14 abril, 2008

Paulovich: “Escribiré hasta que las velas no ardan”

Personaje. Recibirá el Premio Libertad este año, confirmando que es una de las personalidades más singulares y notorias del periodismo boliviano.

Tiene permiso para fumar cinco cigarrillos al día, pero confiesa que de vez en cuando se excede. Tiene permiso para ser irreverente, y ejerce su libertad en perfecta armonía con su “cholerío”. Y tiene permiso (divino) para seguir escribiendo “hasta que muera”, según sus propias declaraciones, y está dispuesto a cumplir el designio tecla a tecla en su vieja máquina de escribir, compañera desde hace medio siglo para crear su “Columna de Perfil” que se publica en los periódicos del Grupo Líder.
A los 80 años Alfonso Prudencio Claure, conocido por todos como Paulovich, ha sido elegido para recibir la versión 2008 del Premio Libertad, otorgado por la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) a personalidades que han logrado carreras destacadas y significativas para la historia del país.
El periodista nos recibe en su casa del Barrio del Periodista, donde entre flores y fotografías de su familia, se da a la tarea de crear diariamente una columna de opinión que combinada con un singular humor, refleja la realidad de Bolivia.

¡OH! Esta es una pregunta, no original, pero sí obligatoria, ¿qué sintió cuando supo que se le había otorgado el Premio Libertad?
Me emocionó mucho porque fue totalmente inesperado, yo estaba almorzando en Tarija con parte de mi familia y de pronto recibí un telefonazo anunciándome que la ANP me había concedido este premio. Creo que derramé unas lágrimas de pura emoción, me tomó totalmente de sorpresa. Este premio fue instituido hace dos años y el año pasado se lo otorgaron al Cardenal Terrazas. Me honró muchísimo ser su sucesor al recibir esta estatuilla porque él es un gran personaje y si bien yo soy muy hijo de la Iglesia, jamás podré llegar a la altura de sus zapatos, por su vida tan serena, inteligente y virtuosa, considerándome yo bastante pecador y poco tranquilo.

¡OH! ¿Por qué considera Usted que lo eligieron?
Soy una persona que tengo y tendré siempre un supremo aprecio hacia la libertad como la mayoría de los mortales, creo que hay poca gente con alma de esclavo. Yo siempre he sido un hombre libre, pero supe manejar mi libertad, fui periodista libre desde que empecé a escribir hasta el día de hoy...


¡OH! ¿Nunca lo censuraron?
He sufrido censura de prensa cuando era jefe de redacción de Presencia, pero no era específica para mí, era para todas las noticias del periódico. Por eso le decía que he sido un periodista libre, nunca he tenido problemas por la publicación de mis artículos, porque usando esta mi libertad concientemente creo no haber cometido jamás una falta grave. Nunca he matado ni herido gravemente a nadie con mi palabra y he tratado de no ofender a las personas, así que he hecho un buen uso de mi libertad, creo que esto vale mucho para todos.

¡OH! ¿Qué es la libertad para Paulovich?
La libertad no es hacer lo que uno quiere, la libertad tiene normas, respeto hacia los demás, hacia la sociedad, hacia los gobiernos y hacia uno mismo. Creo que este premio viene a significar un poco de eso: siempre fui un hombre libre y supe usar bien mi libertad. Nunca fui un libertino.

¡OH! Hablemos del periodismo hoy, ¿considera que existe libertad?
Creo que dentro de mi quehacer periodístico tengo libertad y mis compañeros también. No hay un censor que venga al periódico y te diga lo que tienes que escribir. Hay atropellos, pero son producto de la violencia de elementos inferiores de la sociedad, no son precisamente los dirigentes los que los cometen, es la gente adicta y fanática, los ignorantes.

¡OH! ¿Qué opinión le merece la circular de la Superintendencia de Telecomunicaciones en sentido de regular la información y no emitir o publicar aquella que, por ejemplo, podría alarmar a la población aunque sea una noticia veraz?
Eso es una barbaridad. Es un comienzo y una insinuación de que podrían venir tiempos terribles si atendemos a muchos de los indicios que existen. Yo le hablo de este momento preciso en que creo que la mayoría de los periodistas gozan de libertad, aunque algunas veces son atropellados por elementos ignorantes que quieren favorecer al gobierno.

