22 enero, 2007

Cristina Trigo de Quiroga: “Marcelo vive en mí”

Es inevitable. Desde el primer momento que se conoce a Cristina Trigo de Quiroga, uno queda atrapado en la profundidad de sus ojos, mezcla de gris y celeste, que encierran toda la determinación del mundo. Es una mujer que parece frágil, pero que de eso sólo tiene algunas huellas de una dura enfermedad y una voz suave, como de arrullo. Después, toda ella es fortaleza. Aun sus mismos recuerdos, ésos que a más de 25 años de la muerte de su marido, todavía la hacen llorar, están marcados por la valentía de haber sido la gran mujer que apoyó y amó a un gran hombre: Marcelo Quiroga Santa Cruz.
Cristina asegura que no se arrepiente de nada de lo que ha hecho en su vida y que repetiría uno por uno todos sus pasos. Ella fue la pieza fundamental para que el ex dictador Luis García Meza fuera condenado a la máxima pena por el asesinato del líder socialista, y con la voluntad que la caracteriza está resuelta a cobrar una cuenta pendiente: recuperar el cuerpo de su esposo, cuya desaparición es una deuda en rojo que tiene la democracia boliviana.
La casa donde nos recibe Cristina de Quiroga es sobria y acogedora. Dos retratos de Marcelo llaman la atención sobre todos los adornos, uno es la fotografía en blanco y negro que muchos ya conocen, y el otro es un cuadro pintado en colores pastel, sin firma a la vista, que lo muestra joven y resplandeciente, tal como lo rememora su viuda.
Ella se enamoró de él cuando tenía apenas 12 años, y luego al casarse le dio dos hijos: María Soledad y Rodrigo. Siempre lo acompañó, dejando muchas cosas atrás, en los distintos exilios, y fue perseguida, pero también amaba los ideales de su marido y lo hizo todo por él, siempre tratando de sonreír. En esta extraordinaria dama también se encierra una escritora que, después de muchos años de duro trabajo, acaba de publicar su primera novela: Las muertes de Gabriel. En esta emotiva entrevista hablamos sobre su libro, su vida con Marcelo y sus luchas.

¡OH!: ¿Por qué el título Las muertes de Gabriel? ¿Hay algo suyo en este personaje?
- Porque cuando algún ser querido de Gabriel muere, él siente la muerte como suya y sufre mucho. Son, en realidad, muertes virtuales. Lo que pasa es que cualquier escritor sale de él mismo en todos los personajes que escribe; entonces, Gabriel puede que sea parte mía. Tiene la misma sensibilidad, el mismo deseo de ir a vivir solo al campo, el de no estar junto a mucha gente...

¡OH!: ¿Es lo que quiere Cristina de Quiroga?
- No precisamente ir al campo, sino a un lugar apartado, que no esté lleno de gente ni de los problemas que tenemos en las ciudades. Me gustaría un lugar distante de todo este bullicio.
¡OH!: ¿Cuánto tiempo le tomó escribir el libro?
- Me ha tomado mucho, pero no sé exactamente cuánto. Comencé a escribirlo después del juicio contra García Meza y lo he terminado recién, con interrupciones por la salud, por los viajes y cosas así... por mucho tiempo, pero volví a tomarlo con empeño.
¡OH!: El día de su presentación, usted se refirió a uno de sus nietos, quien se perfila como escritor. Parece que la literatura en su familia es algo genético...
- Tengo cuatro nietos: dos de Rodrigo, que son niñas todavía, y dos de Marisol, que así le digo yo, que es la mamá del escritor. Ella también es una excelente poetisa. Creo que sí es genético; Marcelo, desde el colegio, escribía poemas...
¡OH!: ¿Le escribió alguno?
- (Se sonroja) Tengo uno, uno muy lindo... Pero no hay sólo un recuerdo, es toda mi vida junto a Marcelo, eso es lo más lindo. Él vive en mí, está presente en todas las cosas que hago, en todo momento... si, por ejemplo, tengo que tomar una decisión, pienso qué haría Marcelo. Yo creo que todo el tiempo que he escrito este libro, ha sido pensando en él.
¡OH!: Hablemos de su vida con Marcelo, ¿qué fue lo que la enamoró de él?
