26 enero, 2007

La peña Naira de Pepe Ballón


En la década de los 60 cuatro jóvenes entusiastas elevaron el folclore boliviano hasta los escenarios europeos. Uno de ellos fue Pepe Ballón, el creador de la emblemática Peña Naira. Violeta Parra compuso allí su tema Gracias a la vida


Dicen que no hay novia fea ni muerto malo. Pero lo de Pepe Ballón es sorprendente. Todos quienes lo conocieron aseguran que era un hombre bueno, desinteresado y leal. No hay una sola opinión contraria. Ni una.
Apasionado en todo lo que hizo, pero siempre queriéndolo hacer sin protagonismo, su trayectoria y su vida beneficiaron a muchos. Gracias a él, el folclore boliviano llegó a las ciudades y traspasó el racismo y las fronteras. Luis Alberto Ballón, Pepe, fue el creador (junto a Jorge Carrasco y Leni Ballón) de la Galería Naira, que luego se convertiría en la primera peña folclórica del país: la Naira, que este trabajador gráfico y editor dirigió durante ocho años.
Allí se formaron grupos imprescindibles en la historia musical de Bolivia, como Los Jairas, Los Payas o Los Caminantes, también se descubrió el talento de artistas como Alfredo Domínguez, se formaron ideales políticos como los de Marcelo Quiroga Santa Cruz y hasta se vivieron apasionadas historias de amor, como la de Violeta Parra y Gilbert Favre, el ‘Gringo bandolero’.
Nació en La Paz en julio de 1918 y falleció el 9 del mismo mes, pero en 1997. “Murió al día siguiente de que aparecieron los restos del Che", cuenta su única hija, Leni Ballón. "Como sabía que Banzer iba a ser presidente, prefirió morirse antes", explica esta mujer que ha heredado mucho del carisma de su padre, que compartió con él la creación de sus sueños y además lo hizo un abuelo feliz, uno de los roles que don Pepe más disfrutó.
Al regreso del exilio estuvo a cargo durante varios años de la imprenta de la Universidad Mayor de San Andrés, de donde se jubiló; fue campeón nacional de ajedrez; militante fundador del Partido de Izquierda Revolucionaria y del Partido Comunista de Bolivia, al que perteneció hasta 1967, y fue detenido, torturado y exiliado durante el régimen de Hugo Banzer. Por esos días, él se las ingeniaba para dirigir el boletín Whipala, órgano de los exiliados bolivianos en Venezuela, además de que colaboró con la Central Obrera Boliviana, con la Asamblea de Derechos Humanos, con el Comité Boliviano por la Paz y la Democracia.
Trataba bien a todos. Amigos y desconocidos. "No sabía decir no", explica Leni. Fiel a sus convicciones, abrió las puertas de la peña a las reuniones donde se destilaban sueños de izquierda, tanto así que en la libreta que le encontraron al Che estaba su nombre como referencia para los trabajos litográficos. Al poco tiempo vino el allanamiento, la detención y el exilio, "pero mi padre jamás dejó de decir que era un hombre de izquierda y así vivía", recuerda orgullosa su hija.
La peña fue expropiada de todas las obras de arte que había reunido, desde que el lugar apenas era un cuarto con bancos fabricados por los presos de San Pedro, mientras que su director fue desterrado por más de 12 años. No devolvieron nada. Cuando Ballón regresó, la peña la manejaban Ernesto Cavour y Luis Rico, pero había perdido el sentido cultural y altruista con el que nació. "Mi padre jamás pensó en ganar dinero ni fama, ni nada... ni siquiera puso la peña a su nombre porque jamás pensó que se la quitarían".

