03 diciembre, 2008

Un tour por la muerte para celebrar la vida




Crónica. La visita al Templo de las Huellas de Buda, en Tailandia, cambia la vida de los turistas. Creado alrededor del VIH/sida, en él la muerte está presente para recordar lo corta que es esta vida y lo mucho que hay que agradecerla.

……………………………….

Son las 10 de la mañana y el monje budista Alongkot Dikkapanyo, llamado por sus seguidores Cho Khun Phra Udom Prachatorn, espera paciente al grupo de periodistas internacionales que hemos llegado para conocer uno de los emprendimientos más polémicos que se han hecho hasta ahora en Tailandia, relacionados con la enfermedad del VIH/sida. Sentado en su peculiar oficina, envuelto en una túnica naranja, el monje está rodeado por doradas figuras de Buda de todo tamaño. A un costado, un televisor que pasa el programa de farándula de la mañana, un celular y un microondas recuerdan que el hombre, pese a las reverencias y la adoración de sus fieles, es tan humano como cualquiera. Dikkapanyo es el fundador del “Templo de las huellas de Buda” o Wat Phra Baht Nam, creado hace 20 años para acoger a las personas afectadas por el VIH/sida y ubicado en la provincia de Lopburi, a tres horas de la capital Bangkok.
Luego de las inclinaciones de rigor y de acomodarnos en el piso con las piernas cruzadas evitando que las plantas de los pies apunten ya sea al monje o al altar que tiene a su derecha (como manda la cortesía tailandesa), comienza la rueda de prensa, acompañada por un traductor que resume las palabras del monje en un rudimentario inglés.
No todos sabemos que este paso podría haberse evitado porque Dikkapanyo ha estudiado ingeniería en Australia y habla mejor inglés que muchos de los que estamos ahí, pero inexplicablemente prefiere encargar la tarea de que sus palabras se traduzcan, aunque esto alargue más la audiencia.
Dice que el templo-hospicio fue creado cuando Dikkapanyo por primera vez acogió a un hombre que había desarrollado sida y que era rechazado por sus padres. A partir de este primer caso, el templo fue haciéndose conocido y poco a poco comenzaron a llegar los enfermos, muchos de los cuales eran traídos por sus familias y abandonados en el lugar.
Antes de la implementación del tratamiento antirretroviral, por lo menos 100 pacientes morían allí mensualmente. Ahora, gracias a las medicinas, el número se ha reducido notablemente, aunque las muertes, aproximadamente 15 al mes, siguen siendo una constante.
Los enfermos no reciben tratamiento en el templo, ya que éste es proporcionado y monitoreado directamente por los hospitales públicos, así que deben trasladarse una vez al mes hasta el hospital de la provincia donde reciben su ración de pastillas.
En el templo un solo médico atiende a las 200 personas adultas infectadas con VIH en sus diferentes grados y a los más de 1.000 niños entre huérfanos por el VIH, niños pobres de la región y pequeños infectados. Es camboyano y no tiene licencia para ejercer en Tailandia. Tampoco habla bien el tailandés y prefiere mantener su nombre en reserva. Su sueldo es pagado por la Fundación Clinton y por Maryknoll y trabaja en el lugar desde hace un año. Tiene la ayuda de algunas enfermeras y voluntarios, y explica que se decidió a emprender esta lucha contra la muerte ante la ignorancia de sus propios colegas respecto a la enfermedad. Extrañamente, según dice, ningún médico tailandés quiere trabajar en el lugar.

Haciendo cuentas
El templo ha ido creciendo gracias a las donaciones de algunas organizaciones y los aportes de los turistas que realizan el controversial tour por el lugar. El manejo de las cuentas es estrictamente confidencial, y muchos se preguntan a dónde va a parar realmente el dinero que se recauda con la llegada de los más de 2.000 visitantes que se tiene al año, además de los otros aportes. Es difícil saberlo y Dikkapanyo tampoco está dispuesto a aclararlo; explica que el lugar tiene capacidad para 100 camas y quiere ampliarlo para 100 más. El monje dice que el templo no pide ayuda financiera directamente sino que ésta debe llegar por la buena voluntad de la gente. Hace cuentas y calcula que hasta el momento 4 millones de personas ya han visitado el lugar y dejado sus aportes.
Con estas donaciones el templo se ha ampliado y ahora ocupa una extensión de 1.000 hectáreas aproximadamente, convirtiéndose en un emporio dividido en dos partes, una dedicada a las personas con VIH y la otra que acoge a más de mil niños, muchos de ellos infectados con el virus.
Tailandia es uno de los países asiáticos más afectados por el VIH/sida, aunque los índices de infección hayan bajado considerablemente. Por lo menos un millón de tailandeses se han infectado desde que se reportara el primer caso en 1984 y más de 400.000 han muerto. Ante esta realidad y por los altos costos de los medicamentos antiretrovirales (ART) que llegaban de EEUU, el gobierno de Tailandia decidió dictar la emergencia de salud y comenzar a fabricar sus propios medicamentos, librando una batalla titánica con las multinacionales farmacéuticas. Ahora el acceso al tratamiento médico para las personas con VIH/sida es gratuito y uno de los más completos del mundo. Pero la enfermedad está muy lejos de ser controlada y se expande sobre todo entre los usuarios de drogas inyectables, los trabajadores sexuales masculinos y los adolescentes.

Huesos, cenizas y cuerpos
En el templo no hay forma de escaparse de esta realidad: El VIH es un protagonista central en el lugar. Al ingreso, luego de pasar por un colorido campo de girasoles, lo primero que se ve son las casitas individuales que se otorgan a las personas infectadas con el virus pero que pueden cuidarse a sí mismas y ser regulares en la toma de los medicamentos. Grandes letreros con los símbolos del VIH y del sida se ubican a los costados de la vereda donde frondosos árboles dan sombra. Al frente de las casas, un taller de esculturas es lo primero en llamar la atención de los visitantes cuando se lee que todas ellas han sido creadas con resina de huesos de pacientes muertos por alguna enfermedad relacionada con el sida. Son varias docenas de figuras grises, la mayoría con formas humanas, las que se exhiben en este peculiar escenario. Un poco más allá, cientos de gradas alfombradas de rojo y flanqueadas por enormes figuras doradas, son la antesala de lo que será otro altar para Buda, cuya construcción está valuada en varios miles de dólares.
Siguiendo a lo largo, y conducidos por una de las guías voluntarias del lugar, una joven de 24 años llamada Sawayon, llegamos al Museo de la Vida, abierto a los visitantes que contemplan pasmados las momias que están en él. Son cuerpos de pacientes muertos por el sida, cada uno con una leyenda que explica quién fue en vida, qué hizo y cómo se infectó. Hay mujeres y hombres de distintas edades y oficios, algunos usuarios de drogas, otros trabajadores sexuales, muchas amas de casa infectadas por sus maridos… Un grupo de personas con VIH se encarga de barrer el lugar y desempolvar, sonríen a todos los visitantes y se muestran contentos, mientras los turistas, con un nudo en la garganta, tratan de digerir la impresión de lo que han visto, aunque todavía falta más.
La guía conduce al grupo entre las casitas donde los pacientes lavan ropa, están sentados al sol, o conversan entre ellos; algunos sonríen, otros no. Para muchos estas visitas son desagradables, pero no tienen opción y se resignan a ser exhibidos.
Más adelante, en un enorme altar abierto, un Buda de piedra negra está sentado sobre cientos de sacos de tela blanca con inscripciones en tailandés: son cenizas de otros muertos, que han sido cremados y que no fueron recogidos por sus parientes. Cada saco tiene nombre, fecha de nacimiento y día de la muerte. Detrás del Buda, en estantes, otras cientos de pequeñas cajas también contienen cenizas. Una inmensa flor de loto de colores, esculpida en el piso, le da un poco de luz al lugar.

Un hombre fuerte
Luego de atravesar algunos senderos, llegamos a la puerta de una sala médica, ubicada en la primera planta, que forma parte de un edificio de cuatro pisos donde los enfermos han sido divididos por grupos: los menos graves en el cuarto piso, los graves en el tercero, en el segundo se ubica el consultorio médico, y en el primero los pacientes terminales que simplemente esperan la muerte. La guía explica que si alguien quiere sacar una foto, debe pedir permiso antes.
Sin saber lo que nos espera, los periodistas ingresamos a la sala, de la que un momento antes ha salido un grupo de espantados turistas chinos. Varias camas se acomodan en el espacio, no lo suficientemente grande para darles toda la comodidad a los enfermos. La mayoría están ocupadas por pacientes que agonizan y todas tienen la imagen del Rey Bhumibol Adulyadej “Rama IX” en la cabecera. Muchos de los enfermos tienen pañales, otros están sujetos a sueros, algunos se quejan, otros están callados. Hay varios que se sientan en las camas para ver a los visitantes, otros nos miran, pero no nos ven, algunos se tapan la cara con las frazadas. Pese al calor de afuera, en este recinto se siente frío y casi todos estamos temblando. Al fondo, en un cuarto más pequeño, aunque dentro del mismo recinto, cinco pacientes con sida y tuberculosis están aislados, pero pueden adivinarse sus esqueléticos cuerpos a través de una ventana.
Más de una docena de enfermos ocupan esta sala de la muerte, visita obligada del singular tour, donde el ácido olor a medicamentos y enfermedad se mezclan en el ambiente, apretando aún más los sentidos de los visitantes.
Uno de los pacientes accede a contarnos su historia, se llama Kempkei y tiene 36 años. Está tan delgado que la piel se pega a sus huesos, ha perdido todo el cabello y casi todos los dientes, una gruesa cadena de plata rodea su cuello, el único recuerdo de su padre, y sufre una enfermedad llamada vitíligo que le mancha la piel, pero sus ojos oscuros brillan con una luz intensa ajena a la fiebre.
Fue dejado por su madre en el templo y nunca más la volvió a ver. Se enteró hace dos años que tenía el virus y en cuatro meses éste se desarrolló devastadoramente. El hombre cuenta que trabajaba como cargador en el mercado y que utilizó drogas inyectables cuando era muy joven, pero que dejó la adicción hace más de 10 años.
Su nombre significa Fuerte y explica que fueron los amigos de su padre, quien trabajaba en el coliseo nacional de boxeo, los que lo bautizaron. Hace una mueca, vestigio de sonrisa, cuando recalca la ironía de su destino. No sabe exactamente cuántas pastillas toma al día, tampoco qué es lo que le duele, porque dice que le duele todo, pero afirma que no le teme a la muerte, sino que la espera; sólo le tiene miedo a que aumente el dolor y al no poder dormir en las noches.
Le pido permiso para sacarle una foto y él accede. Incluso trata de sonreírme y se disculpa por estar en pijamas. Nos dice que en un principio no le gustaban los tours y que sentía vergüenza por su condición, pero que ahora la ha aceptado y piensa que la gente, conociéndolo, tal vez pueda ser sensible ante la enfermedad.
Nos despedimos con el saludo wai (en el que se juntan las manos a la altura de la frente, en señal de respeto), y él nos dice que nos veremos en el otro mundo, porque sabe que su karma ya ha acabado y que, de cierta forma, podrá descansar. En absoluto silencio abandonamos la sala, nadie pronuncia ni una palabra y algunos se secan las lágrimas: Hemos visto de frente la cara de la muerte.

La controversia
Para algunos, como el ex voluntario belga Paul Yves Wery, quien escribió un libro sobre el lugar tildándolo de inhumano, insano y mal manejado, el templo se aprovecha del dolor y el sufrimiento de las personas infectadas para llenar sus arcas y no respeta los derechos humanos y la privacidad que exigiría cualquier enfermo.
Para otros, el lugar está hecho para sensibilizar a los visitantes respecto a esta enfermedad, que no es ajena para nadie, y para mostrar que la muerte es el nacimiento a una nueva vida. También sirve como refugio a quienes se sienten discriminados o son abandonados por sus propias familias a causa del VIH/sida.
Con el avance de los tratamientos antiretrovirales y los cuidados apropiados, el VIH puede convertirse en una enfermedad crónica que ya no es necesariamente sinónimo de muerte. Los pacientes ya no mueren tanto como antes y esto cambiará tarde o temprano el significado con el que fue creado el templo que ha visto aumentar sus costos en pacientes y niños que deben ser alimentados y vestidos. Pero el monje no parece estar preocupado, y sus planes de expansión así lo confirman. Mientras tanto el lugar sigue recibiendo diariamente a los visitantes que se van con afiches con la foto de Dikkapanyo y el corazón en un puño.
En la puerta algunos pacientes despiden a los turistas agitando las manos y sonriendo. Los que nos vamos tratamos de imitarlos, pero pasará mucho tiempo hasta que podamos sonreír de nuevo. Los girasoles han perdido su color.