- Me enamoré muy joven de Marcelo, tenía 12 años... él ha sido el hombre de mi vida. Era compañero de curso de mi hermano, que era muy amiguero y llevaba siempre gente a la casa, así que casi todos los días iba Marcelo. Me enamoré porque era un muchacho que para mí era diferente de todos los otros que conocía, mucho más inteligente. Ya en ese entonces, siendo tan joven, me vislumbraba lo que él valía. Marcelo llamaba la atención por lo que decía, por su conversación exquisita. Mucha gente me dice que era muy atractivo y buen mozo, y también lo creo. Cuando después actuó en política, acá en Bolivia, llamaba la atención de todos. Me acuerdo que en el juicio de responsabilidades que le hizo a Hugo Banzer, no cabía más gente dentro del Palacio Legislativo y la plaza Murillo se llenó. Pusieron parlantes para que lo oyeran fuera...
¡OH!: Eran muy jóvenes, ¿cuándo es que deciden casarse?
- (Sonríe) Yo era muy joven, tenía 16 años cuando les dije a mis papás que quería casarme, él ya tenía más de 20. Mis papás casi se mueren y tenían razón, porque cuando mi hija cumplió 16 años pensaba qué haría si ella viniese y me dijera que quería hacer lo mismo: yo también me hubiera muerto. Nos hicieron esperar un año más y luego nos casamos.
¡OH!: ¿Qué recuerda en especial de ese día?
- Fue un matrimonio muy especial porque nos casamos por poder. Yo estaba en Argentina y Marcelo en Santiago de Chile. Ambas familias salieron del país cuando el MNR tomó el poder, y no podíamos viajar ni él ni yo solos, así que él mandó un poder para que yo me casara en Argentina y me casé con su hermano. Luego nos fuimos a vivir a Santiago y allí nació mi hija. Marcelo se había dedicado a escribir; él pensaba que iba a ser un escritor y yo también, me gustaba muchísimo eso. Estando en Santiago escribió muy rápido Los deshabitados, que ha tenido varios premios.
¡OH!: ¿Cómo empieza el liderazgo político de Marcelo?
- Antes fue diputado, en la época de Barrientos, invitado por la Falange, pero no era falangista. El candidato a la Presidencia era Bilbao Rioja, una persona muy accesible y buena, con una firme posición política. Marcelo le pidió que le diera una carta invitándolo a que esté dentro de esta coalición, pero sin que él tenga que ser precisamente partidario.
Marcelo ya era una persona conocida. Mucha gente dice que él era falangista, pero no es cierto. Su actuación fue tan brillante que muchos falangistas lo siguieron cuando decidió formar un partido político, el Partido Socialista-1, hasta que nos sacaron al exilio.
¡OH!: ¿Qué significaban para la familia esos exilios?
- Era terrible, nosotros salimos forzados, porque no era que lo sacaran a uno, sino que se estaba en peligro de muerte y no quedaba otra. Cuando subió Banzer, Marcelo estaba en peligro, él ni siquiera podía aparecer, así que pasado un tiempo decidió que nos fuéramos a Chile. Estuvimos allí hasta poco antes de que mataran a Salvador Allende. Nosotros nos libramos, porque a Marcelo lo nombraron catedrático en la Universidad Nacional de Buenos Aires y él aceptó. En Chile la situación había empeorado mucho, y como tenía esta invitación y lo llamaban insistentemente, decidimos irnos, pero no huyendo, sino porque Marcelo tenía esta cátedra y quería ver qué pasaba en Argentina...
¡OH!: ¿Y cómo les fue?
- Estando allá (en Argentina), Marcelo resolvió volver a Chile para arreglar su situación como residente, porque teníamos la idea de volver algún rato. El día que decidió ir a comprar el pasaje, yo escuché por casualidad que había caído Allende, inmediatamente lo llamé a la universidad, y él salió junto a un grupo numeroso de alumnos a manifestarse frente al consulado de Chile. Nos quedamos en Buenos Aires hasta que tuvimos que salir por causa de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), que tenía a Marcelo entre ceja y ceja, tanto que le habían puesto una bomba en el aula.
¡OH!: ¿Cómo era de maestro?
-¡Tenía tal cantidad de alumnos! Se inscribieron 3.500 estudiantes a su cátedra. Tuvo que tomar a 77 profesores y ponerlos en la onda en la que estaba dando su materia, y allí estuvo tres años. Mucha gente lo recuerda en Buenos Aires y hace poco quisieron hacerle un homenaje frente a la universidad, pero el embajador boliviano, un tal Bedoya, se opuso diciendo que Marcelo estaba muerto y que eso tensionaría las relaciones entre los dos países. Una estupidez completa.
