26 enero, 2007

Chiquitos,maravillas de otro mundo


Las Misiones Jesuíticas son parte de un entorno paradisiaco que ha sido lanzado como principal destino turístico de Santa Cruz. Espiritualidad, cultura y naturaleza se unen en una fusión cautivante, única e inolvidable

Los organizadores no pudieron escoger mejor el lema para lanzar este destino turístico en Santa Cruz: “Déjate cautivar por Chiquitos... otro mundo”. La magia espiritual de las misiones, el encanto de su gente, la belleza del entorno, todo confabula para que el visitante, llegue de donde llegue, quede impactado por este otro mundo de tradiciones, costumbres y atractivos poco conocidos aun para el propio boliviano.
Hace pocas semanas, varias entidades cruceñas encabezadas por la Cainco, el Viceministerio de Turismo, la Cámara Nacional de Operadores de Turismo de Santa Cruz, el Gobierno Municipal de Santa Cruz, la Prefectura cruceña, la Mancomunidad de Municipios chiquitanos, junto a la embajada de España, la CAF, Usaid y la cooperación suiza, lanzaron a nivel mundial las misiones de la Chiquitania para convertirlas en el plato fuerte dentro del turismo de la región, con una inversión de aproximadamente 250.000 dólares.
Para este objetivo, reunieron a varios medios de prensa locales y nacionales y a más de 30 periodistas internacionales que, junto a otros invitados, hicieron un maratónico tour para apreciar las maravillas de los distintos pueblos de la ruta chiquitana. Españoles, mexicanos, argentinos, italianos... a todos les fue difícil encontrar las palabras para describir lo que tenían al frente cuando ingresaban a las distintas iglesias... ni qué decir de los bolivianos que tampoco conocíamos esa belleza y que mezclábamos nuestro desconocimiento con el asombro y el orgullo de escuchar a los chiquitanos decir: “ésta también es su tierra.”
Declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1990, las misiones de San Javier, Concepción, San Rafael, San Miguel, Santa Ana, Santiago y San José de Chiquitos, ubicadas a pocas horas de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra, continúan vivas cumpliendo la función para la que fueron creadas. Lo mismo sucede con San Ignacio, sin embargo su iglesia no fue incluida en la declaratoria de la Unesco porque fue reconstruida luego de dos incendios. San Ignacio y Santa Ana son las sedes del Festival de Música Barroca creado por un grupo de voluntarios en 1996 y que tiene alcance y fama mundial.
Alrededor de los complejos misionales se teje la vida diaria de los pueblos, y son las iglesias las que cobijan los anhelos de los cientos de pequeños artistas que lucen sus dotes naturales, tanto en los coros, como en las orquestas. Pero, como una “yapita” a todo ese encanto, a la vez cada pueblo tiene su encanto propio, sus paisajes, sus particularidades... aunque si hay algo que caracteriza a los chiquitanos es la sonrisa de todas las edades, sobre todo de los más pequeños, que sin ninguna timidez le dan la mano al visitante para conducirlo por su paraíso.
Los Chiquitanos
Toda la Chiquitania continúa respirando la atmósfera de paz que crearon los padres jesuitas para evangelizar esta región. Conformada por varias naciones nativas que hablaban diferentes lenguas, el nombre de Chiquitos le fue impuesto a la zona por los españoles quienes bautizaron así a sus habitantes primero por su estatura, menos robusta que la de sus vecinos guaraníes, y segundo por el tamaño de las puertas de sus chozas. Los nativos construían muy bajas las puertas para evitar el ingreso de insectos y animales salvajes.
De acuerdo a la historiadora Paula Peña, las misiones de Chiquitos tienen una particularidad que las hace únicas: los pueblos indígenas que las habitaban eran diferentes en cultura, lengua, origen y costumbres. Algunos pueblos eran nómadas, otros sedentarios, algunos se dedicaban a la caza, otros a la pesca o la agricultura.
Al ser mayoría los llamados Chiquitos, las demás lenguas y culturas se unificaron creando la cultura chiquitana.
La Chiquitania se encontraba sometida al régimen español luego de que Ñuflo de Chávez en 1558 concretara para esa corona la creación de la Gobernación de Mojos. En 1561, el teniente gobernador Chávez fundó en el territorio de Chiquitos la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. La ciudad estuvo ubicada en esa zona entre 1561 y 1604. A principios del siglo XVII, Santa Cruz de la Sierra fue trasladada hacia el oeste. En 1605 se erige el Obispado de Santa Cruz de la Sierra y en 1621 la ciudad se fusiona con la de San Lorenzo a orillas del río Piraí, en el lugar donde se encuentra actualmente.