¡OH! Hablando del gobierno actual, ¿qué es lo que le parece más gracioso?
Difícil la pregunta... Creo que estamos en los comienzos del ascenso de una clase x, tampoco bien definida porque se habla del campesinado y los indígenas, pero para mí gran parte de esta clase campesina e indígena, nunca fue excluida de la sociedad, la prueba es que nuestras universidades están llenas de estudiantes y profesionales de apellido indígena.
Hemos tenido una gran cantidad de dirigentes, diputados, senadores, de apellido indígena, así que se exagera la historia diciendo que siempre fueron excluidos. Incluso alguno dijo que a los indígenas que querían aprender a escribir les cortaban las manos, esas son exageraciones absurdas de gente mal informada que no conoce la historia.
Lo chistoso es que no sé a qué vamos, porque si esta clase no fue excluida, ¿habrá otra clase más humilde todavía que quiera ser levantada? Probablemente la sociedad nunca será perfecta. Jesucristo dijo “siempre habrán pobres entre vosotros”, tal vez la idea equivocada es que algún día los pobres se acabarán. No creo en eso, es una utopía política que no podemos resolver desde hace más de 4.000 años.

¡OH! ¿Y en cuánto a la política boliviana en general? ¿qué le causa gracia de ella?
A mí me ha llevado la problemática boliviana al humor porque siempre he sido un tipo pacífico y amoroso, así que jamás he pensado en oponerme a una posición política o a una idea contraria a través de la violencia, nunca he manejado un arma de fuego. ¿Cómo podía yo oponerme a un estado de cosas muchas veces injusto? ¿Con qué? Sólo queda el humor. No soy un tipo fuerte ni violento, así que sólo me quedó el camino de la sonrisa.
El humor es un género superior de la literatura, es más difícil escribir humor que escribir en serio y es un buen camino para hacer comprender a los lectores el mensaje periodístico que uno desea dar a través de lo que escribe.

¡OH! ¿Es un arma?
Sí, pero no letal, es un arma suave que, como la gota continua, puede perforar la piedra. El humor es difícil de contrarrestar. No se puede matar a un gorrión de un garrotazo, habría que ser muy salvaje. Creo que a eso se debe la supervivencia de una columna que comencé hace 50 años.

¡OH! De ese entonces, cuando Usted comenzaba, hasta hoy, ¿el periodismo ha cambiado mucho?
Ha evolucionado mucho, el periodismo de antes era menos elaborado, más grosero. He leído artículos de humor del siglo pasado y los he visto groseros y poco cultivados, aún en grandes escritores. El de ahora es un periodismo más responsable y tiene mayor conciencia de su rol social.

¡OH! ¿Cómo empieza su relación con Los Tiempos?
Mi relación siempre fue buena, siempre tuve simpatía por el periódico. Desde muy joven sentí admiración por don Demetrio Canelas y por alguna gente que trabajó con él, de tal manera que sentí mucho lo que sucedió cuando expropiaron a Los Tiempos. Yo trabajaba en La Paz, en un periódico que no me permitía escribir para otros diarios, hasta que se formó el Grupo Líder y ahí me propusieron que trabajara para los diarios del grupo, eso me permitía escribir para Los Tiempos, El Deber y los otros periódicos, así que ahora me encuentro muy contento y seguiré escribiendo hasta que las velas no ardan. Quiero morir escribiendo.

¡OH! Como escritor, ¿cuál es el libro, de los muchos que ha escrito, al que más aprecio le tiene?
Es un libro poco humorístico que se llama “Apariencias”, que es un conjunto de entrevistas que hice allá por los ‘60, donde hago retratos biográficos de personajes bolivianos, creo que en toda entrevista muchas veces salen las apariencias. Entrevisté a Marcelo Quiroga Santa Cruz y releyendo el otro día la entrevista creo que no tengo que quitarle ni aumentarle una sola línea, había captado al personaje y resulté satisfecho. Entrevisté a Monseñor Antezana, un arzobispo cochabambino, cuya santidad me conmovía; entrevisté al filósofo Roberto Prudencio, a Guillermo Francovich, a Jorge Siles Salinas, a la India Peñaranda, que era integrante del conjunto los Wacatocoris y gran cocinera paceña, a un canillita, a un lustrabotas, fue un conjunto de alrededor de 40 entrevistas que son entrañables para mí.

