14 enero, 2008

Ekeko, el anfitrión olvidado

Tradición. Fue la estrella de la Feria de la Alasita, pero en estos tiempos modernos la mayoría de quienes asisten a esta fiesta, no lo toman en cuenta como se merece.
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Nadie que sea tacaño recibirá las bondades del Ekeko, así que si Ud., amigo lector, piensa ir a dar “sólo una vuelta” por la fiesta de la Alasita sin comprar nada, es mejor que se quede en casa. Porque la fiesta está dedicada al dios de la abundancia, y para la abundancia hay que dar y recibir.
Esa es la esencia verdadera con la que esta fiesta fue creada, siendo una de las más antiguas de la ciudad de La Paz y remontándose incluso hasta Tiahuanacu, según el propio Arturo Posnasky: “La fiesta del Ekeko ya se celebró en la milenaria ciudad – estado por los habitantes precolombinos. La frecuencia en los encuentros de miniaturas, atributos del Ekeko, en las excavaciones de Tiahuanacu y las chullpas del altiplano, así como en el Cusco y donde quiera que existan sepulturas antiguas, confirma plenamente esta aseveración”.
Esta tesis es corroborada por varios historiadores como M. Rigoberto Paredes y Carlos Ponce Sanjinés. Por su parte el historiador Fernando Cajías, explica que la Fiesta de Alasita es una de las mayores demostraciones de la simbiosis religiosa entre la cosmovisión andina y la religión católica. “Lo andino se manifiesta en el Dios Ekeko y en el ritual de las illas, y lo cristiano en la devoción a Nuestra Señora de La Paz y en los rituales de las iglesias. El dios Ekeko, según el estudioso de la época colonial, Ludovico Bertonio, se identifica con Tunupa, el gran dios de los aymaras”.

Comprando abundancia
Las illas a las que se refiere Cajías, son los objetos pequeños que representan los objetos que uno quiere adquirir. A veces tienen una relación directa (una maletita por una maleta), otras veces es simbólica (una gallina por el amor de una mujer, un gallo por el de un hombre), son de larga tradición en el mundo aymara y están relacionadas con la fecundidad y la abundancia. Todo este contexto convierte entonces al pequeño y, hoy, gordinflón idolillo, con mucho de mestizo, en un símbolo muy antiguo y muy preciado también. O lo fue en su momento.
Tal como explica el antropólogo David Mendoza, la fiesta tiene sus orígenes prehispánicos, coloniales y ha sido reinterpretada en la modernidad.
En un inicio, la fiesta sagrada del Ekeko (Iqiqu, Ekhako, Ekhekho) se celebraba durante el solsticio de verano. Los agricultores le ofrecían los frutos de sus cosechas, así como tejidos, figuras de barro, etc., para ser retribuidos con abundancia. Siendo una fiesta netamente rural, los españoles la trasladaron a la ciudad apenas habiendo sido fundada La Paz. Según Bertonio, ordenaron que se celebre una misa, oficiada por Dn. Juan Rodríguez, en una capilla improvisada. Luego, comenzaron una fiesta disfrazados con caretas o barbas de chivo. Los originarios, para no quedarse atrás, se unieron a la celebración llevando pequeños ídolos hechos de piedra y barro y ofreciéndose entre ellos sus obras de arte en miniatura que debían ser pagadas con las piedrecillas planas que se usaban como moneda. Nadie podía negarse a recibir ese pago a cambio de sus objetos, si no quería provocar el enojo del pequeño dios, preferido por las mujeres quienes le atribuyen el poder de darles pareja. Es más, de acuerdo a las tradiciones orales y las estatuillas halladas en Tiahuanacu, los antiguos ekekos tenían miembros viriles, muy erectos, como símbolo de su hombría y la fertilidad.
La fiesta se impuso durante la Colonia, pero fue prohibida por un obispo con la excusa de que daba lugar a actos licenciosos. Sin embargo, el gobernador intendente de La Paz, Sebastián Segurola, quien luego del terrible asedio que sufrió la ciudad, por parte de los indígenas sublevados contra los españoles en 1781, y en agradecimiento a la patrona de la ciudad la Virgen de La Paz, volvió a reestablecer la fiesta, esta vez en honor de la Virgen, trasladando la fecha del 20 de octubre al 24 de enero, que es cuando se celebra hasta hoy.
Todos los 24 de enero a mediodía, no antes, ni después, decenas de miles de paceños creyentes se agolpan en las puertas de las iglesias, o en la Feria misma, donde se hace una bendición general para hacer que el hado divino del dios de la abundancia, caiga sobre sus posesiones.

Cambia, todo cambia
Con el tiempo la fiesta se ha ido adaptando a otras ciudades y las fechas han cambiado, aunque el concepto sea casi el mismo. Sin embargo dentro de éste, el Ekeko ha perdido protagonismo. Según Mendoza “se ha abandonado al ‘iqiqu’, casi ya nadie lo compra como antes”. De acuerdo a Cajías, lo que se ha perdido es el sentido religioso de la fiesta,
“En el siglo XIX la advocación religiosa principal que presidía la fiesta era
Nuestra Señora de La Paz, la fecha de celebración está en relación a ello,
en cambio en la actualidad el dios Ekeko tiene mucho más protagonismo.
Se ha eliminado la procesión que antes se realizaba y ahora se la lleva a
cabo días después y participan los artesanos, pero no el pueblo.
También han desaparecido los bailes porque se han ido al Gran Poder. Lo
que no ha desaparecido es el humor de los pequeños periódicos”.
Dentro de los cambios que ha traído el tiempo está el de las illas porque unas mantienen su relación con la actividad tradicional, pero otras se han adaptado a la modernidad a través de celulares, computadoras, etc., y por supuesto todo tipo de moneda, nacional o extranjera, que se pueda imaginar.
Si bien la fiesta mantiene la esencia principal: fiesta de abundancia para que los deseos, representados por las illas pequeñas, se conviertan en realidad, han cambiado los deseos y también las illas. “La cultura es dinámica y siempre se transforma, nada se pierde solo cambia o muta de contenidos”, concluye Mendoza, no sin antes aclarar que el verdadero nombre de la fiesta es Alasita porque viene de ‘alasitay’, es decir ‘comprame pues, caserito’, así que ya sabe, ¿quiere Ud., una casa, un marido o una esposa, un título profesional, un auto, dinero, viajar? La Alasita es el lugar donde todos sus sueños se harán realidad, siempre y cuando el Ekeko, primera compra obligada y a la que deberá dotar cada año de un nuevo regalo, le dé su visto bueno. (Con datos de Tradición Paceña de Antonio Paredes Candia)

1 comentario:

Anónimo dijo...

me compre un ekeko me ara igual mis deceos o nop ps copre y le regale ami madre en año nuevo pero mayormente yo le ago fumara pero aun nada de nada me seria de utilidad k me respondieras mis dudas y como aser sus rituales ps me dijieron k e smuy milagroso