03 septiembre, 2007

El Motor Rock y sus errores “heavys”

No hay duda de que la idea era buena. Sin embargo también es cierto que el camino al infierno está empedrado de buenas intenciones. Lo que ocurrió el sábado pasado en el Motor Rock, donde tocó Deuce y la mega banda cruceña Track, es una muestra. Y siento una obligación ciudadana (y de quien gusta del rock) de apuntar los errores para que no se repitan.
El primero y más grande fue la venta de alcohol indiscriminada. A la hora en que comenzó el show central, (21.30 aproximadamente) ya varios jovenzuelos que no alcanzaban los 15 años, estaban dando tumbos. Yo fui testigo de cómo, en el lugar donde todavía corrían vehículos, un chico andaba en la oscuridad lata en mano. Los responsables del evento tienen que agradecer que no ocurrió una tragedia. Los ingredientes estaban servidos para ello.
Lo segundo fue el concierto en sí. Para que toque Deuce se debió esperar un largo tiempo en la prueba de sonido, gracias a la meticulosidad acústica de Alexis Trepp. En sí, la actuación del grupo fue buena, aunque no hay que olvidar que solamente tocan covers y que imitan a otra banda, la legendaria Kiss, pero con todo, sonó bien.
Luego subió a escenario Track, la banda de Glen Vargas. Personalmente considero que es lo mejor que tiene el rock boliviano. Sus temas fueron reconocidos y coreados por el joven público paceño, aún en medio del sopor etílico. Lamentablemente no se tuvo el cuidado que hubo con la banda anterior respecto al sonido, y recién hasta la mitad del concierto, Track se pudo escuchar aceptablemente. Pero lo peor y más vergonzoso fue lo ocurrido con el cantante, Neils Gandarillas, quien por saludar al público estiró la mano y fue jalado por algún borracho, cayendo casi dos metros. Fue también mucha suerte para los organizadores que no se haya matado. El rockero cayó de hombro, y pese a que era obvio que estaba muy malogrado, pudo terminar la canción e incluso hacer una más. Pero el concierto ya estaba arruinado. En el momento de los hechos no había un sólo policía ni paramédico. Luego de que el cantante ya estuviera de nuevo en el escenario, aparecieron un par de guardias de seguridad, que contuvieron a algunos exaltados.
Después, otra media hora de esperar que el ya despintado Alexis Trepp, pruebe el sonido para su banda, que estaba vez iba a interpretar a Pink Floyd. Para cuando comenzó a tocar, quedaban unos cuantos borrachines, que se olvidaron del permiso de papá. Un evento que contaba con tantos factores para ser un éxito, no lo fue. Ojalá sea diferente en otra.

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