¡OH! ¿Cuál atesora con aprecio especial?
Creo que la que más me marcó podría ser una entrevista muy sentida por la gran amistad que tengo con él: la que le hice a Jorge Siles Salinas, a quien sigo admirando por su rectitud de alma, espíritu y por su cultura.

¡OH! ¿Cómo se define a un cholo?
El cholo es un mestizo. Alguna gente no sabe asumir el término de mestizo exactamente, lo cual me parece mal porque todos los países son mestizos, desde Estados Unidos, España, Perú, México, Argentina, Bolivia, todos somos países mestizos. El mestizo boliviano se llama cholo, con algunas características, virtudes y defectos, hay más virtudes en las mujeres que en los hombres. La chola es muy superior al cholo. La chola es genial, buena madre, educa a sus hijos, el cholo es borrachín, mujeriego, peleador, derrochador, lo que contrasta con la grandeza de alma que tiene la chola. México y Perú han asumido su mestizaje con dignidad. Para el peruano decirle “cholo” a un amigo es sinónimo de cariño, en México ni le digo, son mestizos totales y orgullosos de su mestizaje. Nosotros tenemos que asumir eso con mayor dignidad, seriedad y respeto. Yo quiero al cholo, mi mujer suele llamarme “cholito mío” y nunca me he enfadado.

¡OH! ¿Sigue considerando que la solemnidad es uno de los grandes defectos de los bolivianos?
Las palabras originales para manifestar esta expresión son “levudos solemnes”. En el siglo pasado el levudo era un tipo con leva, un tipo muy solemne que de repente era un imbécil. Pero era solemne. Mucha de esas solemnidad queda en nuestra gente, tenemos montón de levudos solemnes que se creen una maravilla y no lo son, hablan en tono doctoral, quieren que se los trate de doctores, a veces sin serlo, etc., así que una de las primeras cosas que uno capta cuando quiere conocer al hombre boliviano o a su sociedad es eso: hay mucha solemnidad y poca profundidad.

¡OH! ¿De qué no puede prescindir Paulovich cuando escribe su Columna de Perfil?
Necesito silencio, una crónica me cuesta uno o dos cigarrillos a lo mucho, tomo poco café, en la noche tomo uno o dos whiskies así esté en mi casa o fuera, creo que es la bebida que menos daño me hace, aunque no digo que me haga bien.

¡OH! ¿Hay algo que le haya faltado hacer?
Una historia de La Paz. Pero no una historia al estilo de las típicas, sino una historia en cuando al retrato de personajes que han ido creando el alma de esta ciudad y han influido en la forma de ser de los paceños. No quiero hacer una historia de alcaldes, prefectos o autoridades, sino de personajes populares que le han dado carácter a la ciudad. Dios quiera que pueda hacerla. Me arrepiento de no haber escrito eso hasta ahora.

¡OH! ¿Qué le quita el humor?
La solemnidad, la grosería, no puedo escuchar en alguna reunión expresiones groseras ni soporto actitudes groseras, en eso soy un poco finolis, me apena la ignorancia.

¡OH! ¿Por qué se quedó en Bolivia?
He sido cercado virtualmente por el cariño de la gente, tengo a parte de mi familia en España y me reclaman, debería estar con ellos, pero me asusta transplantar un árbol de 80 años a otras latitudes y además está el arraigo que siento por esta tierra, es como dice la bella letra de Matilde Cazasola: “con qué hierbas me cautivas dulce tierra boliviana.”

¡OH! ¿Cómo hace Paulovich para escribir una columna de humor cuando, valga la redundancia, no está de humor para hacerlo?
Creo que el humor no se me va. Es cuestión de ponerme a la máquina y parece que saltara, que comenzara a brincar un pequeño demonio que tengo dentro. Mientras estoy escribiendo se van asociando las ideas y salta el humor. Pero no me propongo, nunca me he propuesto, hacer un artículo chistoso. Me pongo a escribir sobre un tema que me parece interesante y las cosas van saliendo mientras escribo.