22 octubre, 2008

Colombia y su “locura” verde

Desde que uno llega al aeropuerto de la caribeña Santa Marta (en el departamento del caribe colombiano, Magdalena) no puede dejar de admirarse. ¡Estamos en la tierra de Gabriel García Márquez y quizá pasemos por algunos de los lugares que inspiraron sus Cien años de soledad! Es el sueño cumplido de cualquier periodista latino, pero todavía hay más. Luego de un cálido recibimiento en el aeropuerto, que confirma la amabilidad de la gente colombiana siempre presta a la sonrisa, enfilamos rumbo al Parque Natural Tayrona, considerado uno de los más hermosos del mundo y ubicado a una hora, por carretera asfaltada, de la ciudad de Santa Marta. Ninguno de los periodistas extranjeros que seleccionados para este curso, imaginamos lo que nos espera.
El camino no es fácil, circulan por él varios camiones a gran velocidad que compiten entre ellos para adelantarse, pero la ruta está bien conservada, así que el viaje casi no se siente. Más allá de los nervios por la oscuridad y lo enrevesado de la carretera. Es de noche cuando llegamos al Parque y lo primero que llama la atención es que el camino que conduce hasta él, ya fuera de la carretera central, está en gran parte pavimentado, se recorren cinco kilómetros desde que se ingresa por la puerta principal hasta que se llega a la recepción, donde ocupa un espacio central un moderno y ruidoso televisor que desentona, en la visión de algunos puristas ecológicos, con el marco natural.
El Parque Tayrona está ubicado al norte de la ciudad de Santa Marta (en el departamento caribeño de Magdalena), es un área megadiversa donde se reúnen cinco tipos de bosque que van desde el matorral espinoso tropical, el bosque seco, el nublado, lagunas, manglares y costas. Con 15.000 hectáreas es un ecosistema vital para la recuperación de las aves migratorias. En él se han registrado 2.594 especies de flora y fauna, de las cuales 181 están en peligro de extinción y 22 son endémicas. En el área viven varias comunidades indígenas, los wiwas, los arhuacos, los kankuamos y los koguis, que mantienen como lugares sagrados muchos territorios dentro del Parque haciéndolo aún más especial para los visitantes.
El Tayrona es uno de los cinco parques naturales en Colombia concesionados a empresarios privados que han mejorado las infraestructuras existentes y creado otras nuevas.

Un lujo de naturaleza
Los albergues en el lugar han sido construidos en desniveles, a los que se llega luego de subir varios escalones de piedra. Son hospedajes cinco estrellas, con todas las comodidades que cualquier turista exigente puede pedir: agua caliente, televisor, Internet, frigobar, incluso un aparato ultrasonido especial para repeler bichos indeseables y hasta jacuzzi. Hay 14 cabañas con una capacidad para 50 personas en total. También existen áreas especiales de camping, un auditorio totalmente equipado, una tienda, un museo, un exclusivo (y costoso) servicio de restaurante y un spa. No hay duda de que aquí se ha invertido en grande. “3.000.000 de dólares”, dice Carlos Trheebilcock, gerente del hotel.
Con una carga máxima de 1.800 personas por día, el Tayrona es uno de los destinos más visitados por el turismo interno y sobre todo por el extranjero. Se calcula que a él llegan alrededor de 25.000 personas anualmente que pagan por la entrada 4.5 $us los colombianos y 12.5 $us los extranjeros, se calcula recuperar la inversión en aproximadamente cinco años. Se han creado 100 empleos directos y 50 indirectos, beneficiando en su mayoría a pobladores de Santa Marta y comunidades aledañas como parte del convenio de concesión.

Una de cal, otra de arena
Una de las personas que trabajan en Tayrona es Gustavo Alfonso Cano (57), quien representa a la Asociación de Arrieros del Tayrona (ArriecTayrona). Junto a sus 17 compañeros y con 54 caballos, prestan servicios turísticos a los visitantes que quieren pasear de una forma diferente los senderos del Parque. “Antes era talador en Sierra Nevada, también cazaba, pero ahora, si bien no gano tanto como antes, tengo la satisfacción de saber que estoy cuidando el medio ambiente”, explica, aunque admite que no le ha sido, ni le es, una tarea fácil, “apenas ganamos el sueldo mínimo (240 $us)”.
Como Cano muchos han vivido de los recursos naturales del Parque y hay quienes todavía lo hacen, pese a los esfuerzos de los trabajadores de Parques Nacionales por evitar que se continúen explotando irreversiblemente estos tesoros. No es sencillo combinar preservación con desarrollo, y eso lo sabe Abel Orozco (52), un humilde pescador que hace 25 años vive en el Parque Tayrona y que trabaja en el mar hace 10. A diario, entre las cinco de la tarde y las siete de la mañana, Orozco se embarca en su bote “El Cholo” y pesca alrededor de 30 kilos de pargos, barracudas y róbalos que luego vende en una pescadería de Santa Marta por los que cobra alrededor de 10 dólares. ¿La gente de Parques Nacionales le ha puesto alguna restricción para la pesca?, preguntamos, “No, a veces vienen a medir el tamaño de los pescados, pero no más. Si el pescado es chico yo no lo devuelvo al mar porque es dinero perdido”, responde.
Y es que, aunque dentro de las estrategias del Ministerio de Medio Ambiente para proteger los Parques Naturales está la de incluir en actividades relacionadas con la conservación a quienes antes vivían de ellos (taladores, huaqueros o cazadores por ejemplo), lo cierto es que la presión social de quienes viven en los Parques y sus alrededores, es mucha.
“8 de las 11 áreas protegidas en el Caribe colombiano tienen actividad pesquera sin regular y en ellas también hay extracción de material biológico como los corales”, dice Natalia Arango, de The Natural Conservancy (TNC). “Hay 9 millones de habitantes en el Caribe y serios problemas de expansión agrícola, comercialización ilegal de fauna, pesca con dinamita, degradación y fragmentación de ecosistemas marinos y terrestres”, explica.
¿Qué hacen las autoridades pertinentes al respecto? “Burocracia”, identifica Arango, como una de las características sobresalientes de las regulaciones ambientales en Colombia. “Hay muchos vacíos jurídicos dentro de las leyes, por ejemplo los delitos ambientales son excarcelables. En este momento hay más de 200 procesos administrativos pero hasta ahora no se ha resuelto ninguno, no hay nadie en la cárcel por haber contravenido estas leyes.” En Colombia, la máxima multa impuesta a los infractores es de 300 salarios mínimos (72.000 $us).

Las luces
Colombia está decidida a mostrar su mejor cara, y consciente de que una de sus mayor riquezas es la biodiversidad (este país es el primero en el mundo en diversidad de aves, el segundo en plantas y anfibios y el tercero en reptiles), está trabajando para posicionarse como uno de los destinos ecoturísticos más importantes del mundo.
Bajo la marca “Colombia es pasión”, parte de la campaña Proexport financiada a partes iguales por el gobierno y los empresarios privados, de forma que se perpetúe la iniciativa, se han invertido más de 15 millones de dólares para reforzar la buena imagen de Colombia como país cultural y como tesoro natural. La importancia de preservar esta riqueza es fundamental para este país que alberga el 10% de la biodiversidad mundial.
Emilio Rodríguez, sub director de la Unidad Administrativa de Parques Nacionales de Colombia, explica que bajo esta estrategia se protege la biodiversidad además de los bienes y servicios ambientales y se preserva la cultura. “Bajo el manejo adecuado, las áreas protegidas son un sustento para la vida humana y aportan en la reducción de la pobreza además que los ecosistemas con gran biodiversidad se recuperan más fácilmente de las consecuencias del cambio climático”, explica el experto. La entidad estatal encargada del cuidado y manejo de las 54 áreas protegidas de Colombia, a través de varios de sus funcionarios, expuso ante varios periodistas extranjeros y colombianos la realidad que a ellos les toca de la biodiversidad en ese país y fue uno de los organizadores junto a la Corporación Andina de Fomento (CAF), que se unieron a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano para organizar el Taller de Periodismo Ambiental, realizado la semana pasada en Santa Marta, Colombia.

Un coraje natural
Más allá de este aspecto negativo, sin duda importante, hay varias cosas por resaltar en el esfuerzo que hacen los colombianos por preservar sus riquezas naturales. La gente de Parques Nacionales es un ejemplo de ello. Con un presupuesto muy por debajo de sus necesidades (1.000.000 $us) cada uno de los 400 funcionarios, en teoría, debería vigilar alrededor de 38.000 hectáreas en las 54 áreas protegidas que tiene Colombia, una tarea imposible. Además deben mitigar los efectos del cambio climático, hacer ordenamiento turístico, establecer capacidad administrativa y hasta realizar campañas educativas, como la que tiene a su cargo Juliana Lozano que hace milagros con los 1.000 $us que se le asignan o las investigaciones científicas que realiza la bióloga Rebeca Frannke. Pero ninguno de estos funcionarios pierde la sonrisa, ni la voluntad. Y estas son contagiantes.
Con variedad de actividades por escoger, entre cabalgatas, senderismo, fotografía y actividades naúticas y un lugar ideal para la luna de miel de novios intrépidos, el Tayrona se constituye en una de las joyas naturales más preciadas del caribe colombiano, descrito por quienes lo conocen (y siempre quieren volver) como el lugar donde los ángeles van de vacaciones.

20 agosto, 2008

El verdadero sentido de la justicia comunitaria

La justicia comunitaria o el sistema jurídico de los pueblos indígenas, existe mucho antes que el propio Estado boliviano y ha sido reconocida legalmente en Bolivia desde la época de la colonia (por las Leyes de Indias). En 1994 la Constitución Política del Estado (artículo 171.III) la reconoce no como una justicia paralela sino como una jurisdicción especial, por su capacidad de administrar normas propias y solucionar conflictos. Más recientemente la Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas (artículo 34-que ahora es ley de la República) reconoce el derecho de los pueblos indígenas a administrar su sistema jurídico.
Por otra parte en Bolivia, el acceso a los servicios de la justicia ordinaria es muy deficiente. De acuerdo a las estadísticas del Defensor del Pueblo, sólo el 55% de los municipios del país cuentan con un juez, el 23% con un fiscal y el 3% con un defensor público. Razón por la que en gran parte de los municipios, el servicio más cercano de justicia que tienen los ciudadanos bolivianos es el sistema jurídico de los pueblos indígenas y originarios.
Aunque ha sido utilizada hace cientos de años, la justicia comunitaria se ha visto desvirtuada por los linchamientos e intentos de asesinato a supuestos delincuentes, que se han ido sumando en distintas regiones del país. Para muchos, la debilidad del Estado y la poca credibilidad en la ley, han favorecido para que los sangrientos episodios se repitan cada vez con más frecuencia. Uno de los más recientes, ocurrido en Epizana donde tres policías fueron asesinados en manos de una turba alcoholizada, han revelado que se han roto todos los límites de respeto a la autoridad. Los cadáveres de los tres uniformados, arrojados a la carretera, son una evidencia real. Sin embargo, la justicia comunitaria en su verdadero sentido, nada tiene que ver con estos delitos, ni con el irrespeto a las normas legales establecidas en la justicia ordinaria.

¿Qué es la justicia comunitaria?
La justicia comunitaria se traduce como el derecho de los pueblos indígenas a administrar su sistema jurídico, es un derecho humano colectivo reconocido por normas internacionales (Convenio 169, Declaración de las Naciones Unidas sobre los derechos de los Pueblos Indígenas), la Constitución y las leyes bolivianas vigentes (como el Código de Procedimiento Penal, la Ley INRA, la Ley del Ministerio Público, etc).
La justicia comunitaria o más propiamente el sistema jurídico indígena, es aquel sistema compuesto por autoridades, normas y procedimientos, a través del cual los pueblos indígenas y originarios regulan la vida de la comunidad y resuelven sus conflictos. Entre sus principales características se encuentran: a) accesibilidad, oralidad, rapidez y bajo costo; b) publicidad, participación y control social de la comunidad; c) flexibilidad y adaptación a nuevas circunstancias; d) la búsqueda de la reparación del daño y la reconstitución de la paz y la convivencia social; d) sanciones preferentemente didácticas.
Sin embargo no está exenta de errores. Es por ello que instituciones como el Defensor del Pueblo alertan de la necesidad de promover los derechos de las personas sometidas a la jurisdicción indígena, principalmente los de los grupos poblacionales más susceptibles en la violación de sus derechos, tales como mujeres, niños, adolescentes y adultos mayores. “El Defensor del Pueblo promueve los derechos humanos como límite del ejercicio del sistema jurídico indígena, principalmente el derecho a la vida, la integridad física y la prohibición de tortura, al interior del sistema jurídico indígena”, explica Waldo Albarracín.
Por su lado, Carlos Alarcón, abogado constitucionalista cuestiona que no exista dentro del Código Penal el delito de hacer justicia por mano propia o el utilizar la violencia para hacer valer las propias razones. “Un tipo penal de esta naturaleza puede ser una respuesta que contribuya a evitar estos hechos. Como paliativo, puesto que la respuesta estructural tiene que ver con superar la anomia social y la debilidad extrema del Estado y de sus instituciones democráticas.”
La anomia social y la debilidad del Estado a la que se refiere Carlos Alarcón se han hecho evidentes ante el escaso esclarecimiento de los casos en los que la muchedumbre ha cobrado la vida de algún sospechoso. Pocos linchadores están en la cárcel, y pocas víctimas que han sobrevivido a las torturas han sido resarcidas. Ante ello, el Defensor del Pueblo ha iniciado una campaña de comunicación a través de la prensa y la radio en contra de los linchamientos por tratarse de "delitos de asesinato u homicidio", exigiendo a las autoridades de la justicia penal (Poder Judicial, Ministerio Público y Policía) el procesamiento inmediato de los presuntos culpables y su posterior sanción.
Es importante aclarar que existen diferencias sustanciales entre el linchamiento y la justicia comunitaria o más propiamente el sistema jurídico de los pueblos indígenas. De acuerdo a Albarracín, entre las diferencias principales se pueden citar que los linchamientos se producen como consecuencia de la marginalidad, pobreza, desocupación, angustia colectiva y debilitamiento de la confianza del ciudadano en las instituciones públicas, que da lugar a la pérdida del respeto a la ley, son manifestaciones de impotencia de un grupo social que se halla frente a una situación que considera que el conflicto no puede ser resuelto de otra manera; a diferencia de la justicia comunitaria que es una forma ancestral de solución de conflictos al interior de la comunidad. Los linchamientos se producen generalmente en ámbitos periubanos o urbano-marginales, o en lugares en los que no existe propiamente un sistema jurídico indígena originario (áreas de colonización, ex haciendas, etc.) El linchamiento es realizado por una turba o muchedumbre criminal; a diferencia de la justicia
comunitaria que es administrada por las autoridades de los pueblos indígenas, que gozan de legitimidad y apoyo de la comunidad; autoridades que son elegidas por sus comunidades por un periodo de tiempo concreto.