Luego de eso, nos fuimos a México, porque la Triple A estaba sobre Marcelo. Él se fue cerca de fin de año y nosotros nos quedamos en Argentina hasta que los chicos acabaran el colegio. En México estuvimos un poco más de tres años hasta que volvimos a Bolivia.
¡OH!: ¿No hubo algún momento en el que, tal vez como madre, resintió vivir en esa tensión, en ese continuo peligro?
- Marcelo era una persona tan admirable. Él sabía que lo perseguían, yo también lo sabía, pero vivíamos felices, hacíamos no sé qué para vivir felices, y eso también es algo que admiraba en él.
¡OH!: ¿El Marcelo político no les quitó algo al padre y al esposo?
- No. Era una persona que se daba totalmente, con una ternura y una inteligencia tan grande. Estaba dispuesto a oír a todo el mundo. Cuando discutíamos de algo, si yo tenía la razón me la daba, no se quedaba en su posición de manera férrea. Era muy bueno, era de las personas que saben hablar y saben escuchar.
¡OH!: ¿Qué fue lo más difícil de su muerte?
- Fue terrible, yo ya sabía que si lo tomaban preso lo mataban. Me avisaron que al mediodía los paramilitares sacaron a todos de la COB y que a Marcelo lo hirieron, pero no lo mataron. Mucha gente piensa que murió ahí, pero no. Después de cuatro años vimos en una revista alemana, Stern, las fotografías de Marcelo desfigurado por las torturas. ¿Qué le habrán hecho? No sé, pero ese día sentí por segunda vez la muerte de Marcelo. Yo me tuve que asilar, aunque no quería.
¡OH!: ¿Qué sintió el momento en el que se dictó la condena contra Luis García Meza?
-(Llora) Sentí que había cumplido un deber que me había impuesto desde el primer día de la muerte de Marcelo, y todavía no nos han entregado el cadáver, no sabemos qué han hecho con él...
¡OH!: Al respecto, ¿quién es el responsable de encontrar los restos de su esposo? - Este Gobierno ha prometido, pero no ha hecho nada hasta ahora, no ha movido el juicio ni nada, tampoco yo he tenido voluntad de seguir con esto. Mi hijo Rodrigo viajó a Argentina y José Antonio (Quiroga, su sobrino) es otro que también estaba atento, aunque tiene mucho trabajo... Pero el Gobierno se ha comprometido y cuando ellos hicieron la Ley Anticorrupción Marcelo Quiroga Santa Cruz, también se refirieron a esto.
¡OH!: Con todos los homenajes, medallas y monumentos, ¿alguna vez consideró que su imagen ha sido mal utilizada?
- Puede ser. Además, se habla tanto de la nacionalización y nadie ha dicho ni una palabra de Marcelo ni la dice hasta ahora, y eso a mí me duele profundamente porque él ha dedicado su vida y murió por eso...
Él escribió un libro que se llamó Oleocracia o patria, donde hizo estudios muy profundos acerca del petróleo, y nadie lo ha tomado en cuenta. Marcelo nacionalizó de verdad, sacando a la empresa y todo. El mismo día que se avisó que se había decretado la nacionalización, estuvo encerrado horas tratando este problema. Cuando salió el decreto, un 17 de octubre de 1969, en la plaza Murillo se reunió una cantidad enorme de gente y Marcelo improvisó un discurso que movió a todos.
¡OH!: ¿Qué cree que diría él de la situación actual del país?
- Me es difícil decir algo así, porque uno no está dentro de las personas por muy queridas y cercanas que sean. Pero creo, como que lo conocía mucho a mi marido, que estaría de acuerdo con algunas medidas, como la nacionalización. Evo Morales está haciendo cosas buenas para el país y cosas que a veces no lo son tanto, pero esto de la nacionalización de los recursos naturales me parece una magnífica medida para que el pueblo siga adelante y Bolivia crezca.
¡OH!: ¿Qué planes tiene usted ahora?
- Ningún plan especial, quisiera seguir escribiendo, pero todavía no tengo nada para escribir, siento que me he vaciado con el libro que he hecho, y además me ha salido tan grande, no quería que sea tan larga la novela, pero así fue.
¡OH!: ¿Usted cree en ese dicho de que Dios no manda más pruebas de las que uno puede resistir?
- No sé, no sé si Dios manda pruebas, pero a cada uno le toca vivir una vida diferente y uno tiene que ver cómo puede manejarse ante ello. Con Marcelo nos hemos querido infinitamente hasta que él murió y no me arrepiento de nada en absoluto. Volvería a hacerlo todo igual