¡OH! Cada región en nuestro país tiene sus propias características, incluso en la personalidad de sus habitantes, ¿cómo las describiría?
El camba es un ciudadano extrovertido, simpático y alegre, menos angustiado que el colla. Recuerdo haber conversado con un amigo cruceño y que él me decía “¿por qué los collas andan con su quepi de angustia a la espalda?” Los collas somos más angustiados, aunque no quiero decir que seamos más metafísicos. Esa es una primera diferencia, a parte de lo físico. Respecto a los cochalas, yo les tengo mucho cariño, primero por mi ascendencia cochabambina y luego porque recuerdo que cuando ingresé al colegio San Calixto en La Paz mi madre me dijo “hijito, cuando te pregunten tus amigos de dónde eres, diles que de Cochabamba para que te crean inteligente”. Y así fue. Debe haber funcionado la engañifa porque fui el primer alumno en todos los cursos.
Los sucrenses ya no están en la sociedad de los caballeros y señoritas afrancesadas, ahora, como en casi todas nuestras ciudades, se han ido mestizando y hasta indigenizando. Es una sociedad más combinada, incluso quieren elegir de Prefecta a una cholita.

¡OH! ¿Cuáles son los mayores placeres de la vida?
El amor con una mujer, el sentirse integrado en el universo, saber que uno no es una hoja al viento. El buen comer, el buen beber, el gozar de una buena conversación ya sea inteligente o chusca, no siempre se es un finolis. Hay noches que me gusta escuchar música clásica, pero hay otras que me siento huachafo y prefiero unos valses peruanos. Es producto de mi mestizaje.

¡OH! ¿Si tuviera que presentar a Paulovich, qué diría de él?
Aquí tienen a un señor que es producto de muchos milagros, del milagro del amor con sus hijos, con su familia. Un señor de origen muy humilde que sin embargo pudo estudiar en Europa, casarse con una española, consiguió éxitos literarios sin haber estudiado Literatura. Y que es vanidoso. Vanidad de vanidades y todo es vanidad.

DESTACADOS
“Creo que este premio viene a significar un poco de eso: siempre fui un hombre libre y supe usar bien mi libertad. Nunca fui un libertino.”

“A mí me ha llevado la problemática boliviana al humor porque siempre he sido un tipo pacífico y amoroso, así que jamás he pensado en oponerme a una posición política o a una idea contraria a través de la violencia.”


“El humor es difícil de contrarrestar. No se puede matar a un gorrión de un garrotazo, habría que ser muy salvaje.”

“La chola es muy superior al cholo. La chola es genial, buena madre, educa a sus hijos, el cholo es borrachín, mujeriego, peleador, derrochador, lo que contrasta con la grandeza de alma que tiene la chola.”

“Una de las primeras cosas que uno capta cuando quiere conocer al hombre boliviano o a su sociedad es eso: hay mucha solemnidad y poca profundidad.”

Recuadro
Paulovich, de perfil*

Nació en La Paz, el 27 de agosto de 1927. En 1958 ganó una beca de estudios en periodismo para especializarse en España, estudió periodismo en la Escuela Oficial de Periodismo, en Madrid, donde se casó con la española Pilar Guerrero Rodríguez con quien tuvo cuatro hijos y con quien hasta ahora comparte buena parte de su creación literaria.
En la península ibérica profundizó su vocación católica y llegó a pensar que podía ser santo un santo.
Es miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua, fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo en 1999, y con el Premio Pedro Joaquín Chamorro, otorgado por la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).
Comenzó su carrera periodística a principios de los años cincuenta. Junto con Huáscar Cajías y otros ilustres periodistas de la época, fue uno de los fundadores del semanario Presencia. Un día, Cajías le dijo que la prensa pecaba por su seriedad y que debía haber una columna de humor. Antes, Prudencio había escrito columnas románticas y otras de alto contenido religioso.
“...Impenitente explorador del alma popular, descubre con aguda disposición los secretos yacentes en la personalidad de uno de los especimenes de nuestra sociedad: el cholo, notable expresión del mestizaje indo-español. Así, con buida observación nos define y explica pintorescos vocablos nativos que diseñan hombres y cosas de nuestro ambiente.
Su sátira ingeniosa, inventa o revela una suerte de risueñas acepciones al impresionante catálogo de dicciones que consigna este curioso diccionario cholo, que constituye verdadero tratado de una caricaturesca semántica de bolivianismos...
‘Prudencio Claure Alfonso: Nombre nativo que corresponde a distinguido lexicógrafo caucásico, que alternativamente maneja con seriedad responsable, el chiste popular y el fino humor satírico’”.
*Armando Soriano Badani