Lo que se denomina hoy justicia comunitaria es un nombre impuesto recién, vednría a ser el “sumak tamaña” (vivir bien). La transgresión a esas normas es lo que se sanciona por la comunidad o ayllu, son normas que siempre han existido en el mundo andino. Pero las sanciones vienen de acuerdo a la gravedad del delito, por ejemplo las fallas leves tienen penas leves, así como los delitos graves tienen otra instancia de tratamiento, no es tan simple con se lo ve actualmente.
En el periodo del Tahuantinsuyo, las trasgresiones que se cometían en el ayllu se resolvían internamente con la participación de la comunidad liderada por los amautas que era quienes decidían qué acción se iba a tomar. Dentro de las penas leves estaban los chicotazos, determinados por la magnitud del delito y dentro de las graves la expulsión de la comunidad, el destierro. Sus bienes en muchas ocasiones son repartidos entre los afectados. Si bien la pena de muerte no está incluida, sí se tienen casos en los que, ante la gravedad del delito, se ha determinado la muerte del acusado, sin embargo generalmente se marcaba el cuerpo del autor (se cercenaba parte de la oreja o las fosas nasales) para que sea rápidamente reconocido. Las sanciones en el mundo andino han sido siempre más de carácter moral, y eso es lo que más afecta. Dentro de la cosmovisión andina, se daba vida a todo objeto material, plantas, piedras… si uno cometía un delito sabía bien que habían testigos y que ellos hablarían en algún momento.
El temor ha cometer un delito era una de las formas de vida del mundo andino. El tener miedo a las autoridades, al entorno, al dios sol, el cometer un delito a vista del dios sol era terrible.
Las Ulakas (asambleas) eran las que determinaban y llevaban a cabo los juicios, y las principales decisiones de la comunidad en general. Es ahí donde los testigos exponen los delitos que ha cometido el acusado en cuestión y entre todos, al influjo del amauta quien por su sabiduría y sus años es quien orienta e induce las decisiones de acuerdo a la gravedad del delito.
En el periodo de la colonia y de la república el concepto cabal de esta justicia se ha ido desviando. El perder el respeto a la naturaleza y a los dioses andinos es obra de la Iglesia, que con la extirpación de las idolatrías rompe con el pensamiento del mundo andino imponiendo un solo dios. Al tener esta dicotomía, el delito se hace más común. Como es común que estas trasgresiones se den en momentos de embriaguez. Si se hace un análisis histórico, se puede ver que el alcohol es parte del sometimiento. La Iglesia misma, con la santificación de fiestas y los alferez (que son los llamados actualmente prestes) los fuerzan a pasar esas fiestas donde los comunarios se ven obligados a incurrir en gastos, un círculo vicioso en que se incluía el alcohol. Dentro del mundo andino la chicha por ejemplo era de carácter estrictamente ritual, es a través de la conquista que llega el alcoholismo como parte del sometimiento.
Lamentablemente en los últimos hechos que hemos visto, ha sido el alcohol el que ha tergiversado el concepto de justicia en el mundo andino. En una ulaka el tema del delito era tratado conscientemente, sin consumo de ninguna bebida alcohólica. De acuerdo a Callisaya, la tergiversación de la justicia comunitaria en los hechos de linchamientos ocurridos últimamente se debe a cuando se intenta legalizarla, ya que se sienten protegidos por la normativa que se quiere dar con el término de justicia comunitaria, donde los delitos menores tienen pena de muerte. “Ni siquiera se juzga si han sido realmente los autores del delito e igual se los ajusticia y muchas veces por error se los mata, cosa que va poniendo en tela de juicio lo que se denomina hoy justicia comunitaria”.
Quién mata a alguien por error o por influjo de una borrachera debe pagar con el mismo precio. La comunidad no puede ser un testigo mudo porque de lo contrario es cómplice. Si se aplica la justicia comunitaria, la comunidad no puede ocultar ese tipo de hechos, deben ser castigados los culpables que han cometido el crimen.
“No considero que la justicia ordinaria y la comunitaria puedan compatibilizarse porque son dos visiones diferentes, en el mundo occidental tienen una visión donde todo está tipificado por áreas, la justicia civil, la penal, etc., mientras que en el mundo indígena todavía no hay una clara visión de lo que ha sido la justicia comunitaria en sus raíces. Han pasado cinco o seis años en los que se ha querido legalizar la justicia comunitaria y ello es como crear una ciencia para el mundo andino pero que está en pañales, es muy difícil ver desde la actualidad la visión de lo que ha sido el “sumak tamaña” de hace 500 años. Es todo un proceso para recuperar el verdadero sentido de lo que esto fue.
Hay un grupo de intelectuales juristas que a como dé lugar quieren introducir lo que es lo que por un lado llaman derecho indígena o justicia comunitaria, pero yo creo que todo esto es por ganar espacios, si bien la justicia occidental ha tenido muchas observaciones en su comportamiento, la justicia comunitaria debería de guiarse por entrar a un campo más legal donde se cumplan ciertas normativas, donde se llegue al juzgamiento entre toda la población, sana y conciente, y donde realmente guíen autoridades originarias y los amautas. Hoy en día lamentablemente cualquier persona por el color político o por cierta afinidad de parentesco con autoridades, ejercen ese rol.


Recuadro
La legalidad
Carlos Alarcón es abogado constitucionalista. A él le consultamos acerca de la viabilidad de la justicia comunitaria y sus aplicaciones en el marco legal establecido.

¡OH! ¿Considera viable la aplicación de la justicia comunitaria a la par de la justicia ordinaria?
Antes de analizar la viabilidad de la concurrencia constitucional de la justicia ordinaria con la comunitaria considero importante aclarar que no debería hablarse de justicia comunitaria sino de indígena originaria, para evitar que cualquier grupo de personas se considere legitimado para impartir justicia sin una base de pertenencia étnica cultural a un pueblo o comunidad que ha realizado prácticas milenarias de justicia en aplicación de usos y costumbres reconocidos y comprobados por la tradición.
Es posible compatibilizar la justicia ordinaria con la justicia indígena originaria y por tanto que sea viable la aplicación complementaria de las dos formas de justicia en la medida que se respete la base universal de la justicia ordinaria, que se fundamenta en un vínculo universal de la persona con el Estado, y la base particular de la justicia indígena originaria, que se fundamenta en un vínculo particular de pertenencia de una persona a un pueblo indígena. Deslindado el plano universal y particular que corresponde a cada una de estas formas de justicia, su aplicación conjunta depende de una adecuada delimitación de sus respectivos ámbitos de vigencia material, personal y territorial.

¡OH! ¿Cuáles son los principios de la justicia comunitaria?
Los principios de la justicia indígena originaria deberían ser los mismos de la justicia ordinaria para poder identificarlas a ambas como expresiones de justicia de un mismo sistema constitucional de justicia. Tales son los principios de independencia, imparcialidad y debido proceso que hacen a la esencia del "Juez", sin importar que éste sea o no indígena.

¡OH! En su opinión, ¿debería endurecerse el Código de Procedimiento Penal para evitar actos como los linchamientos ocurridos en Cochabamba?
Es necesario hacer ajustes al capítulo de las medidas cautelares personales del nuevo Código de Procedimiento Penal, para mejorar el sentimiento de seguridad ciudadana en la población. No obstante ello, los linchamientos constituyen un fenómeno patológico de violencia social y justicia por mano propia cuyas causas van mucho más allá de la vigencia de un nuevo Código de Procedimiento Penal. Principalmente están relacionados con la anomia social que vive el país, la violencia social como respuesta general para resolver todos los problemas y la falta de la autoridad del Estado y sus instituciones.

Jorge Lazarte: “El alma del MAS está más cerca de la revolución que de la democracia”

Muchas preguntas se ciernen en torno al referendo revocatorio que se realiza este domingo, la mayoría se centran en saber qué cambiará en Bolivia después de este 10 de agosto. Jorge Lazarte, analista, politólogo y ex constituyente, revisa los procesos que han desembocado en un evento electoral sin precedentes, carente de legalidad y constitucionalidad, pero que se ha llevado adelante contra todo pronóstico.
Desde el desacuerdo de la Asamblea Constituyente hasta el referendo revocatorio de hoy, los episodios se han desarrollado en una vorágine sin final predecible. ¡OH!, quiere conocer una vez más la opinión de Lazarte, quien ha estado muy cerca de los hechos, para tratar de vislumbrar el panorama que le espera al país.


¡OH! ¿Por qué hemos llegado a este punto? ¿Tenemos o no cultura política los bolivianos?
Por un lado son fracturas históricas que se han acumulado en el tiempo y que ahora se superponen y se nutren recíprocamente, y que en democracia no han encontrado el camino para ser resueltas y los que debieron hacerlo prefirieron mirar a otro lado y aprovechar en general de las ventajas del poder. Son fracturas sociales y políticas que siempre hemos tenido, y étnicas, que se han agudizado en los últimos años combinándose con las regionales. Son muy difíciles de manejar porque hay que resolverlas todas a la vez. Cuando todos estos factores se reúnen, es una mezcla potencialmente explosiva e inmanejable. Si además se expresan en actores sociales y políticos que han puesto en cuestión toda la organización institucional del país, el sistema de representación, el modelo económico, el de integración social , el de integración cultural, la forma de organización del Estado, regional y étnica, entonces estas fracturas se potencian en su efecto desestructurador.
Con estas fracturas el país llegó a diciembre de 2005, con una crisis que tuvo como vectores a movimientos de protesta y que ayuda a explicar lo sorprendente de los resultados electorales.




¡OH! ¿Actores representados por los hoy llamados movimientos sociales?
Movimientos sociales es una denominación muy genérica que ha servido más para idealizarlos y legitimarlos que para explicarlos.
La parte novedosa de esos movimientos sociales, a diferencia de los tradicionales-sindicales, fueron los étnicos y los regionales, que cuestionaron la forma de organización del Estado. Y como en democracia en los últimos 25 años los que gobernaron se ocuparon de todo menos de que la democracia responda a estas fracturas, entonces quedaron como temas pendientes que los partidos no pusieron en agenda. Quizá el gran saldo no de la democracia sino en democracia fue no haber agendado las grandes fracturas históricas, lo que suponía construir un país distinto pero en democracia.

¡OH! ¿Qué ha fallado en el proceso?
El país dejó pasar varias oportunidades en el pasado para construir el país de todos. La fundación misma de la República, la revolución federal, con el programa liberal; y la revolución del '52 con el programa nacionalista que fue seguramente el intento más importante de construir un país, pero no tuvo tiempo y tampoco los líderes para apostar a largo plazo; pronto se agotó en su impulso y los regímenes militares simplemente heredaron el modelo del 52 en su variante represiva, e hicieron lo que la historia conoce. Lo que falló es que se quiso hacer un país sin una parte del país. En el caso del MNR su inspiración se acabó pronto.

¡OH! ¿Qué papel le ha tocado jugar al MAS?
Dada la debilidad de las elites políticas tradicionales y su descalificación, había necesidad de una fuerza social comparable a la del '52, que tenga las ideas claras, es decir un proyecto integrador de país, y arrastre al país hacia una dirección compartida, pero había que hacerlo en democracia. El actual gobierno tenía la fuerza electoral y social para hacerlo y por tanto era la oportunidad del país para recomponerse. La victoria contundente de Evo Morales fue recibida con entusiasmo contagiante que revirtió las tendencias negativas y pesimistas del país durante los primeros meses. El entusiasmo por distintas razones fue compartido por la comunidad internacional que estaba dispuesta a poner de su parte para que el desafío fuera exitoso.


