Cordillera Real se tienen los nevados más importantes: el Illimani, Mururata, Huayna Potosí e Illampu. A lo largo de esta cordillera hay varios glaciares, como el Tuni-Condoriri, que da agua a la ciudad de El Alto y a las laderas de La Paz, y a la laguna Milluni, que provee agua a la zona central de la sede de Gobierno, al valle de Zongo, donde se genera energía eléctrica para La Paz y El Alto, y que está conectado al sistema de red de energía eléctrica, y al valle del Takesi y la Chojlla, donde también se genera electricidad.
Lo sucedido en Chacaltaya ha sido un llamado de alerta imposible de ignorar, así que los expertos han comenzado a estudiar otros glaciares como es el caso del Tuni-Condoriri. Este glaciar, que desde 1956 hasta 2006 se ha retraído significativamente, aporta el 35% del agua a El Alto y a las laderas de La Paz.

Entender el cambio climático

La expresión ‘cambio climático’ se refiere al calentamiento global, que es el aumento en la temperatura promedio del aire cercano a la superficie de la Tierra. Se estima que la temperatura aumentó 0,74 ºC durante el último siglo y que parte de ese incremento fue causado por un aumento de los gases de efecto invernadero, que absorben la radiación infrarroja del sol, lo que permite aumentar la temperatura del planeta y hacer posible la vida como la conocemos. Sin embargo, la actividad del hombre ha producido gases de ese tipo en exceso y las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono y metano han aumentado un 31% y un 149%, respectivamente, desde la Revolución Industrial, tomando como año base 1750. De acuerdo con estudios geológicos, no hay registros de valores tan altos en los últimos 650 mil años, por lo que las proyecciones del Panel Intergubernamental Sobre Cambio Climático de Naciones Unidas estiman que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera podría triplicarse y la temperatura global promedio podría aumentar otros 6,4 ºC para 2100.
El aumento de la temperatura global podría estar causando otros cambios, entre ellos un aumento en el nivel del mar por el derretimiento de los hielos polares, el aumento de la frecuencia y la intensidad de eventos climáticos extremos (huracanes, cambios en la cantidad y los patrones de precipitaciones, sequías e inundaciones más frecuentes), cambios en los rindes agrícolas, extinción de especies animales y vegetales, retroceso de los glaciares, etcétera.
(Datos IPCC)

Límite Rebasado
Para evitar el descontrol del clima, la concentración de CO2 en la atmósfera no debe superar los 350 ppm.
En la actualidad, el nivel alcanzado es de 387 ppm y crece a razón de 2 ppm anuales. Los 350 ppm de CO2 ya se sobrepasaron hace 20 años.
Si tenemos en cuenta todos los gases del efecto invernadero, la concentración actual, en términos de CO2, equivalente (CO2e), sería de 420 ppm.
Un nivel de 450 ppm de CO2 supondría un 20% de probabilidades de que la temperatura se eleve a 4ºC.(Datos de Reuters)
José Luis Gutiérrez, responsable del Programa Andino de Adaptación al Cambio Climático, explica que de acuerdo con proyecciones del Programa Nacional de Cambios Climáticos (PNCC) se ha establecido que el Tuni desaparecerá en 2025 y el Condoriri en 2045. Esta pérdida ocasionará lo que los expertos denominan ‘stress hídrico’, es decir, la demanda de recursos será mayor que la oferta, se racionará el agua y en algunos casos se bajará la presión. Entre los problemas que el PNCC ha identificado como más urgentes respecto a la retracción de los glaciares está la reducción de agua para consumo humano. Este problema tiene dos aristas: la oferta de la naturaleza y la demanda de la población.
Los científicos han establecido certeramente una reducción de lluvias en el sector y la retracción de los glaciares; así, la oferta de la naturaleza se reduce. Por el otro lado, la demanda de la población es cada vez mayor, más aún en El Alto, ciudad que crece a un ritmo del 5,1%, el doble del promedio nacional de acuerdo con datos del último censo.
Para rematar la situación, existen pérdidas en el sistema de red de agua potable, debido a filtraciones y a que muchas tuberías tienen más de 30 años de antigüedad.
La cuenca del Tuni-Condoriri no solamente provee de agua a El Alto y a las laderas de La Paz, sino que también sus aguas son utilizadas en actividades agrícolas y en las cercanías del lago Titicaca para actividades pecuarias. Su pérdida significará mucho más que lo que puede establecerse a simple vista.