Entre tanto movimiento, los Chiquitos quedaron sin asistencia espiritual y a merced de los traficantes de esclavos portugueses cuya presencia también amenazaba a la corona española. Las misiones son creadas como un escudo protector para las naciones nativas y para el territorio ocupado. Los padres jesuitas llegaron en 1587 y debieron aprender algunas de las lenguas nativas como el chané, el chiriguané y el gorgotoqui, posteriormente llamada lengua chiquitana, y seguir la regla de evangelizar primero al cacique para luego hacerlo con el resto del pueblo. La tarea no fue nada fácil y costó muchos mártires entre los sacerdotes, sin embargo una vez hecha la conexión entre unos y otros, la relación fue de comprensión y cariño gracias al don para enseñar de los jesuitas y el talento nato de los indígenas.
En 1691 el padre José de Arce funda la primera misión de San Francisco Xavier, y desde allí comienza un régimen evangelizador que se mantuvo en perfecto orden: el trabajo era obligatorio para los hombres en edad de producir, las mujeres se dedicaban al tejido y atender la casa, los niños estudiaban y de las cosechas se separaba una parte para la familia, otra para la comunidad y una tercera se destinaba a las viudas, ancianos, huérfanos y enfermos.
Por motivos políticos, en 1767 los jesuitas son expulsados del territorio por órdenes del rey Carlos III, y comienza una larga etapa de caos que, sin embargo, mantuvo la herencia jesuítica como soporte, tanto así que los indígenas terminaron de construir uno de los templos, el de Santa Ana, aun después de la expulsión de los jesuitas.
Los Chiquitos, también llamados en la antigüedad “indios de la hierba” por su habilidad para utilizar las plantas venenosas en sus flechas, tenían un alto nivel cultural y participaban de las creencias de un universo controlado por las fuerzas de la naturaleza y por los espíritus que habitaban al interior de ella. En cuanto a la música, la Chiquitania es una zona privilegiada, algunos de los manuscritos musicales que se guardan en los archivos de las misiones tienen la letra del mismo padre Martín Schmid, en 1730, quien no imaginó al llegar a la región, las dotes naturales de los indígenas tanto para interpretar la música como para fabricar instrumentos.
San Javier, el paraíso del queso
La primera misión fundada por los jesuitas fue la de San Francisco de Xavier de Los Piñocas. En este pueblo, los jesuitas José de Arce y Antonio Rivas establecieron en 1691 la primera de las ocho misiones en la región. El pueblo se caracteriza por tener varios otros atractivos turísticos además de la iglesia, la segunda que fue construida por el padre Martin Schmidt entre 1749 y 1752 y que fue restaurada por el arquitecto alemán Hans Roth entre 1987 y 1993.
Sostenida sobre columnas, destacan en la iglesia de San Javier su retablo mayor, el confesionario y el campanario, así como la enormidad de sus espacios y el cuidado en los tallados ornamentales de madera, además de la combinación de colores donde predominan los cafés, amarillos y oros.
En San Javier dentro del circuito misional también pueden recorrerse el museo misional, uno de los más completos de la zona, la casa de la cultura Germán Busch, donde naciera un mandatario, la Escuela de Música Misional, la laguna Soroboquí, a tres kilómetros del pueblo, la piscina rústica de Aguas Calientes, a 12 kilómetros sobre la misma ruta, Aguas Tibias, también una fuente natural de origen volcánico a 18 kilómetros, las formaciones de piedra granítica de Piedras de los Apóstoles, entre otros atractivos que obligadamente deben incluir la degustación de los famosos quesos de San Javier. Merecidamente, el 2003 San Javier fue nombrada Capital del Queso y es en este pueblo donde los cuñapés, las arepas, las calitas, los panes de arroz o las roscas de maíz son definitivamente los más sabrosos. El año pasado un enorme queso de 1.010 kilos pretendió romper récords mundiales y este año se quiere superar el peso. La fiesta patronal de San Javier es el 3 de diciembre.