¡OH! ¿Cómo es que se desperdicia esta oportunidad histórica?
En primer lugar, el MAS creyó que al ganar las elecciones en realidad había ganado el derecho a tener el poder, pero en democracia se gana el derecho a gobernar.
Entonces se ocupó más de conquistar el poder que no tenía, y no de gobernar, que es lo que debía hacer. Gobernando en debida forma podía hacer los cambios que requería el país y estaba esperando. Pero lo dominó la necesidad de poder y apostó a la Asamblea Constituyente, para "refundar" el país. Aquí afloraron las debilidades y puntos ciegos del MAS.
El proceso electoral precipitado del 2005 sorprendió al MAS en un proceso de metamorfosis de movimiento cocalero a nacional, y dotarse de estructuras políticas básicas, de capacidad de gobierno y elaborar su propia visión de país. Su victoria interrumpió este proceso de maduración y sin estas tareas resueltas llegó al gobierno. Una vez en él, hilvanó sus consignas en una visión de país fuertemente andino-centrista, que no es integradora y que era de suponer que no iba a ser atractiva para la otra parte del país y para los sectores medios. Eso tenía que generar conflicto.
Esta visión etnicista de país fue acompañada de una cierta visión sobre el diseño de una nueva estructura del poder en el país, que efectivamente reivindique a los sectores tradicionalmente excluidos. Pero esta visión tenía en su base la idea de que para ello había que invertir lo existente, de manera tal que los que habían dominado antes sean en adelante los dominados, y los dominados sean los dominantes. Esto no tenía nada de democrático, como no tenía ni tienen la idea de poder predominante en el MAS. El famoso empate catastrófico debía resolverse con la victoria de uno sobre el otro, construyendo lo que llamaron un nuevo bloque de poder que reemplazara al anterior.
A ello se sumaría una estrategia de poder que consistía precisamente en tener el poder por largo tiempo, sea por la vía de un copamiento de las nuevas estructuras de poder, sea por la vía electoral, o finalmente la imposición desde abajo, mediante el control social. Una visión distinta de país y de poder, con estrategia dominante de poder, juntamente con intereses corporativos muy fuertes que defendía, todo esto conformaba un paquete difícilmente concertable, peor aún si sus operadores políticos no tenían ninguna inclinación a los compromisos duraderos ni aptitud para ello.

¡OH! ¿Entonces qué significado tuvo la Asamblea Constituyente?
Todas estas apuestas debían tener su realización pacífica en la Asamblea Constituyente. No era concebible que la Constituyente viabilice ese proyecto de poder, peor aún si no era concertable. Y efectivamente eso ocurrió y la mayoría de la Asamblea tuvo que imponerlo, pero contra la resistencia de la otra parte del país. De este modo el proyecto de Oruro se inviabilizó, poniendo en riesgo inclusive lo que debía ser una apuesta en favor de lo que siempre habían sido excluidos de la vida del país.
En la constituyente apareció otro punto ciego, o una ausencia terrible porque ni los masistas tradicionales ni los neomasistas pensaron cómo podían hacerse los cambios "estructurales" en Bolivia en los marcos democráticos. Este vacío fue cubierto con esa fórmula de "revolución democrática"

¡OH! ¿No es el término mismo contradictorio?
El que se haya acuñado este término en el gobierno y no antes, ya es ilustrativo de las ambivalencias internas del MAS, entre revolución y democracia, entre la dureza y apertura, entre amenaza y conciliación, entre imposición y "dialogo", pero el alma del MAS está más cerca de la revolución que de la democracia y esta su pauta de comportamiento.
En realidad los dirigentes del MAS tienen una idea de la democracia que no es democrática. Es una democracia reducida a elecciones, a pueblo que vota. Es una visión plebiscitaria de la democracia. El pueblo no elige sino que vota para dar y reforzar el poder que ya se tiene. La democracia plebiscitaria encierra la idea de que el pueblo es inherentemente democrático, no importa cómo se exprese. Es confundir soberanía popular con democracia, como ocurre con el referendo en marcha.

¡OH! Pero acá estamos, inmersos en este proceso que no tiene constitucionalidad ni legalidad, ¿por qué se ha llegado a él?
Más allí de lo inverosímil de este referéndum revocatorio su existencia es resultado de dos fracasos: el fracaso de la Asamblea Constituyente y el fracaso sucesivos de los "diálogos". A ello se sumaron los cálculos políticos para eliminar a los prefectos desafectos, las jugadas o malas jugadas de sus adversarios, las reglas bajo las cuales se realiza, y que pueden producir resultados insólitos; y todas las impugnaciones y dudas, como nunca ha ocurrido con un proceso electoral por lo menos en los últimos 25 años. En general la población sólo sabe que debe votar y descubrirá los problemas después de haberlo hecho cuando se sorprenda cómo se cuenta su voto.

¡OH! ¿Qué va a cambiar en realidad después del 10 de agosto?
Todos los escenarios que podrían verse hacia adelante son negativos porque se ha abandonado el camino hacia la solución: ponerse de acuerdo sobre un nuevo texto constitucional. Para saber cuanto de negativo será su saldo dependerá de los resultados concretos, pero sobre un escenario de base predecible: el país va a ratificar y hasta ahondar sus divisiones. Está claro que ningún referéndum resuelve todos los problemas del país, pero este referéndum no va a resolver el problema político de fondo y por ello mismo es cuestionable.

¡OH! ¿Quién debió cuestionar?
Lo que hay que cuestionar es el fundamento mismo del referéndum revocatorio que no es democrático y no es cuestionado en el país. No es pensable que las diferencias políticas entre un presidente y los prefectos tengan que resolverse con un referéndum, esto riñe con una idea fundamental de la democracia que es el pluralismo.
Nos parece casi natural ahora que todo deba ir a referendo. Ello puede explicarse por el intento no logrado de hacer funcionar instituciones democráticas en un país que no es democrático. No hubo el 'humus' que dé vida a esas instituciones. Quienes en un tiempo pudieron hacerlo han preferido dedicarse a otra cosa. Se ha creado una democracia débil que no tiene capacidad de defensa. Las reglas mínimas de convivencia no funcionan y no hay instituciones para hacerlas cumplir ni para que el país vuelva al derecho y no siga viviendo una situación de hecho. Todo esto quiere decir, que como nunca si está en cuestión la preservación misma de la democracia.

¡OH! El Tribunal Constitucional está acéfalo desde hace casi un año, ¿cuál ha sido la ingerencia de este vacío en la realización del referéndum?
El Tribunal Constitucional es la garantía institucional no solamente de derechos ciudadanos básicos sino de que las instituciones puedan funcionar de manera adecuada cada una en su propio ámbito, y pueda resolver disputas entre actores con respecto a las instituciones o actores entre sí a través de las decisiones del Tribunal. La cabeza misma del sistema jurídico boliviano no está funcionando. Este vacío se ha convertido en una coartada para violar la ley.

¡OH! ¿Cuál ha sido el rol de la oposición en todo esto?
La oposición se desencaminó en el proceso. Salió destrozada del 2005 frente a un monstruo electoral, que además tenía la historia en su favor porque el país quería cambios. Sin ofrecer una visión distinta de cambio y no era creíble, la oposición no le pudo disputar al MAS el protagonismo de ese cambio. MAS era cambio y la oposición el pasado y cargaba sus propios complejos y culpas. La oposición social fue reemplazando poco a poco el vacío de la oposición política, y esta oposición social, con su demanda de autonomías, fue la que encontró el gobierno en su camino, y a la que reforzó con sus propias torpezas. El poder de las regiones le cerró al MAS el camino al poder.
Y sin embargo, ambos se necesitan. El proyecto del MAS no es viable sin concertar con esta oposición. A su vez el proyecto de autonomías tampoco es viable sin concertar con su contraparte. Ninguno puede vencerse pero tampoco pueden entenderse. Quizá tiene que pasar algo para que al fin se convenzan, sobre todo el gobierno, de que tienen que ponerse de acuerdo, y abandonar el maximalismo de quererlo todo para sí, abandonar el minimalismo para el otro, y apostar por el posibilismo. En la antigüedad Aristóteles decía que la vía media entre el temerario, que no tiene miedo de nada, y el cobarde que se amedrenta de todo, es la valentía, que luego de sopesar toma la decisión de actuar.

Sucre, capital del chocolate

Estar en Sucre y no probar su chocolate es simplemente inadmisible. Y si usted planea viajar a la Ciudad Blanca, tenga por seguro que siempre habrá alguien que le encargue un bombón. Sucede que, desde hace algunos años, la capital se ha propuesto convertir el chocolate que produce en el preferido de Bolivia, y para alcanzar ese objetivo trabajan entre grandes y medianas fábricas y chocolateros artesanales. Lo cierto es que Sucre se ha hecho famoso por la calidad de sus bombones, y no sólo dentro del país.
Hace pocos días se llevó a cabo el II Festival del Chocolate, organizado por la Cámara Departamental de Industria y Comercio de Chuquisaca, donde los afiliados a la Asociación de Procesadores del Cacao (APCO) y algunos chocolateros del interior ofrecieron a cientos de visitantes sus mejores productos, además se realizaron actividades paralelas como teatro, música, cine, gastronomía, danza, arte, fotografía y circuitos turísticos. Fue una verdadera fiesta para los capitalinos, así que mientras Sucre celebraba los 199 años del grito libertario, los chocolateros sumaban a su festejo los beneficios de esta actividad.
Aunque no ha sido una tarea fácil posicionar a esta ciudad como la capital del chocolate, su tradición ha influido mucho para que sean los mismos sucrenses los encargados de hacer crecer el mercado. Para ello, no hay actividad que no se endulce con un chocolate: bautizos, compromisos, comuniones, matrimonios, todo gira alrededor de una deliciosa caja de bombones, acompañada a veces de un regalo que, aunque más caro, termina siendo secundario.
La mejor forma de galantear, aseguran los muchachos que se reúnen en la plaza 25 de Mayo, es con chocolate. "Pocas chicas me han dicho no cuando les llevo uno", confiesa Ariel, estudiante de Derecho, mientras su amigo Ricardo lo corrobora: "Yo, para abuenarme con mi enamorada, siempre le regalo chocolates". No es casualidad entonces que el Día de los Enamorados y el de la Primavera sean ventas buenas y seguras para las chocolaterías. Ni qué decir el Día de la Madre.
Casi todas las agasajadas en Sucre se endulzaron con bombones porque es así desde hace años, desde que a fines de 1800 un ilustre chuquisaqueño de apellido Rodríguez iniciara la primera fábrica de chocolates en la ciudad, dando apertura a una industria donde algunas empresas han cerrado y otras aún se mantienen abiertas. Familias enteras han hecho tradición con su herencia, con recetas secretas que hacen diferentes sus productos.

Afianzando la industria
La Cámara de Industria y Comercio de Chuquisaca (Cicch) presentó al BID en 2004 un proyecto de apoyo al sector chocolatero y el ente financiero otorgó $us 130.000.
Luego de ejecutado el proyecto, se crea APCO (Asociación de Procesadores de Cacao) a finales de 2006. Lorenzo Catalá, gerente general de la Cicch, explica que hay 25 empresas afiliadas entre pequeñas, medianas y grandes. Esta asociación les ha permitido mejor organización empresarial e incluso fusiones. "El proyecto ha tenido varios componentes básicos: ha mejorado la capacidad técnica mediante asesoría de expertos nacionales. La producción se ha complementado con capacitaciones y certificaciones en el Instituto Tecnológico de Alimentos para mejorar la elaboración y para garantizar la calidad de los productos con estudios y análisis bromatológicos. También se ha potenciado la información del mercado a través de consultores, material promocional y se está difundiendo el sector con la organización de ferias. Asimismo se ha ejecutado lo que se conoce como ‘ecoeficiencia’ productiva para que, sobre todo en las industrias más grandes, se reduzca a los mínimo los consumos energéticos y los impactos medioambientales”.
Para Catalá es muy importante señalar el desprendimiento de las principales industrias del ramo que vieron con buenos ojos que se vayan potenciando otras unidades. "Ha sido un proceso muy enriquecedor y esa libertad que han dado las grandes industrias ha sido lo que ha logrado conformar esta asociación". Si bien la APCO está conformada en la actualidad por 25 afiliados, entre grandes, medianas y pequeñas empresas, existen varios otros chocolateros, al margen de la organización, que todavía deben adecuarse a las reglas sanitarias y de tributación para poder incluirse en este gremio.
Al respecto, Susana Sandoval, ejecutiva de la Cicch, explica que otro de los logros de este proyecto ha sido hacer que las pequeñas y microempresas cumplan todos los requisitos necesarios para formalizarse en la tributación y que sean conscientes de las ventajas de ser formales.
El chocolate producido en Sucre ronda las 200 toneladas anuales, con un PIB del sector que supera los cuatro millones de bolivianos. Todo lo que se produce se vende dentro del mercado interno, afirma Catalá. "En Bolivia se consume el 100% de la producción; si se exporta es a través de los turistas. Ha sido tal el reforzamiento de este sector que las industrias más grandes han hecho inversiones para duplicar su capacidad productiva. Dentro de poco habrá mayor producción y nos permitirá exportar como departamento a Chile, Estados Unidos e incluso Brasil, con quienes ya se ha hecho contacto".
¿Se ha pensado en plantaciones de cacao en regiones chuquisaqueñas? Los ejecutivos de la Cámara dicen que han hablado con la Prefectura para esta posibilidad, porque hay regiones que son aptas, pero ha sido un diálogo poco productivo. "Es como haber hablado con nadie. Como Cámara hemos trabajado durante cuatro años arando en el desierto en este proyecto y el BID ha sido el único que nos ha dado el apoyo. Ni la Alcaldía ni la Prefectura nos han colaborado. Recién este año la Alcaldía está ayudando, pero nuestras autoridades son exitistas y no piensan mucho en el futuro", se quejan.
De entre las ventajas del ‘chocolate capitalino’, su tradición es la que le ha permitido afianzarse. Muchos empleados de las grandes fábricas apuestan a iniciativas personales en el ramo. Inicialmente artesanal, luego industrial y ahora con tecnología de punta, así se ha desarrollado y lleva en su bonanza a productores de nueces, amaranto, etc., que se cultivan en la zona, además de fabricantes de cajas y envoltorios.