Manos en la nieve

Con el antecedente de Chacaltaya, el PNCC se ha puesto en acción. Con el apoyo del Banco Mundial ha creado el Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático (Mnacc), que se enfoca en la ejecución de proyectos piloto para tener información sobre los costos y los beneficios de la mitigación y los procesos de adaptación que tienen que adoptarse en el largo plazo.
El proyecto general incluye a los municipios afectados por la retracción de los glaciares: Batallas, Pukarani, El Alto, La Paz, Palca y Mecapaca, donde se pueden identificar dos ecosistemas: altiplano y valles altos.
El diseño detallado de las medidas de adaptación, la implementación de estas medidas y el monitoreo de la retracción de los glaciares en la región andina están dirigidos principalmente a recabar información respecto al aporte de los glaciares en la generación de energía eléctrica, como sucede en el valle de Zongo, donde 10 plantas que trabajan con energía hidroeléctrica, la proporcionan a La Paz y El Alto. “Acá se involucra al país en su conjunto”, explica Gutiérrez, “porque si Bolivia pierde capacidad de generar energía hidroeléctrica, los costos van a aumentar para todos, por ello se quiere saber el aporte de estos glaciares para identificar medidas de adaptación”.
El Proyecto Piloto 1 abarca la cuenca del Tuni-Condoriri y tratará el problema de la retracción de los glaciares relacionado con el suministro de agua a El Alto y las laderas de La Paz. El Proyecto Piloto 2 tiene el objetivo de relacionarse con los aspectos productivos agrícolas y pecuarios, que tienen como influencia la retracción de los glaciares y el cambio climático.
El Proyecto Piloto 3 está enfocado a la gestión de riesgos, ya que las comunidades El Palomar y Huaihuasi se han visto afectadas por las crecidas del río La Paz, que han inundado extensas zonas, por eso se quiere tomar medidas de adaptación y protección contra estas inundaciones y, al mismo tiempo, se está trabajando para lograr una gestión de riesgo.
Se han adquirido estaciones de monitoreo de glaciares, se está trabajando con técnicas de percepción remota y técnicos japoneses han capacitado a escala regional a sus pares andinos. En abril, el Banco Mundial firmó un acuerdo con el Organismo Espacial Japonés (JAXA, por sus siglas en japonés) a través del cual tendrá acceso a información de último minuto proveniente del Satélite de Observación Terrestre Avanzada (ALOS, por sus siglas en inglés). Estas imágenes y datos respaldarán los proyectos de adaptación en Colombia, México, la región andina de Perú, Bolivia y Ecuador, y las Indias Occidentales.
Recientemente se anunció que el Banco Mundial implementará un nuevo programa para enfrentar las consecuencias del retiro de los glaciares tropicales en Bolivia, Ecuador y Perú. El programa, apoyado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM), otorgará $us 7,49 millones para la formulación de medidas tendientes a enfrentar las amenazas del cambio climático en la zona andina. El monto total del proyecto es de $us 33 millones financiados por varios donantes.
De acuerdo con Carlos Felipe Jaramillo, director del Banco Mundial para Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela, el impacto del cambio climático afectará fuertemente a las economías de los países andinos. “Adaptarnos al cambio climático resulta crucial dados los severos e irreversibles efectos que éste tendrá en la región”. La iniciativa busca contribuir a fortalecer los ecosistemas locales y las economías afectadas por el retroceso acelerado de glaciares tropicales, a través de la ejecución de actividades piloto que ilustren los costos y beneficios de medidas alternativas de adaptación.
Hasta la fecha, el total de inversiones destinadas a iniciativas de adaptación al cambio climático en América Latina, apoyadas por el Banco Mundial, asciende a $us 90 millones.
Ivar Arana, responsable de Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático, explica que el Mnacc ha identificado cinco componentes que deben ser priorizados: recursos hídricos, seguridad alimentaria, salud, asentamientos humanos y gestión de riesgos y ecosistemas. A través de programas transversales, investigación científica, capacitación, educación y difusión y conocimiento de los aspectos antropológicos y ancestrales, se quieren implementar medidas para que la población conozca los costos y beneficios de la adaptación a los cambios climáticos. Además, se pretende lograr que el Gobierno boliviano incluya al Mnacc en su planificación y puedan lograrse los recursos para la ejecución de estas acciones. Arana explica que el Mnacc se ejecutará en un periodo inicial de 10 años y que podrá reformularse de acuerdo con los objetivos logrados.