La encantadora Concepción
Siguiendo la ruta trazada, la segunda parada es Concepción, a 40 minutos de viaje por carretera asfaltada. Despertar en este pueblo fue una experiencia única cuando músicos del pueblo recorrieron sus calles al amanecer con tamboritas y flautas anunciando la fiesta del Santo Patrono, San Francisco de Xavier. En esta ocasión, el coro y la orquesta de Urubichá, dirigida por Rubén Darío Suárez, presentó la ópera de San Ignacio de Loyola. La obra fue rescatada de los archivos chiquitanos conservados por los indígenas de San Rafael y Santa Ana y forma parte de las tres únicas óperas encontradas en el barroco misional americano.
Concepción fue fundada en 1709 por el padre Lucas Caballero y refundada en 1722 por el padre Juan de Benavente. El conjunto misional también fue construido por el padre Martín Schmid entre 1753 y 1756, la iglesia fue restaurada en 1975 por Hans Roth y su disposición es inversa a la de San Javier. La riqueza de los tallados y del pan de oro que adorna los altares y retablos es una muestra del esplendor artístico que lograron los jesuitas. En la iglesia destacan los retablos laterales que representan al Calvario y la Inmaculada. En el altar mayor, San Ignacio de Loyola y San Francisco Xavier flanquean a la Virgen María. Las paredes han sido revocadas y pintadas de nuevo, aunque un pedazo de la pared original se conserva en la parte trasera de la catedral. Los bancos son nuevos y ha sido tallados cada uno con un motivo diferente por los artesanos de Concepción.
En Concepción se halla el archivo misional, que guarda más de 5.000 hojas de música entre misas, salmos, cantos religiosos y motetes en latín, guaraní, español e italiano. Muchas de estas obras se han presentado en diferentes festivales de música barroca en el mundo. Junto con el convento adyacente, forman un armonioso conjunto arquitectónico. La iglesia de Concepción es desde 1951 la Catedral del Vicariato Apostólico de Ñuflo de Chávez.
En Concepción también se pueden visitar el Museo Misional, ubicado en la casa natal del presidente Hugo Banzer; el Museo Antropológico, donde las dos principales culturas nativas de la zona, la chiquitana y la ayorea, exponen sus misterios; las estancias ganaderas que han combinado sus labores con el interés de los turistas. En una de ellas el grupo invitado tuvo oportunidad de deleitarse con la ambrosía, leche recién ordeñada a la que se le añade esencias de distintos sabores.
Siguiendo la visita se puede conocer la represa Concepción, ubicada a 2 kilómetros del pueblo; la reserva de vida silvestre Río Blanco y Negro, área protegida con una extensión de 1,4 millones de hectáreas y varias de las comunidades adyacentes como El Encanto, San Isidro y El Carmen.
Uno de los atractivos singulares de Concepción es su orquidiario. Bolivia tiene 1.500 especies de orquídeas y los bosques de Concepción cobijan por lo menos a 120, por ello ha sido declarado “Santuario de la Orquídea”. Para apreciar la belleza de estas flores se puede visitar el hotel Chiquitos donde el llamado Rey de la Orquídea, Osvaldo Parada, ha cultivado las más bellas especies. El segundo fin de semana de octubre se realiza el Festival Nacional de la Orquídea. Su fiesta patronal es el 8 de diciembre.