Dulce trabajo
El 80% de las personas relacionadas con el chocolate en Sucre son mujeres. Y lo comprobamos cuando llegamos a la fábrica Para Ti, la más grande de Bolivia. Su gerente general, Gastón Solares, cuenta como anécdota que en el piso donde él trabaja el 99% son mujeres. Solares está escribiendo un libro que cuenta la historia del chocolate en Sucre, y aunque recién está empezando ya tiene la seguridad de que el bombón chuquisaqueño es único en el mundo. Bajo esa lógica, Para Ti fabrica sus distintas líneas de chocolates y bombones.
La empresa ha cumplido 18 años y empezó con siete operarios, ahora tiene 120 trabajadores y produce 10 toneladas mensuales con la firme intención de duplicar su producción. La fábrica ya ha tenido algunas experiencias en Argentina, Chile y Estados Unidos, y se están haciendo trámites para consolidar puestos de venta en Salta. "Son trámites burocráticos y difíciles, pero los estamos haciendo", dice Solares. Él cree que la competencia es altamente beneficiosa para el sector y por eso fue uno de los principales impulsores de la APCO.
Mientras que Carmen Briancon cuenta que la herencia chocolatera le viene del abuelo que llegó de Francia hace casi 100 años. Ella trabaja en Chocolates Briancon junto a otras cinco personas y compra su materia prima de El Ceibo. "Mis chocolates son especiales por el amor con el que se los hace y por la receta que nuestros abuelos nos enseñaron. Trabajamos a pedido para toda ocasión". De acuerdo con Carmen, el apoyo de la Cámara ha sido fundamental para el empuje de las empresas. "Queremos darle al público un precio justo para que la cultura del chocolate llegue a la gente. Si bien las circunstancias que vivimos en el país nos coartan un poco en nuestro propósito, sobre todo porque el cacao ha aumentado de precio considerablemente y para el productor boliviano sólo queda el remanente y a veces ni eso”.
Otra de las empresas con un crecimiento vertiginoso es Chocolates Charcas La Plata, cuya dueña, Carmen Rosa Soliz, empezó en solitario y hoy cuenta con algunas empleadas que la ayudan. Su originalidad la ha llevado a crear varios modelos, aunque los preferidos son las camisetas del equipo de Universitario, pasión de los chuquisaqueños. "Nos ha servido mucho el proyecto para capacitarnos. Vendo en mi tienda chocolates de otras fábricas más pequeñas, porque considero que debemos ser solidarios entre nosotros", dice la mujer.
Taboada es una de las fábricas más antiguas y fue creada en 1948. Carlos Taboada, actual gerente general, explica que muchos de los ex empleados ahora tienen sus propias empresas. Miembro de APCO, asegura que esta empresa ha sido la que hizo famosa a Sucre por sus chocolates. Afirma que ha sido muy importante el fortalecimiento del sector a través del reciente proyecto financiado por el BID, en especial para las empresas más pequeñas. Taboada se refiere a los obstáculos que se tienen en el sector: la falta de materia prima, de financiamientos y el aislamiento geográfico de Sucre, aunque admite que el sistema de transporte terrestre ha mejorado bastante. La empresa tiene 80 trabajadores y procesa más de 80 toneladas anuales de chocolate.
"Para nosotros el tema de la pureza en los chocolates es fundamental; no sustituimos la manteca de cacao, por ejemplo, por grasa hidrogenada. Nuestro éxito ha sido mantener una fórmula base en la pureza, mejorándola con tecnología, etc. Y nuestro producto estrella son los bombones". Este 25 de mayo, cientos de sucrenses se deleitaron con escudos de su departamento hechos con chocolate Taboada. Recientemente han comenzado el traslado a una nueva planta, donde se han invertido alrededor de $us 450.000.
Late Late Chocolate es una empresa personal, donde Ninet Daroca trabaja con chocolate ecológico sin preservantes. Daroca se distingue por la artesanía de sus productos, creados con dulces típicos de la región como membrillo, guayaba, higo, para cada tipo de acontecimiento. Esta empresa compra su chocolate en la plantación de cacao de Sapecho, en Alto Beni.

Turismo y chocolate
Muchos empresarios han decidido combinar turismo con chocolate, por lo que varias presentaciones incluyen fotos de paisajes típicos de la región y envases artesanales hechos en Tarabuco, por ejemplo. No es una casualidad: quienes trabajan en el chocolate saben que la fórmula es exitosa. Anne Zweck es una turista danesa que está viajando por Bolivia junto a sus amigas. La joven tiene en sus manos una caja de bombones comprada para regalar y confiesa que es la segunda que adquiere porque la primera fue terminada por ella y sus amigas ¡en una sola tarde!". Anne dice que ha comprado recuerdos de cada ciudad y que le aconsejaron en Cochabamba que debía comprar chocolates de Sucre. "A mi mamá le encantarán, además el paisaje de la caja es hermoso", asegura.
Como ella, cientos de turistas viajan a diario a Sucre, ya sea aprovechando el circuito turístico para el salar de Uyuni o por conocer los encantos de esta ciudad, y es común ver en las calles a los forasteros con bolsas de chocolate. Y es que para quienes disfrutan de un buen chocolate, ¿puede haber mejor fórmula que recorrer una ciudad llena de historia saboreando el mejor de Bolivia? La creciente industria chocolatera en Sucre se encarga de dar la respuesta.

Lo amargo
La industria del chocolate en Sucre tiene muchas paradojas. Este departamento no produce ninguno de los ingredientes que necesitan sus chocolateros, pero aun así es el que más chocolate vende. El cacao se compra de Alto Beni, cuando hay. Se vende por quintales y ha aumentado su precio casi al doble: el año pasado costaba Bs 900 y ahora vale Bs 1.500.
A veces algunos procesadores deben acudir al cacao extranjero porque la producción nacional se va al exterior, encareciendo más los precios. La manteca de cacao y otros ingredientes también llegan desde fuera, así que la tarea por lograr insumos baratos se convierte en uno de los obstáculos a los que se enfrentan los chuquisaqueños.
Las cooperativas que monopolizan las plantaciones de cacao están exportando en bruto, desabasteciendo al mercado interno y encareciendo la mercadería. Ante esta situación, muchas de las empresas se han visto obligadas, por ejemplo, a importar cacao de Perú. De acuerdo con Catalá, hace un año que se viene arrastrando esta dificultad, debilitando el sector industrial que aporta fiscalmente y da empleos. Incluso algunas empresas tienen requerimientos de exportación, aunque les ha sido difícil cumplir los cupos solicitados.
Y es que pese al optimismo de quienes se mueven dentro este sector, al momento de hablar de exportaciones es imposible abstraerse del aeropuerto Juana Azurduy de Padilla, que no reúne las condiciones necesarias, no tiene vuelos regulares y tampoco una entidad estatal que pueda certificar las exportaciones para darles viabilidad legal. Es imposible también olvidarse del contrabando que llega por Villazón, una de las más desleales competencias que tienen las empresas nacionales.

La furia de las polleras



Domingo de fiesta en el Coliseo Cerrado Julio Borelli. Cientos de paceños hacen cola para admirar las artes guerreras de la lista de luchadores y luchadoras que se anuncian en cartelera. Los hombres llevan la delantera por la genialidad de sus apodos, pero las mujeres arrasan por su brutalidad en el ring. Y son las cholitas Juana la cariñosa y Elizabeth la ruda, quienes arrancan los primeros gritos y aplausos de emoción con su pelea salvaje. Al final, la ganadora se va cojeando pero feliz, mientras la perdedora cuenta los moretones y rasguños con los que tendrá que lidiar en la semana mientras atiende el puesto del mercado, la otra actividad con la que se gana la vida. El próximo domingo toca revancha. Y las dos contendientes afilan las uñas.

27 junio, 2008

Glaciar. Nuestro tesoro se derrite


Desastre. Gota a gota, los glaciares bolivianos, al igual que los del resto del mundo, desaparecen. El calentamiento global tiene efectos inmediatos e irreversibles. La única solución es adaptarse a vivir en un planeta ‘herido’


Observe el fin del mundo con Google”, “Vea a la Antártica desaparecer del mapa...”. Lo que al principio parece ser un anuncio sensacionalista, de los muchos que ofrece la red, se convierte en la pantalla en un serio proyecto de cooperación entre Google y el Gobierno británico creado para mostrar las consecuencias inmediatas del calentamiento global. “Sólo al hacer que la gente entienda el impacto que tendrá el cambio climático para ellos mismos y para los demás, se iniciarán medidas para evitar los peores efectos”, explicaba recientemente la ministra de Medio Ambiente de Gran Bretaña, Hilary Brenn, al justificar la iniciativa. ¿Pero para qué remontarnos hasta la Antártica si podemos ser testigos de la desaparición de nuestros propios glaciares? Los Andes tropicales (conformados por Bolivia, Perú y Ecuador) son una de las regiones afectadas claramente por el calentamiento global (ver recuadro), y uno de los ejemplos más notorios es Chacaltaya.
Son cada vez menos los privilegiados que conocieron la que fuera alguna vez la pista de esquí más alta del mundo. Ahora el lugar está desierto y apenas unos montones de nieve recuerdan que alguna vez hubo allí un glaciar. En 1940, la superficie nevada, donde esquiadores intentaban romper marcas internacionales, era de 22 kilómetros cuadrados. Para 2006 apenas quedaba un kilómetro… hoy no hay nada.
Muchos paceños observadores se sorprenden cuando ven que el Illimani, el eterno nevado, muestra cada vez más espacios sin nieve en sus picos. Jamás se pensó que llegaría el momento en que el majestuoso guardián de piedra se secaría, pero es un hecho que Bolivia está perdiendo sus glaciares por el calentamiento global que afecta al planeta, aunque pasa las facturas más caras a los países pobres.

Gota a gota

La concentración de GEI (Gases de Efecto Invernadero) en la atmósfera ha causado un aumento de la temperatura y, principalmente, el elevamiento del nivel del mar, variaciones en las temperaturas y en el régimen de lluvias. Si bien estos efectos pueden no ser percibidos en primera instancia, tienen impacto visible en la biodiversidad, ya que muchas especies no tienen la facultad de adaptarse a los cambios y perecen; en la salud, con el aumento de enfermedades causadas por los desastres naturales, como el dengue y la malaria; en las actividades agrícolas y pecuarias, que se ven afectadas por el cambio climático y la disponibilidad del agua; en los bosques, que al estar secos tienen mayor cantidad de incendios forestales, y en la infraestructura, donde los eventos climáticos extremos, como las inundaciones, arrasan con puentes y carreteras. Pese a esto, puede que el ciudadano común no llegue a percibir aún estos resultados, pero sí afectarán su bolsillo por una fórmula simple: hay una baja de la producción y el más pobre tiene menor poder adquisitivo. En la ciudad de El Alto, una de las más afectadas por la pérdida de los glaciares, cuando sus habitantes sientan la falta de agua, también percibirán el impacto económico.
En 2006, un estudio conducido por el ex vicepresidente del Banco Mundial, Nicholas Stern, propuso invertir un 1% del producto bruto mundial en mitigar el cambio climático y sugirió que, en caso de no tomarse ninguna medida, los efectos del fenómeno pueden causar una recesión equivalente al 20% del producto bruto mundial. El estudio, aunque inquietante, fue criticado por razones técnicas.
No existen estimaciones precisas sobre los efectos económicos del cambio climático, aunque no es difícil de entender: vivimos en un solo planeta y lo que hacen (o dejan de hacer) unos, afecta a los demás. Si un ecosistema se destruye, impacta a los otros. Y esto es lo que sucede precisamente con los glaciares, que más allá de ser masas de hielo, son servicios ambientales, pues dotan de agua para el consumo humano y las actividades agropecuarias, y generan energía eléctrica.
En la Cordillera Real se tienen los nevados más importantes: el Illimani, Mururata, Huayna Potosí e Illampu. A lo largo de esta cordillera hay varios glaciares, como el Tuni-Condoriri, que da agua a la ciudad de El Alto y a las laderas de La Paz, y a la laguna Milluni, que provee agua a la zona central de la sede de Gobierno, al valle de Zongo, donde se genera energía eléctrica para La Paz y El Alto, y que está conectado al sistema de red de energía eléctrica, y al valle del Takesi y la Chojlla, donde también se genera electricidad.
Lo sucedido en Chacaltaya ha sido un llamado de alerta imposible de ignorar, así que los expertos han comenzado a estudiar otros glaciares como es el caso del Tuni-Condoriri. Este glaciar, que desde 1956 hasta 2006 se ha retraído significativamente, aporta el 35% del agua a El Alto y a las laderas de La Paz.