Asumiendo responsabilidades
El cien por cien de los glaciares tropicales está en riesgo, por lo que el Gobierno, junto a Ecuador y Perú, en base al proyecto de financiamiento del Banco Mundial, ha decidido aumentar la fortaleza de los ecosistemas y de las economías contra los impactos de la retracción de los glaciares.
José Luis Gutiérrez considera que, lamentablemente, lo único que puede hacer el país respecto con la desaparición de los glaciares es adaptarse. “No podemos hacer nada para evitar esta retracción. A escala global, la respuesta de los países desarrollados es la mitigación, que apoyará la reducción del calentamiento, pero no es algo inmediato porque los GEI, en algunos casos, están hasta 100 años en la atmósfera antes de desaparecer”.
Si bien se han asumido compromisos de mitigación, por ejemplo el Protocolo de Kyoto (ver recuadro), y parecen existir serias intenciones por parte de las naciones industrializadas, esto no es suficiente. Los científicos están de acuerdo con los pasos que se están dando, aunque son muy lentos comparados con el aceleramiento del calentamiento global. Por ello, son cada vez más las voces que exigen que las condiciones de mitigación sean más estrictas, porque es evidente que no todos tienen el mismo porcentaje de culpa, aunque son los países llamados en vías de desarrollo los que pagan los más altos costos.
Bolivia aporta el 0,03% de las emisiones de GEI frente al 25% de China y el 25% de EEUU, pero los efectos del fenómeno le pegan más duro, y es que, a medida que se es más pobre, se es más vulnerable al cambio climático, una fórmula tan sencilla como letal. Lo pueden afirmar los benianos, que han sufrido las mayores inundaciones en su historia, o los campesinos de Potosí y Sucre, que todavía no se recuperan del impacto económico de las pasadas heladas. Éstos son un par de ejemplos sólo en el país.
Según informes de la ONU, en el mundo 60 mil personas mueren cada año como consecuencia del fenómeno del calentamiento global, mientras que un informe de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) da cuenta de que los países que forman parte del organismo supranacional tendrán pérdidas anuales conjuntas de $us 30.000 millones en 2025 a causa del cambio climático.
La actividad en el PNCC es intensa, los investigadores y técnicos saben que no hay tiempo que perder; es más, están conscientes de que la batalla es contra el reloj. Chacaltaya ya no está y pronto dejarán de existir otros glaciares, ¿está el país preparado para esas pérdidas?, ¿somos conscientes de la importancia de tomar un rol activo e inmediato contra el calentamiento? Para muchos, el cambio climático no es un fenómeno global y no creen sentirse afectados, pero lo cierto es que absolutamente todos estamos en riesgo y no todos podemos enfrentarlo en las mismas condiciones. La lucha continúa, aunque ya sea tarde para lugares como Chacaltaya.
Con datos: earth.google.com/outreach/tour.html, EFE, Banco Mundial y el informe anual ONU

El Protocolo de Kyoto

El Protocolo de Kyoto es una enmienda diseñada por la ONU de los tratados internacionales de cambio climático, que asigna limitaciones obligatorias en la emisión de gases de efecto invernadero a los Estados que lo suscriban. El objetivo del protocolo es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera para moderar la injerencia humana. En 2012, muchos países tendrían que reducir sus emisiones de dióxido de carbono respecto a los valores de 1990 y otros podrían aumentarlos. Los países que emiten grandes cantidades pueden ‘comprar’ reducciones de los que emiten poco.
Hasta diciembre de 2006, 169 países habían ratificado el protocolo, entre ellos la India y China, que a pesar de estar entre los grandes emisores de GEI no se veían obligados a reducir sus emisiones por su condición de países en desarrollo. Estados Unidos, que es responsable por más de un 20% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, firmó el protocolo, aunque jamás lo ratificó, de modo que no se ha visto obligado a reducir sus emisiones y su adhesión al tratado ha sido meramente simbólica.
En febrero de 2007, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Rusia, Japón, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, China, la India, México y Sudáfrica acordaron los principios de un sucesor del Protocolo de Kyoto, que debería ponerse en funcionamiento en 2009 e incluiría un sistema de intercambio entre naciones industrializadas y países en desarrollo. Los líderes de las ocho naciones más industrializadas acordaron en junio de 2007 que propondrían una negociación en Naciones Unidas por la cual se fijaría como objetivo una reducción del 50% en las emisiones globales de dióxido de carbono para 2050. (Datos: Greenpeace)



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