San Ignacio, la comodidad
San Ignacio tiene todo lo que el turista puede desear para un viaje espléndido, existen las comodidades modernas necesarias combinadas a un pueblo que respira historia en cada esquina y a un paisaje encantador. Como misión fue fundada en 1748. Aunque la iglesia de San Ignacio no se incluyó en el nombramiento de la Unesco por haber sido reconstruida y trasladada, no tiene un centímetro que envidiar a cualquiera de las originales. Toda su estructura conserva el estilo barroco chiquitano, y destacan sus púlpitos y confesionarios recuperados de la iglesia original que según los documentos era la más grande y bella de la región, con un tramo más que las de San Rafael, San Javier y Concepción y sus ángeles tallados, los querubines, los candeleros y los rezadores.
La obra original comenzó el mismo año de la fundación de la misión también por el padre Martín Schmid.
En San Ignacio se puede disfrutar de la represa Guapomó, que además de proveer agua a la zona, es navegable y apta para la pesca y la natación y que tiene una leyenda singular, quien toma agua de esta represa retornará inevitablemente a San Ignacio, afirma José Carlo Áñez, un joven guía del municipio.
También se encuentra la Cueva del Yeso, peculiar sitio de donde los habitantes obtenían yeso para blanquear sus casas y realizar cerámica, y el Mirador de La Cruz desde donde se tiene una vista impresionante de San Ignacio y sus alrededores. A pocos kilómetros se encuentran las comunidades autóctonas de San Javierito y San Juancito y algunos circuitos de etnoturismo.
San Ignacio es el centro de la vida nocturna en la zona y ofrece varios hoteles de excelente calidad incluyendo un resort. Su fiesta patronal es el 31 de julio.

San Miguel y sus talleres
La cuarta parada en el tour es San Miguel de Velasco, cuya iglesia (por fuera más modesta), conserva intacta la pintura original. Fue fundada como misión por el padre Felipe Suárez en 1721. Como en las otras, el púlpito está rodeado de bancos mientras que existe un gran espacio detrás. Esto se debe, según explica Cinthia Franco, una de las jóvenes guías oriundas de San Miguel, a que en la antigüedad los bancos estaban reservados sólo para las autoridades mientras que el pueblo se sentaba en el piso, siguiendo sus costumbres, y podía moverse libremente. En el altar destacan la figura de San Miguel Arcángel y el altar bañado en pan de oro.
Pero el visitante, además de por la iglesia, quedará sorprendido por las bellezas que se guardan en los distintos talleres de tallado de madera que se encuentran en el pueblo. Allí, mayormente con madera de cedro, los talladores crean las imágenes que adornan muchas de las iglesias del país y las que han hecho conocido a San Miguel como uno de los lugares con la artesanía más hermosa de la Chiquitania. En los alrededores de San Miguel se puede visitar la Laguna San Miguel, la Casa de la Cultura, el Santuario de Cotoca y las Cuevas de San Lucas. Su fiesta patronal es el 29 de septiembre.
San Rafael, el primero
En San Rafael la alegría estalla en el pueblo cuando llegan los visitantes. Danzas, tamboritas y cantos se escuchan en cada extremo de la plaza, mientras que la iglesia ha sido engalanada con fervor por las mamas (mujeres mayores).
Esta iglesia se empezó a construir en 1747 también por el padre Martín Schmid, que la concluyó dos años después. Esta fue la primera iglesia que Hans Roth restauró en 1974 y ahí nació el idilio de este suizo con la tierra chiquitana. Impresiona en esta iglesia el brillo de las paredes y del altar causado por la mica, mineral que se asemeja a láminas de plata. La iglesia tiene lienzos pertenecientes a la Escuela de Cusco que se refieren a la pasión de Cristo. En este pueblo es donde los visitantes pudieron saborear el café chiquitano y el sonso (hecho a base de yuca y queso) mejor preparados de todo el viaje. En las cercanías de San Rafael se puede visitar las Serranías de San Rafael y Santa Bárbara. Su fiesta patronal es el 24 de octubre.