Entender el cambio climático

La expresión ‘cambio climático’ se refiere al calentamiento global, que es el aumento en la temperatura promedio del aire cercano a la superficie de la Tierra. Se estima que la temperatura aumentó 0,74 ºC durante el último siglo y que parte de ese incremento fue causado por un aumento de los gases de efecto invernadero, que absorben la radiación infrarroja del sol, lo que permite aumentar la temperatura del planeta y hacer posible la vida como la conocemos. Sin embargo, la actividad del hombre ha producido gases de ese tipo en exceso y las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono y metano han aumentado un 31% y un 149%, respectivamente, desde la Revolución Industrial, tomando como año base 1750. De acuerdo con estudios geológicos, no hay registros de valores tan altos en los últimos 650 mil años, por lo que las proyecciones del Panel Intergubernamental Sobre Cambio Climático de Naciones Unidas estiman que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera podría triplicarse y la temperatura global promedio podría aumentar otros 6,4 ºC para 2100.
El aumento de la temperatura global podría estar causando otros cambios, entre ellos un aumento en el nivel del mar por el derretimiento de los hielos polares, el aumento de la frecuencia y la intensidad de eventos climáticos extremos (huracanes, cambios en la cantidad y los patrones de precipitaciones, sequías e inundaciones más frecuentes), cambios en los rindes agrícolas, extinción de especies animales y vegetales, retroceso de los glaciares, etcétera.
(Datos IPCC)

Límite Rebasado
Para evitar el descontrol del clima, la concentración de CO2 en la atmósfera no debe superar los 350 ppm.
En la actualidad, el nivel alcanzado es de 387 ppm y crece a razón de 2 ppm anuales. Los 350 ppm de CO2 ya se sobrepasaron hace 20 años.
Si tenemos en cuenta todos los gases del efecto invernadero, la concentración actual, en términos de CO2, equivalente (CO2e), sería de 420 ppm.
Un nivel de 450 ppm de CO2 supondría un 20% de probabilidades de que la temperatura se eleve a 4ºC.(Datos de Reuters)
José Luis Gutiérrez, responsable del Programa Andino de Adaptación al Cambio Climático, explica que de acuerdo con proyecciones del Programa Nacional de Cambios Climáticos (PNCC) se ha establecido que el Tuni desaparecerá en 2025 y el Condoriri en 2045. Esta pérdida ocasionará lo que los expertos denominan ‘stress hídrico’, es decir, la demanda de recursos será mayor que la oferta, se racionará el agua y en algunos casos se bajará la presión. Entre los problemas que el PNCC ha identificado como más urgentes respecto a la retracción de los glaciares está la reducción de agua para consumo humano. Este problema tiene dos aristas: la oferta de la naturaleza y la demanda de la población.
Los científicos han establecido certeramente una reducción de lluvias en el sector y la retracción de los glaciares; así, la oferta de la naturaleza se reduce. Por el otro lado, la demanda de la población es cada vez mayor, más aún en El Alto, ciudad que crece a un ritmo del 5,1%, el doble del promedio nacional de acuerdo con datos del último censo.
Para rematar la situación, existen pérdidas en el sistema de red de agua potable, debido a filtraciones y a que muchas tuberías tienen más de 30 años de antigüedad.
La cuenca del Tuni-Condoriri no solamente provee de agua a El Alto y a las laderas de La Paz, sino que también sus aguas son utilizadas en actividades agrícolas y en las cercanías del lago Titicaca para actividades pecuarias. Su pérdida significará mucho más que lo que puede establecerse a simple vista.

Manos en la nieve

Con el antecedente de Chacaltaya, el PNCC se ha puesto en acción. Con el apoyo del Banco Mundial ha creado el Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático (Mnacc), que se enfoca en la ejecución de proyectos piloto para tener información sobre los costos y los beneficios de la mitigación y los procesos de adaptación que tienen que adoptarse en el largo plazo.
El proyecto general incluye a los municipios afectados por la retracción de los glaciares: Batallas, Pukarani, El Alto, La Paz, Palca y Mecapaca, donde se pueden identificar dos ecosistemas: altiplano y valles altos.
El diseño detallado de las medidas de adaptación, la implementación de estas medidas y el monitoreo de la retracción de los glaciares en la región andina están dirigidos principalmente a recabar información respecto al aporte de los glaciares en la generación de energía eléctrica, como sucede en el valle de Zongo, donde 10 plantas que trabajan con energía hidroeléctrica, la proporcionan a La Paz y El Alto. “Acá se involucra al país en su conjunto”, explica Gutiérrez, “porque si Bolivia pierde capacidad de generar energía hidroeléctrica, los costos van a aumentar para todos, por ello se quiere saber el aporte de estos glaciares para identificar medidas de adaptación”.
El Proyecto Piloto 1 abarca la cuenca del Tuni-Condoriri y tratará el problema de la retracción de los glaciares relacionado con el suministro de agua a El Alto y las laderas de La Paz. El Proyecto Piloto 2 tiene el objetivo de relacionarse con los aspectos productivos agrícolas y pecuarios, que tienen como influencia la retracción de los glaciares y el cambio climático.
El Proyecto Piloto 3 está enfocado a la gestión de riesgos, ya que las comunidades El Palomar y Huaihuasi se han visto afectadas por las crecidas del río La Paz, que han inundado extensas zonas, por eso se quiere tomar medidas de adaptación y protección contra estas inundaciones y, al mismo tiempo, se está trabajando para lograr una gestión de riesgo.
Se han adquirido estaciones de monitoreo de glaciares, se está trabajando con técnicas de percepción remota y técnicos japoneses han capacitado a escala regional a sus pares andinos. En abril, el Banco Mundial firmó un acuerdo con el Organismo Espacial Japonés (JAXA, por sus siglas en japonés) a través del cual tendrá acceso a información de último minuto proveniente del Satélite de Observación Terrestre Avanzada (ALOS, por sus siglas en inglés). Estas imágenes y datos respaldarán los proyectos de adaptación en Colombia, México, la región andina de Perú, Bolivia y Ecuador, y las Indias Occidentales.
Recientemente se anunció que el Banco Mundial implementará un nuevo programa para enfrentar las consecuencias del retiro de los glaciares tropicales en Bolivia, Ecuador y Perú. El programa, apoyado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (FMAM), otorgará $us 7,49 millones para la formulación de medidas tendientes a enfrentar las amenazas del cambio climático en la zona andina. El monto total del proyecto es de $us 33 millones financiados por varios donantes.
De acuerdo con Carlos Felipe Jaramillo, director del Banco Mundial para Bolivia, Ecuador, Perú y Venezuela, el impacto del cambio climático afectará fuertemente a las economías de los países andinos. “Adaptarnos al cambio climático resulta crucial dados los severos e irreversibles efectos que éste tendrá en la región”. La iniciativa busca contribuir a fortalecer los ecosistemas locales y las economías afectadas por el retroceso acelerado de glaciares tropicales, a través de la ejecución de actividades piloto que ilustren los costos y beneficios de medidas alternativas de adaptación.
Hasta la fecha, el total de inversiones destinadas a iniciativas de adaptación al cambio climático en América Latina, apoyadas por el Banco Mundial, asciende a $us 90 millones.
Ivar Arana, responsable de Mecanismo Nacional de Adaptación al Cambio Climático, explica que el Mnacc ha identificado cinco componentes que deben ser priorizados: recursos hídricos, seguridad alimentaria, salud, asentamientos humanos y gestión de riesgos y ecosistemas. A través de programas transversales, investigación científica, capacitación, educación y difusión y conocimiento de los aspectos antropológicos y ancestrales, se quieren implementar medidas para que la población conozca los costos y beneficios de la adaptación a los cambios climáticos. Además, se pretende lograr que el Gobierno boliviano incluya al Mnacc en su planificación y puedan lograrse los recursos para la ejecución de estas acciones. Arana explica que el Mnacc se ejecutará en un periodo inicial de 10 años y que podrá reformularse de acuerdo con los objetivos logrados.

Asumiendo responsabilidades
El cien por cien de los glaciares tropicales está en riesgo, por lo que el Gobierno, junto a Ecuador y Perú, en base al proyecto de financiamiento del Banco Mundial, ha decidido aumentar la fortaleza de los ecosistemas y de las economías contra los impactos de la retracción de los glaciares.
José Luis Gutiérrez considera que, lamentablemente, lo único que puede hacer el país respecto con la desaparición de los glaciares es adaptarse. “No podemos hacer nada para evitar esta retracción. A escala global, la respuesta de los países desarrollados es la mitigación, que apoyará la reducción del calentamiento, pero no es algo inmediato porque los GEI, en algunos casos, están hasta 100 años en la atmósfera antes de desaparecer”.
Si bien se han asumido compromisos de mitigación, por ejemplo el Protocolo de Kyoto (ver recuadro), y parecen existir serias intenciones por parte de las naciones industrializadas, esto no es suficiente. Los científicos están de acuerdo con los pasos que se están dando, aunque son muy lentos comparados con el aceleramiento del calentamiento global. Por ello, son cada vez más las voces que exigen que las condiciones de mitigación sean más estrictas, porque es evidente que no todos tienen el mismo porcentaje de culpa, aunque son los países llamados en vías de desarrollo los que pagan los más altos costos.
Bolivia aporta el 0,03% de las emisiones de GEI frente al 25% de China y el 25% de EEUU, pero los efectos del fenómeno le pegan más duro, y es que, a medida que se es más pobre, se es más vulnerable al cambio climático, una fórmula tan sencilla como letal. Lo pueden afirmar los benianos, que han sufrido las mayores inundaciones en su historia, o los campesinos de Potosí y Sucre, que todavía no se recuperan del impacto económico de las pasadas heladas. Éstos son un par de ejemplos sólo en el país.
Según informes de la ONU, en el mundo 60 mil personas mueren cada año como consecuencia del fenómeno del calentamiento global, mientras que un informe de la Comunidad Andina de Naciones (CAN) da cuenta de que los países que forman parte del organismo supranacional tendrán pérdidas anuales conjuntas de $us 30.000 millones en 2025 a causa del cambio climático.
La actividad en el PNCC es intensa, los investigadores y técnicos saben que no hay tiempo que perder; es más, están conscientes de que la batalla es contra el reloj. Chacaltaya ya no está y pronto dejarán de existir otros glaciares, ¿está el país preparado para esas pérdidas?, ¿somos conscientes de la importancia de tomar un rol activo e inmediato contra el calentamiento? Para muchos, el cambio climático no es un fenómeno global y no creen sentirse afectados, pero lo cierto es que absolutamente todos estamos en riesgo y no todos podemos enfrentarlo en las mismas condiciones. La lucha continúa, aunque ya sea tarde para lugares como Chacaltaya.
Con datos: earth.google.com/outreach/tour.html, EFE, Banco Mundial y el informe anual ONU

El Protocolo de Kyoto

El Protocolo de Kyoto es una enmienda diseñada por la ONU de los tratados internacionales de cambio climático, que asigna limitaciones obligatorias en la emisión de gases de efecto invernadero a los Estados que lo suscriban. El objetivo del protocolo es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera para moderar la injerencia humana. En 2012, muchos países tendrían que reducir sus emisiones de dióxido de carbono respecto a los valores de 1990 y otros podrían aumentarlos. Los países que emiten grandes cantidades pueden ‘comprar’ reducciones de los que emiten poco.
Hasta diciembre de 2006, 169 países habían ratificado el protocolo, entre ellos la India y China, que a pesar de estar entre los grandes emisores de GEI no se veían obligados a reducir sus emisiones por su condición de países en desarrollo. Estados Unidos, que es responsable por más de un 20% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, firmó el protocolo, aunque jamás lo ratificó, de modo que no se ha visto obligado a reducir sus emisiones y su adhesión al tratado ha sido meramente simbólica.
En febrero de 2007, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Rusia, Japón, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, China, la India, México y Sudáfrica acordaron los principios de un sucesor del Protocolo de Kyoto, que debería ponerse en funcionamiento en 2009 e incluiría un sistema de intercambio entre naciones industrializadas y países en desarrollo. Los líderes de las ocho naciones más industrializadas acordaron en junio de 2007 que propondrían una negociación en Naciones Unidas por la cual se fijaría como objetivo una reducción del 50% en las emisiones globales de dióxido de carbono para 2050. (Datos: Greenpeace)



18 mayo, 2008

La Glorieta, historias de amor y duendes

Patrimonio. Este castillo es una de las obras más importantes y valiosas de Sucre, sin embargo no recibe el cuidado que merece. Aún así, conocerlo es trasladarse a una era de príncipes y princesas.
……………………………….

