05 abril, 2007

El sexo nuestro de ayer y de hoy

Doña Luz se ríe cuando le digo de las preguntas para este reportaje “Ay hijita, si es que me acuerdo”, me condiciona pícara. A los 88 años, esta bisabuela de un adolescente ha visto cambiar tanto su vida que incluso aprendió algo de chat. No lo entiende, pero lo usa, y se horroriza de la facilidad con que las “peladas” aparecen en la pantalla de la computadora. “Es que nosotros no hablábamos de sexo, era un tema que no se tocaba a no ser que fuera indispensable, ninguna de mis amigas hablaba directamente del miembro del hombre jamás”, cuenta. Se refiere a la sociedad paceña de hace 60 años. “Seguramente los hombres también estaban con prostitutas, pero la mayoría se aseguraba de que nadie lo supiera, era en la calle Condehuyo donde estaban las mujeres de mal vivir”, recuerda doña Luz. Ella no habló de sexo con su madre, y tampoco lo hizo muy claramente con sus hijas, “el sexo era un tema prohibido ”, justifica, “pero era algo más de corazón, eso te lo aseguro”.

El sexo de antes
En la década de los 50, el callejón Virrey de Condehuyo albergaba a los lenocinios más frecuentados y hasta hace algunos años, Villa Fátima era conocida por ser la zona rosa. El barrio de Caiconi, el de los focos rojos, tenía en sus cuadras oscuras de piedra, a los lenocinios más conocidos de la ciudad, el Redondo y el Zepelin. Juan G.(43) recuerda cuando llegar hasta el lugar significaba una aventura que sólo los arriesgados intentaban. “Tuve mi primera relación sexual a los 18 años, con mi chica. La verdad es que no estábamos tan desesperados por el sexo, nuestras fiestas eran con refresco y hasta las siete de la tarde, fui una sola vez a Caiconi, al final no entramos porque nos asustamos, pensamos que nos asaltarían.”
Este ejecutivo, padre de dos hijas, asegura que tiene bien estructurada la metodología que usará con sus niñas al momento de hablar de sexo. “A mí no me dijeron nada, ninguno de mis padres, jamás supe de los preservativos, creo que ni existían, lo que aprendí lo hice en el colegio, con los amigos, pero con mis hijas va a ser distinto, además está la internet, ahí puedes buscar consejos de cómo hablarles”.
Con el crecimiento de Villa Fátima, los lenocinios de la zona fueron trasladados más allá de la tranca hacia Yungas, otros se instalaron en El Alto, sobre todo en los barrios de Santiago I y Santiago II. Pero aún el fenómeno sexual no se acercaba a lo que es hoy. El cine Princesa era el de las películas pornográficas, y conseguir una Playboy o una Penthouse era un triunfo que celebraban los adolescentes a escondidas de sus padres.
Alberto L., (33) recuerda al Sunset y al Jet Set como los lugares de moda para ver un striptease, “un preámbulo de una cita sexual, pero era necesario ese preámbulo, un par de tragos, etc.”
Hoy, Javier (17) sólo abre las páginas del periódico para encontrarse con ofertas sexuales que parecen inverosímiles, “A mí no me parece bien pagar por sexo”, dice. Tiene en su computadora algunas páginas pornográficas, “como todos los changos de mi curso”, y habla con su madre divorciada del VIH/sida, de los preservativos y de las relaciones sexuales, “Ella me da los condones si los necesito, sé que es algo raro, no todas las madres lo hacen, pero prefiero que sea así. Puedo preguntarle cualquier cosa” Periódicos, internet, la misma televisión, todos se han unido para que ahora el sexo sea como un menú, todo a pedido, a domicilio o no. Es tal la explosión de ofertas sexuales, que una investigación de los estudiantes de Derecho de la Universidad Mayor de San Andrés, encontró que en el trayecto del barrio de San Jorge al de San Francisco, alrededor de 25 cuadras en el centro paceño, se encuentran por lo menos 40 burdeles que trabajan sobre todo en horas de la tarde.