Violeta en La Paz
Violeta llegó a Bolivia en 1966 en busca de su gran amor, el quenista suizo Gilbert Favre, el mismo que había convencido a Ballón de convertir la galería en peña. Favre, más conocido por el apodo de ‘Gringo bandolero’, era un hombre singular. Desde que llegó a Bolivia se enamoró de ella y no la dejó más. Su talento para la quena lo convirtió pronto en la atracción de quienes pensaban que ése era un instrumento propio de los indios. Tocaba con los ojos cerrados, con una pasión extraordinaria y con la misma defendía a Bolivia y a su cultura. Uno de los pocos registros del pensamiento de Favre está dado en una entrevista realizada por el periódico El Diario y publicado en junio de 1966. Allí habla del carácter de la música boliviana: "… queremos dejar bien sentado que las esencias estéticas del folclore boliviano nada tienen que ver con las farándulas de chichería o de las habituales jaranas. Los elementos de belleza que conforman la música boliviana contienen en sí un mundo jerárquico, una sustancia intemporal y el genuino perfume que caracteriza a la belleza pura, sin adulteraciones. Las universidades, la radio y el teatro serán los escenarios de nuestras actuaciones”. Su constancia hizo posible esto y más.
Favre y Violeta se conocieron en Santiago y se enamoraron profundamente. Pero ella tenía un carácter posesivo y celoso, y él era mujeriego, una combinación explosiva. Luego de una pelea en la que ella amenazó con matarlo, él decide escapar de Chile y así llega a Bolivia. Al poco tiempo, y junto a Edgar "Yayo’ Jofré en la voz, Julio Godoy en la guitarra, Ernesto Cavour con el charango y él en la quena, forma Los Jairas, uno de los hitos de la música folclórica boliviana.
De ella poco se sabía en Bolivia, así que el día en que una mujer despeinada, poco agraciada y con olor a ajo llegó a la peña y le preguntó a Pepe Ballón por Gilbert, éste jamás imaginó que se trataba de Violeta Parra. Favre le había hecho escuchar las cintas grabadas que tenía y por la voz la imaginaba absolutamente bella... "Conforme transcurría la charla, veo que era una mujer con gran talento, con increíble sensibilidad, una artista. Toda mi primera impresión había cambiado. Cuando ya estábamos por finalizar la conversación, le pregunto quién era. ‘Violeta Parra’, me dice", recordaba Pepe Ballón en una entrevista de hace años (1).
La enamorada mujer había llegado a La Paz para salvar su relación. En este entonces, Gilbert ocupaba un pequeño cuarto que se encontraba en el patio trasero de la peña y allí ella también se acomodó. Bajo el tibio sol paceño, y mientras la pareja intentaba nuevamente darle rumbo a su relación, Violeta creaba con un marcador en pedazos de cartón. Fue en uno de esos pedazos donde compuso su Gracias a la vida, dedicada a Gilbert, "donde habla de los ojos claros y de su casa y su patio, porque saliendo del cuarto había uno pequeño. Ella lo amaba profundamente y vino dos veces para intentar recuperarlo", recuerda Leni, que guarda entre los tesoros de su memoria la vez que estando en Chile se encontró con Violeta y ésta les dio a ella y a un amigo un concierto privado e inolvidable.
"Fue en la carpa que ella tenía, donde hacía sus peñas, comida, tragos calientes. Fui con un amigo y Violeta nos dio un concierto, nos cantó todas las canciones habidas y por haber. Fue muy emocionante”.
En su estadía en la Galería Naira, Violeta presentó una exposición de sus dibujos y asombró al público con su talento, pero mientras la artista brillaba, la mujer sufría. Los esfuerzos por reconquistar a Favre eran inútiles, él la quería, pero había dejado de amarla, así que Violeta regresó a Chile. Es de esa época su tema Maldigo del alto cielo y el principio de la relación de Favre con Indiana Reque Terán, con quien se casaría tiempo después en un matrimonio compartido con Alfredo Domínguez y Gladys Terán, que se realizó en la peña Naira.
Aunque intentó dos veces volver con Favre fue inútil, y aun habiendo empezado otra relación, pocos meses después del rompimiento definitivo con el ‘Gringo bandolero’, Violeta Parra se disparó en la boca: "En la mera boca de decir canciones, de besar al amor y agradecer a la vida", recuerda el periodista Jorge Mansilla. Así, Violeta Parra dejó en el patio de la peña Naira sus ilusiones y desengaños más profundos.

La Peña
Situada en uno de los lugares más peculiares de la ya emblemática calle paceña Sagárnaga, Naira ha sido sin duda una parte imprescindible de la cultura y su desarrollo. Desde ese 21 de enero de 1965, cuando se inaugurara la entonces llamada Galería Naira de Arte, Artesanía y Folclore, que luego, a sugerencia y complicidad del suizo Gilbert Favre, se convertiría en peña folclórica, los desgarros de la quena, el charango o la zampoña se urbanizaron para llegar a un público que pronto empezó a gustar verdaderamente de estas tonadas e incluso a comprenderlas.
Fue tanto el éxito que para conseguir una entrada había que reservar espacio con un mes de anticipación. En el lugar sólo se ofrecía vino, ispis y pasankalla. "En los espectáculos sólo vendíamos vino, una bebida no muy aceptada por nosotros; lo que se buscaba con esto es que no hubieran borracheras", contaba divertido don Pepe.
Todo estaba pensado para que brillara únicamente la cultura, sea cual sea su expresión. Y ante tal magnetismo, pocos pudieron resistirse. Entre los visitantes asiduos estuvo el ideólogo de la guerrilla del Che, Regis Debray; el presidente Juan José Torres, Marcelo Quiroga Santa Cruz y hasta Tania, ‘la guerrillera’.
La peña Naira fue el primer emprendimiento empresarial privado a favor de la cultura, pero se manejó durante ocho años bajo la dirección de Pepe Ballón sin ningún afán comercial ni de lucro. Luego vino la dictadura, los arrestos, las torturas y el exilio. Y se perdió todo. Pero cuando regresó a Bolivia, Pepe lo hizo con una sonrisa pícara y valiente, la misma que todos quienes compartieron con él recuerdan y continúan admirando. (En la foto Pepe Ballòn y Angel Zavala)
1.- La Razón, suplemento Ventana, mayo de 1993.
2.- Jorge Mansilla, Erbol, febrero de 1997

1 comentario:

Mauricio dijo...

Saludos Mónica, conoci la Peña y a Ernesto, Lucho y otros amigos cuando vivi en La Paz hace varios años, como estudioso del Folklore disfrute la noches de musica y danzas en la Peña Naira, tengo felices recuerdos de esa época. Un abrazo para ti y los muchos amigos de esos lares.

Mauricio Muñoz