A ella le gustaban las muñecas y el Salón del Bien. El amaba los caballos y como buen minero, pasaba largas horas en el Salón del Mal, donde la figura central era el ‘tío’ de la mina. Los dos, fieles cristianos, acudían a la misa diaria que se oficiaba en la capilla del castillo, al pie de un hermoso altar de bronce labrado, hecho especialmente para ellos.
Francisco Argandoña Revilla y Clotilde Urioste Velasco, Príncipes de la Glorieta, construyeron su reinado en hectáreas de bellos jardines y en un lujoso hogar que cobijaba su gran amor. Cada uno de los rincones, cada puerta, cada árbol de este singular palacio construido por el arquitecto de origen italo-argentino Domingo Antonio Camponovo y convertido en patrimonio nacional, fueron pensados para demostrarle al mundo el poder, riqueza y estirpe de esta pareja reconocida por el papa León XIII, quien en 1898 les dio el título nobiliario de Príncipes de La Glorieta, por las obras realizadas a favor de los desposeídos.
Aunque el lujo y la opulencia se mezclan en este fantástico lugar que parece arrancado de un cuento de princesas y dragones y permiten imaginar una vida de reyes allá en los tiempos del Sucre aristocrático, la estatua del Príncipe junto a dos niños del Hogar de Huérfanos Santa Clotilde, mejor conocido como la ‘Pepiniere’, hecha en bronce y ubicada en la entrada del castillo, y las ruinas de lo que fuera uno de los más importantes orfanatos del país, también recuerdan que esta pareja supo hacer el bien y marcó de esta manera la historia de Sucre.
Esta es la síntesis de la historia que José Peredo, custodio del Castillo de La Glorieta, cuenta a cada visitante. José conoce todos los rincones, todas las anécdotas y también cada leyenda. Trabaja en el lugar (ahora en refacción) desde hace años y le ha tomado un especial cariño al castillo y a los que fueron sus ocupantes, tanto que incluso ha escrito un libro donde cuenta la historia de uno de los huérfanos a cargo de los Príncipes, Toscanito, quien tiene una singular relación con dos duendes. “Acá hay duendes, y también se ha visto en algunas ocasiones al Príncipe y a la Princesa”, cuenta José, pausado y sonriente como si estuviera hablando de algo muy normal. “La bodega es el lugar más pesado, incluso una vez un visitante sacó allí una fotografía y en ella apareció la Princesa, ¿quiere ir?”. Obviamente su invitación es aceptada y así empieza el recorrido por un castillo fantástico que aún estando vacío hace muchos años, todavía respira la presencia de sus dueños.
Francisco Argandoña nació en Potosí en 1850, hijo de una familia de origen minero relacionada con las minas de Huanchaca, mientras que Clotilde Urioste nace en Sucre en 1857 en el seno de una distinguida familia siendo la tercera de ocho hermanos. Se casaron cuando ella tenía 18 años y el 25 y se amaron profundamente hasta que una afección estomacal cobró la vida del Príncipe en 1909. Ella murió a causa de una fulminante neumonía a principios de la Guerra del Chaco en 1933. La Princesa era la madrina de todos los combatientes sucrenses que partían a la Guerra, lo que da cuenta de su patriotismo y de su amor por su ciudad. Argandoña fue Ministro Plenipotenciario en la presidencia de Mariano Baptista, por ello la pareja vivió varios años en Francia, de donde trajeron el estilo para construir algunas obras en Sucre y en especial el castillo. Con un gran poder económico por el auge de la plata, Argandoña tuvo su propio banco y fue socio fundador del Banco Nacional de Bolivia.

Amores reales
Empezamos el tour por la bodega. Esta periodista no tiene tanta suerte como para tomar una foto de la Princesa, pero sí es cierto que la atmósfera se siente más densa, como si apretara el corazón. José Peredo cuenta que en este lugar se guardaban toneles de los vinos más finos y botellas de licores importados que eran disfrutados por don Francisco y doña Clotilde en sus comidas diarias. De la bodega, unas escaleras conducen al patio interior, de donde se derivan la cocina y la despensa. En el patio, una fuente coronada con un querubín abre la interrogante, ¿si este es el lugar del servicio, cómo serán los salones? Pero antes de entrar en ellos, José tiene un desafío, “por qué no sube a la torre del Príncipe? Podrá sacar muy buenas fotos, yo me quedo acá porque para mí la subida es mucho chocolate”.
Por supuesto que hay que subir, más aún con la promesa de un paisaje inolvidable. 109 gradas en forma de estrecho caracol cansan hasta al más atlético, pero es cierto que la vista es formidable. La torre del Príncipe está construida en estilo ruso-bizantino, mientras que un poco más abajo está la torre de la Princesa, construida al estilo oriental. Más allá se ubican una réplica del Big Ben de Londres y las caballerizas. Los jardines se ven espléndidos y se tiene una vista privilegiada del Liceo Militar Edmundo Andrade, que colinda la propiedad.
Sin duda el esfuerzo de subir hasta lo más alto de La Glorieta ha valido la pena, aunque bajar de la torre también se hace bastante complicado. José cuenta que el Príncipe era bajo de estatura, así que la forma y el ancho de las escaleras, construidas reducidamente, se explica mejor.
El custodio ya se ha encargado de abrir las puertas de los salones, de la capilla y de la biblioteca. Los salones son cuatro, pero los principales son el del Bien y el del Mal. Uno es celeste, con adornos de pan de oro representando a ángeles. Tiene una chimenea hecha de mármol blanco de Carrara traído especialmente desde Italia. El otro es amarillo encendido, con perros cancerberos, leones y murciélagos en el techo, también fabricados en pan de oro. La chimenea de este salón es de jade. Cada uno de los cristales del Palacio llevan grabadas las iniciales de Francisco y Clotilde Argandoña. El pulido piso de madera se conserva intacto casi en su totalidad y los refaccionadores han logrado los mismos colores originales en las paredes. Los otros salones, más pequeños, eran usados para las visitas de confianza y también tienen adornos repujados en pan de oro y enormes espejos.
En la capilla el color verde de las paredes se funde con el verde de los vitrales que le dan una atmósfera especial al lugar donde antes de la revolución de 1952, se encontraba uno de los altares más valiosos del país. Con la reforma agraria, el castillo fue saqueado y se perdieron la mayoría de los objetos que atesoraba. Algunos de ellos (como el altar de bronce) se pueden admirar en el Museo Gutiérrez Valenzuela. La biblioteca todavía tiene cuatro cuadros con distintas escenas de la vida de los Príncipes. Al lado de ella está un enorme salón que servía de gimnasio.
La escalera que conduce a las habitaciones está hecha con madera traída de Francia y fue armada en Sucre. En la parte posterior el cuarto de baño forrado de azulejos cafés, blancos y azules, tiene una tina donde la Princesa gozaba de largos baños de agua perfumada, calentada por un calefón a carbón también llegado desde Europa. El cuarto principal, pintado de un azul oscuro, tiene cuatro puertas que conducen a los balcones y a unas escaleras para bajar al jardín. Las cerraduras, picaportes y aldabas eran de plata, algunas han sido recuperadas y serán repuestas en el futuro. Otros cuartos más pequeños servían como armarios para los cientos de vestidos de la Princesa, para alojar a los invitados, como salones de costura, música, etc.

Un castillo regalado
Del palacio pasamos a los jardines, construidos por dos jardineros italianos de apellidos Martinelli y Tonelli en base al diseño de los jardines de Versalles. Lagos artificiales, fuentes, vivero, un pequeño criadero de aves, un templo dedicado a la diosa Vesta y otro especial para la meditación en más de dos hectáreas de terreno, no sorprenden tanto como la casa de muñecas donde la Princesa de la Glorieta pasaba largas horas. De acuerdo a José Peredo, su colección de muñecas era conocida internacionalmente. Impedida de tener hijos, la Princesa volcaba su afecto maternal en los niños huérfanos que protegía y en sus queridas muñecas, a las que cuidaba con pasión.
Mientras el Príncipe, apasionado por los caballos de pura sangre, mandó a construir espaciosas caballerizas para los animales de paseo y para los mulones que tiraban los seis coches que se guardaban en las cocheras. Uno de estos carruajes se conserva hasta hoy.


Pero si imaginar el lujo en el que vivieron los Príncipes de la Glorieta sorprende, también lo hace el que fueran una pareja tan desprendida. Gracias a ellos, cientos de niños y niñas huérfanos de Sucre y de distintas ciudades del país, pudieron estudiar distintos oficios y labrarse futuros prometedores. Guiados por las Hermanas de Santa Ana, los pequeños jugaban en los jardines, disfrutaban de los conciertos y los banquetes y tenían educación y servicios médicos asegurados hasta haber cumplido 18 años.
Con la muerte de los Príncipes, su obra quedó en el olvido, los herederos pelearon por las riquezas y se desmembró el patrimonio.
En 1952 los campesinos saquearon el lugar. Temeroso de un nuevo episodio similar, uno de los herederos, Jorge Urioste, vendió al Ministerio de Defensa el año 1966 el Castillo y las 40 hectáreas de terreno en la suma de 26.000 dólares. Durante varios años los militares ocuparon el lugar. El año 1995 el castillo es declarado Patrimonio Nacional y el Liceo Militar Edmundo Andrade se repliega fuera de los linderos de La Glorieta.
José Peredo explica que se tiene programado para el 6 de agosto próximo, la construcción de un museo de la época haciendo un acopio de los objetos que pertenecieron al Castillo. También se pretendía entregar la refacción terminada, celebrando el 25 de mayo, pero será una tarea imposible visto el abandono de la Prefectura y de las demás entidades estatales, que se apoyan en financiamientos internacionales para continuar la obra.
Mientras esto sucede, La Glorieta, de un valor incalculable, es cuidada por un solo hombre que hace el trabajo de diez y continúa esperando que la historia y los bolivianos le demos el lugar que verdaderamente merece.

14 abril, 2008

Las dos mejillas del acullico

Texto: Mónica Oblitas / Rafael Sagárnaga

Debate. La polémica acerca del uso del acullico y de los mates de coca, tras la reciente recomendación de la ONU, se ha reavivado. En Bolivia, cientos de miles de personas utilizan la hoja de coca en alguna forma. En este reportaje, conozca la opinión de los expertos acerca de los beneficios y los perjuicios de esta costumbre milenaria.

Toribio Quispe recuerda, mientras acomoda la coca que venderá en el Mercado de la Coca, en la zona de Villa Fátima en La Paz, cómo conoció a la que es su esposa, que le dio siete hijos y ha estado a su lado en los últimos 60 años. El viejo cocalero, que vive desde siempre en los Yungas, cuenta que la vio en una de las cosechas, donde ella y las demás muchachas solteras de la comunidad con especial cuidado arrancaban una a una las hojas de los cocales. María le llamó la atención porque era la que más reía, la que más feliz estaba, "su risa se escuchaba clarita, como música", dice el hombre. No pasó mucho tiempo para que los padres de Toribio, con la mejor coca como regalo, fueran a la casa de María para pedir su mano. Esta pareja, como muchos matrimonios indígenas del occidente, ha visto crecer su relación junto a sus plantas de coca. Ahora sus nietos aprovechan el esplendor de los cocales, que luego de más de 30 años están en su mejor momento. Después las plantas envejecerán como Toribio y María, y serán reemplazadas por quien herede el terreno con nuevos cocales y así sucesivamente, como siempre ha ocurrido…
De acuerdo con la socióloga Sdenka Silva, que ha desarrollado estudios sobre la hoja de coca, su uso tradicional por parte de los indígenas (Colombia, Perú y Bolivia) y los usos en los rituales indígenas, la coca es el eje de la sociedad andina, que une a las familias y es el eje de la espiritualidad. "El centro de la estructura social del mundo indígena andino, es la reciprocidad", explica Silva.
Primero como una visión de vida, una cadena de dar y recibir. En los Andes la reciprocidad es un complejo sistema que abarca todos los ámbitos. Y aquí es donde la coca cumple una función primordial: es la mediadora de esa reciprocidad. No hay una celebración, ya sea familiar o comunal, donde no esté presente la hoja de coca. "Es sinónimo de felicidad, celebración, amistad y bondad", dice Silva. Una de las reglas de ‘etiqueta’ respecto al uso de la coca en las comunidades campesinas, es que se invita en época de siembra sabiendo que en la cosecha se recibirá el doble.