Sin vergüenza
“De frente vienen ahora los jóvenes, compran los perfumes, los jabones, ya no les da vergüenza, lo mismo las señoritas, pero ellas más porque no las dejen se preocupan”, cuenta doña Justina Mamani, vendedora de la calle Sagárnaga, la popular “Calle de las Brujas” en La Paz.
En su tienda, en la que hay de todo para el que cree y busca, dos filas de remedios para el amor (un 90% de procedencia peruana y un 10% brasileña) prometen maravillas para el amante despechado o mal dotado. También están las hierbas y talismanes afrodisiacos que prometen arreglar cualquier dilema de esta índole. “También vienen los caballeros mayores, pero esos disimulan, no preguntan de frente”, dice la vendedora, que atiende su puesto hace más de 20 años y recuerda que antes la Sagárnaga era frecuentada más por los hechizos para la suerte, los negocios, la salud o el amor, pero no para mejorar, tan expresamente, la vida sexual de los clientes. Ahora los perfumes y jabones eróticos son los que más se venden, los más baratos entre Bs 12 y 15 y los más costosos hasta en 60 bolivianos. Todos, absolutamente, aseguran el éxito sexual, pero las mismas caseras de la Calle de las Brujas desconfían. “Yo a mi marido, caldito de cardán nomás”, asegura doña Justina. ¿Y le ha funcionado doña? “Nueve hijos, 24 nietos, tres bisnietos tenemos”, se ríe la señora.

Todo cambia
No hay duda que el sexo a través del tiempo ha cambiado. Aunque hay testimonios de la experiencia sexual relacionada con el placer como el Cantar de los Cantares de Salomón o el Kama Sutra hindú, han sido estos últimos años los que han marcado cambios profundos y evidentes.
La actitud hacia el sexo es otra. Las formas sexuales que antes eran conocidas, pero se perseguían, ahora se practican más libre y ampliamente y los hombres y mujeres buscan satisfacción sexual sin culpa o compromiso. Ahora las referencias al sexo se hacen en ámbitos como el científico, político o militar, en que habría sido impensable hace algún tiempo. La psicóloga Denisse Auza sostiene que lo que no ha cambiado hasta ahora, es el problema con la sexualidad en sí, “Desde siempre, lo que no logra nunca ser una cópula precisamente, es la sexualidad. Ha cambiado la forma de abordar el tema, pero no el problema en sí. La sexualidad se ha desprendido del sentimiento, lo que se busca ahora es un placer en un puro sentido, sin relacionarlo con un sentir. En Bolivia parece que las cosas no han cambiado, por el mismo rasgo cultural y antiguo de prejuicios y miedo, lamentablemente no creo que el sexo y la sexualidad puedan desligarse del tabú, es muy difícil encontrar una apertura al tema, ni en la conversación, ni en la práctica, y cuando se abren esos espacios, se los tergiversa con un libertinaje”. Auza asegura que la actividad sexual sin base afectiva es causa de frustración y hace que el individuo se sienta utilizado pero no realizado.
Si en una época se podía decir que sexualidad y sensualidad eran una manera de expresar sentimientos, ya no.

Tradición, siempre
Pero lo que jamás pasará de moda es la creencia en lo esotérico que se practica sobre todo en el occidente. Es cosa de ver los amuletos que vende doña Justina, uno de ellos es el ‘warmimunachi’, un talismán de piedra caliza que representa a una pareja en pleno acto sexual. La superstición asegura que el individuo que lo porte será correspondido sexualmente por la mujer que él desee. Y viceversa. Otros amuletos como el ‘jatachicu’, muy popular entre la cultura callawaya, consiste en un tallado de un hombre y una mujer unidos en un acto sexual. Para que surta efecto se le añaden piedra imán, maíz amarillo, carbón de queñua, hilo de seda de color, un pedazo de una prenda de la persona que se desea o una fotografía. “Hay que sentir con ganas para que funcione”, aconseja la señora, “de por sí no va a funcionar, hay que pedir con el corazón”. Difícil tarea hoy en día la que pide doña Justina.

Supersticiones
* Cuando una mujer no desea cohabitar con un individuo ansioso de hacerlo, debe clavar un gancho o algún instrumento punzante en el colchón. Así evitará la erección en el hombre. Del mismo modo puede utilizar un alfiler o aguja en el cabello.
* Un amuleto infalible es la pajita que las lagartijas llevan en la boca, generalmente acompañada por un pedazo de imán.
* El sebo del jaguar es utilizado para inspirar deseo sexual.
* Para ser correspondido por una mujer, el hombre debe hacerle tomar cantáridas secas y molidas.
* Se cree que el órgano sexual del quirquincho macho, pulverizado y dado en infusión, es un excelente estimulante.
* Las barbas del chivo carbonizadas, además de ser afrodisiacas, curan las penas de amor.
* El huevo del pescado carachi, es un excelente afrodisiaco.
* Las vendedoras de la Sagárnaga dicen que en casos extremos la carne de gato mezclada con la de víbora, combate la esterilidad y tonifica el órgano sexual.
* El caldo de los testículos del toro, es vendido como un poderoso tónico sexual. Pocos son los que no sucumben ante un plato de “Cardán caldito.” (El sexo en el folclore boliviano, Antonio Paredes Candia)

1 comentario:

Mario Ronald Duran Chuquimia dijo...

felicidades por tu reportaje.
un saludo desde El Alto