Lo original en Santa Ana
A pocos kilómetros de San Rafael se encuentra Santa Ana, toda una experiencia dentro de las muchas que vivirá el visitante. El pueblo de Santa Ana es, si se puede serlo aún más, el más cordial de todos, y el que mantiene prácticamente de forma original el valor cultural que posee. Su iglesia tiene el mérito de haber sido construida por los indígenas después de la expulsión de los jesuitas, por ello mezcla el estilo barroco con toques autóctonos que la hacen absolutamente especial, destacándose el balcón en el frontis de la iglesia, desde donde las autoridades hablan con el pueblo, sus paredes de adobe y su techo de paja. Dentro de esta iglesia se conserva un órgano de la época misional que ha sido restaurado también por Hans Roth y que ahora es interpretado por Francisco, un chico de 15 años que ha heredado el talento de su abuelo y cuyo mayor anhelo, como el de muchos jóvenes como él, es continuar sus estudios de música. En Santa Ana, un pueblo más pequeño, las comodidades no sobran, por lo que se aconseja a los viajeros más exigentes retornar a San Ignacio para pernoctar. Santa Ana es también escenario, junto a San Ignacio, del Festival de Música Barroca y entre sus atractivos se incluyen la represa natural de Santa Ana, el Pauro del Padre y las Minas de Caolín, además del museo de la cultura chiquitana. Su fiesta patronal es el 26 de julio.

San José de Chiquitos
El último pueblo en la lista es San José de Chiquitos, el tercero en ser fundado en 1697. Territorio original de los indios piñocas, en esta región la topografía es diferente y acerca más al visitante al calor de El Chaco, razón también por la que la iglesia es la única construida en piedra dada la falta de árboles y los yacimientos de piedra laja y cal cercanos. Su altar no es tan alto y es puramente de madera y los colores utilizados en la decoración no son tan vistosos; sin embargo su pétrea estructura la hace más sobria que las anteriores. Entre los otros atractivos de San José se encuentra el parque histórico Santa Cruz La Vieja, el Valle de la Luna, el cerro Turubó, El Riquió, las pinturas rupestres de el Diablito, Roca Alada, y San Pedro. El pueblo en la actualidad se encuentra en la ruta comercial entre Santa Cruz y Puerto Suárez y ha visto la necesidad de ampliar sus conocimientos de artesanía donde se destacan los tejidos y los tallados en madera.

La magia de Chochís
El recorrido organizado incluyó una visita mágica al Santuario Mariano de La Torre en Chochís. Aunque la niebla al principio jugó una mala pasada y el ascenso se hizo más complicado por el barro, llegar hasta la cima del Santuario es simplemente impresionante. Ubicado al pie del cerro de Chochis sobre la vía férrea Santa Cruz- Puerto Suárez, el Santuario fue construido en honor a la Virgen Nuestra Señora Asunta de Chochís, patrona de El Portón, la población cercana al santuario que fuera semi destruida en una erupción volcánica de 1979. La capilla está enclavada en medio de la vegetación lo que la hace especial, más aún con los tallados de madera que también tienen referencias a la naturaleza, uno de ellos el Arbol de la Vida, en medio de la capilla, que representa los siete días de la creación. Otro detalle importante es la puerta de entrada, de 4 metros y una tonelada de peso. Hans Roth, el restaurador de las misiones, supervisó la construcción del Santuario.
Cercano al Santuario se encuentra el cerro Chochís, del que se dice que nadie ha alcanzado la cima, el Velo de la Novia, cascadas y pozas naturales, y los grabados de Pesoe donde se pueden observar pinturas rupestres. El viaje termina en la inmensidad del Pantanal, cuya belleza merece una nota aparte.
Munidos de prospectos informativos y alguna que otra referencia, lo cierto es que ninguno de los que asistieron a este lanzamiento imaginó el otro mundo que lo esperaba con los brazos abiertos. Y es que hasta el clima jugó a favor de los organizadores, porque, aunque algunos pueblos agotaron sus reservas de chicha fresca para calmar la sed de los recién llegados, en general el calor cedió ante una brisa fresca que también supo espantar a los temidos mosquitos. La fusión entre naturaleza y espiritualidad hizo que muchos reconozcan las misiones como el lugar más bello que han visitado en su vida. (La foto es de Carlos López)

1 comentario:

Anónimo dijo...

bueno toda la chiquitania es bien bonita en especial san jose de cuiquitos porque soy de alla amo a m i san jose es bello y los invito a ke vayan al menos pa las fiestas k hay el 1ro de mayo es bello no se van a arrepentir