El valor de la hoja de coca
En Bolivia todavía funciona el trueque. La hoja de coca es casi como el dinero y el poder, que se intercambiada por cualquier otro producto. El trueque permite a la economía campesina un trato más equitativo.
"Lo espiritual y lo cotidiano en el mundo andino son como un tejido, no hay una institución como la Iglesia occidental, así que lo espiritual está unido a lo cotidiano. Se dice que los antepasados en un tiempo sagrado dictaron su uso tanto social como individual. La coca sabe del pasado, del presente, del futuro y de la muerte, y son muchos los ancianos que, sobre todo los martes y viernes, la mascan para leer en otras hojas después. El concepto de muerte, según los andinos, es el de un largo camino donde la coca es la guía. La coca da lucidez y protege de los malos espíritus", añade Silva.
Y es que no puede existir un chamán o yatiri andino que no tenga su formación con la hoja de coca. "Todos los chamanes andinos leen en coca. Algunos tienen elementos católicos, por la influencia de la conquista, pero la lectura de la coca viene del precolombino. En el museo de Tiwanaku se tienen taris especiales para la lectura". De esta forma la coca está estructuralmente enlazada a todas las dimensiones del mundo andino: económica, social y espiritual.
El ‘quinto’, el uso cotidiano de la hoja de coca, que como tal se conserva más en los quechuas, es parecido al uso del café después de las comidas, en el descanso a media jornada de trabajo y al terminar las labores. Existe toda una jerarquía en el ‘quinto’: primero se invita a los más sabios, luego a los más viejos, después a las mujeres y finalmente a los jóvenes. Se seleccionan cuatro hojas: verdes, enteras y sanas, y luego de saludar a la Pachamama, a un achachila (el espíritu de la montaña, que significa textualmente en aimara ‘abuelo querido’) o a un apu (‘pequeño cerro protector’), que conforman la gran familia indígena, y hacerle una oración, se invita el siguiente ‘quinto’ a la persona estimada y así sucesivamente.
El ‘quinto’ y el acullico no solamente unen a la comunidad, sino que reproducen toda una visión de vida andina. En el caso del ‘Tío de la Mina’, por ejemplo, un espíritu más ‘denso’, habitante del mundo inferior, aunque no un demonio como se considera en el mundo occidental, forma parte de esta gran familia que si se complace de la forma adecuada puede ser protector. No existe un minero andino que entre al socavón, sin llevar la ofrenda de coca para el ‘Tío’.
Se firman documentos y transacciones con la presencia de la hoja de coca, que hace sagrado el momento. "Es parecido al uso de la Biblia en los juramentos, tiene el poder de atraer a los espíritus de los antepasados. En la justicia comunitaria la coca es un símbolo de reconciliación, fraternidad y diría de identidad", acota Silva. Es en la entrada a la adolescencia cuando se comienza a conocer cómo masticar coca, pero generalmente se empieza cuando una pareja se casa y debe trabajar para mantener a la familia.

En la historia
El acullico consiste en acumular algunos gramos de hoja de coca en la boca, quitándole las partes duras para evitar que se dañen las encías. Se mantienen en remojo en la saliva las hojas desherbadas y después de algunos segundos se añade un alcalinizante, que puede ser bicarbonato de sodio o cenizas de alguna planta. Tradicionalmente se usan las cenizas de quinua o de plátano que tienen más alcalinidad. En el Amazonas la hoja se tuesta, se muele y a ese polvo se añaden las cenizas de la planta y se va ingiriendo esta harina.
El acullico es la forma más extendida de utilizar la coca, no solamente en Bolivia y Perú. Actualmente, se masca desde el norte de Colombia hasta el norte de Argentina. El acullico se remonta a la prehistoria andina, y se tiene evidencia de tribus nómadas después del posglacial que mascaban coca, además se han encontrado vestigios de uso de la coca en casi toda Latinoamérica. Las crónicas de Américo Vespucio ya mencionan a la hoja y su utilización, pero no existen restos arqueológicos que permitan establecer desde cuándo la mascan los pueblos amazónicos.
Y así, el debate parte aguas desde hace por lo menos cuatro siglos y medio. Basta recordar a los cronistas: Juan de Matienzo cita que los prohibicionistas aseguraban que "el demonio les hace entender que la coca les da fuerza y quita el hambre para engañarles y hacer que les ofrezca". Garcilaso de la Vega decía: "De cuanta fuerza y utilidad sea la coca se colige que los indios que la mascan se muestran más fuertes y dispuestos para el trabajo; y muchas veces, contentos con ella, trabajan todo el día sin comer. La coca protege de muchas enfermedades y nuestros médicos usan de ella…" (2).
En medio de aquella polémica, uno de los poderes centrales de ese tiempo zanjó el pleito. El Concilio Eclesiástico de Lima, en 1551, prohibió el uso de la coca como obstáculo a la difusión del cristianismo. "Es una planta enviada por el demonio para destruir a los nativos", concluyó. Luego, el Concilio de 1567 la definió como "el talismán del diablo". Pero la fuerza de las necesidades laborales hizo que los otros poderes no hicieran caso del todo a aquellas recomendaciones, especialmente en las minas de plata (2).
En 1830, se funda la Asociación de Propietarios Productores de Coca de los Yungas, una elite política y económica en La Paz.
La primera descripción científica de la hoja de coca se remonta a 1750. En 1855, Friedrich Gaedcke, un estudioso alemán, fue capaz de aislar la cocaína contenida en la hoja de coca. Cinco años más tarde, otro alemán, Albert Nieman, elaboró la cocaína purificada. En 1863, Angelo Mariani, un químico corso, presentó las patentes de varios elementos derivados, y en 1892, Asa Candler, también químico, compró los derechos y fundó la Compañía Coca Cola.

450 años de debate
"La hoja sagrada" contra el "talismán del diablo", cada frente defiende un calificativo extremo desde hace cinco siglos. Para unos, la coca, por su composición nutricional, "podría incluso ser la clave para la superación del hambre en el mundo. Basta recordar que la diferencia alimentaria entre un campesino africano y uno andino es la hoja". Aseguran que por lo menos la hoja sería la pócima para superar males como la osteoporosis, dado su alto contenido de calcio, fácil de asimilar (3). Pero para otros, la coca, al inhibir el hambre, induce a la desnutrición y, además, "no aporta nada significativo, en términos alimenticios, al organismo". Peor aún, advierten que se ha demostrado que algunos de sus metabolitos son dañinos para el hígado (6).
El pleito transita de boca en boca y hasta dentro de éstas. Por ejemplo, desde el frente defensor se ha planteado, y hasta ensayado, la producción de dentífricos de coca, atribuyéndole cualidades protectoras de la dentina. En el otro bando informan que "el 66% de un grupo de acullicadores analizados tiene caries y el 88% carece de dos piezas dentales o más" (6).
Quienes abogan por la coca la califican como un "energizante natural que incrementa la capacidad mental, especialmente en exceso de trabajo (3 y 2) y es un tónico cardiaco por excelencia". "Tiene la cualidad de estimular la producción de endorfinas, las hormonas que generan resistencia al cansancio y el estrés".
Los que la penalizan aseguran que "la coca actúa indirectamente en la mente como un agente retardante, que no permite que ella reaccione adecuadamente ante la acción permanente de los agentes externos" (5).
Unos y otros llegan a conclusiones. El reconocido sociólogo boliviano Roberto Laserna, ha remarcado: "Puede afirmarse que no se ha demostrado que el consumo de coca sea perjudicial para la salud. Al contrario, existen abundantes indicios que muestran que el consumo en forma natural (mates e infusiones o acullico, o extracción de jugos por succión o salivación) no causan perjuicios a la salud. La experiencia práctica de consumidores y las evidencias de laboratorio sugieren que su consumo puede ser más bien beneficioso al proporcionar vitaminas, minerales y algunos alcaloides que facilitan la digestión sobre todo en determinadas condiciones ambientales (altura) y de salud (diabetes)" (1).
Menos preciso y más adjetival, el argentino Carlos Caglioti señala que "por el estado de varios test relativos al cociente intelectual y por observación de las manifestaciones visibles que muestra el masticador consuetudinario de coca, se infiere el estado de subdesarrollo mental en el que se encuentra y la consiguiente anomalía de su comportamiento social. El masticador vive en condiciones higiénicas deprimentes, tiene aspecto físico repelente, sus labios secos y verdosos…". Luego Caglioti acusa al acullicador de "indolente, torpe, lento, perezoso e inaccesible". Es más, asegura que "muchos de ellos presentan estigmas degenerativos como la sordomudez, malformaciones craneanas, deformaciones de la columna vertebral, raquitismo y oligofrenias" (6).

La polémica ahora
Hoy el debate igualmente enfrenta a poderes y organizaciones. EEUU plantea una lucha frontal contra la hoja por ser materia prima de la droga ilegal más vendida del planeta. Mientras en Europa la prohibición vigente tiene cuestionadores. Desde hace unos tres años, una comisión del europarlamento se apoya en el llamado "Informe Catania" para plantear su despenalización. "La coca es a la cocaína lo que la uva es al vino", ha reafirmado su propulsor, el diputado italiano Giusto Catania.
Los grandes organismos mundiales también colisionaron. La Convención Antidrogas de Naciones Unidas de 1961 penalizó la hoja. Se basó en el Informe encargado a la comisión sobre la hoja en 1949. En ese documento se asegura, entre otras cosas, que la coca causa sueño y evita que quienes la mastiquen se concentren en el trabajo. El estudio fue realizado durante 18 días por el presidente de la Asociación Farmacológica de EEUU, Howard B. Fonda, y se basó en consultas a capataces, ingenieros y a médicos de las minas. Con investigaciones pagadas a laboratorios también de EEUU respondió, por ejemplo, la Asociación de Productores de Coca de los Yungas, para entonces un poderoso gremio de hacendados (3).
Pero la Organización Mundial de la Salud (OMS) realizó un nuevo informe en 1995, menos crítico. EEUU lo rechazó y no pudo ser asumido por la ONU. Así, el realizado en 1949 y aprobado en 1961 sigue vigente. En la Convención de 1989, Perú y Bolivia lograron salvaguardas para el acullico y los mates. Poco antes, una ley federal argentina legalizó dichos usos y los incluyó en las excepciones de su ley penal (3).
Sin embargo, hace cuatro semanas, la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes (JIFE), dependiente de la ONU, planteó a la Cumbre Mundial la penalización de mates y acullico. Y el debate entre "hoja sagrada de los incas" frente al "talismán del diablo" ha vuelto. Y, sin duda, se define en este instante, casi en silencio, entre el paladar y la lengua de intelectuales, conductores de buses y labriegos sumidos en sus necesidades laborales.
Con datos de (1)- 20 juicios y prejuicios sobre coca-cocaína (Roberto Laserna); (2)- Coca inmortal (Eusebio Gironda); (3)- Las fronteras de la coca (S. Rivera); (4)- La Herencia de la Coca (Humberto Fajardo); (5) e - informes del Centro Latinoamericano de Investigación Científica (CELIN) (6).

El lado oscuro del acullico
El doctor Franklin Alcaraz, director ejecutivo del Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin BOLIVIA), afirma que no existe un uso de la hoja de coca que no sea dañino para el organismo, "dos de sus principales alcaloides, la benzoilecgonina y el metilester de la ecgonina, han demostrado ser hepatotóxicos (que hacen daño al hígado) en pruebas realizadas en animales. Otro tema es el efecto anorexígeno de la hoja de coca; es decir, el suprimir el hambre, que en Bolivia se toma como una cualidad de esta planta, es dañino porque impide una nutrición adecuada", explica.
De acuerdo con sus informes, "el consumo de la hoja de coca no muestra beneficios que no puedan ser reemplazados por otras sustancias y alimentos", además de que la tierra donde la coca se cultiva sufre, dejándola "prácticamente inservible para otros cultivos". Según Alcaraz, ni siquiera la harina de la hoja de coca tiene beneficios, ya que "la hoja molida de coca, tiene cocaína". El científico apoya sus aseveraciones en estudios realizados en Perú y Bolivia, que han encontrado cocaína (benzoilecgonina) en la orina de acullicadores en cantidades similares a las encontradas en la orina de drogodependientes de cocaína, "lo mismo podemos decir de aquellos bebedores de mate de coca".

Los beneficios
Jorge Hurtado, médico psiquiatra, que trabaja en el Hospital Psiquiátrico de la Caja Nacional de Salud, es director del Museo de la Coca (La Paz) y de la Red Boliviana de Reducción de Daños Asociados a las Drogas, explica que no se conoce médicamente ningún perjuicio en cuanto al acullico o a la ingesta de mates de coca. "Al contrario, se ha notado que el acullico favorece en muchos aspectos, especialmente a grandes alturas, porque es un oxigenador del cuerpo, tiene alto contenido de vitamina A y de otros componentes que la convierten en una antioxidante ideal, no solamente estimula la frecuencia respiratoria, sino que profundiza el acto respiratorio y dilata los bronquios. Previene los problemas como pueden ser los trastornos mentales debidos a la mala circulación o al colesterol elevado".
De acuerdo con Hurtado, se ha visto que en las mujeres mejora la calcificación porque contiene una proporción exacta entre calcio y fósforo que permite su asimilación y previene la osteoporosis. “Es un energizante más saludable que el café. En este hospital, donde trabajo hace 30 años, jamás he atendido un problema relacionado con el masticado de coca o la ingesta de mates, ni desde el punto de vista psiquiátrico ni desde el de la medicina general”, informa.